jueves, 1 de octubre de 2026

EXISTENCIA DE DIOS *SHAW* 9-12

 EXISTENCIA Y DIVINIDAD

ILUSTRADAS Y EXPLICADAS

POR ROBERT SHAW, M.A.,

 DURANTE MUCHOS AÑOS, ESTUDIOSO DILIGENTE E IMPARCIAL DEL TEMA DE LA DIVINIDAD Y DE LA EXISTENCIA CREADA.

MONTREAL

1872

EXISTENCIA DE DIOS  *SHAW* 9-12

Por CREACIÓN entendemos la transformación de lo que ya existe en otras formas. Los cambios que ilustraremos principalmente en esta parte de nuestro trabajo son de dos tipos: primero, el cambio incesante que observamos que ocurre habitualmente en la naturaleza mediante el crecimiento y la descomposición, y que también podemos denominar transformación de la materia; y, segundo, el cambio de lugar por movimiento, como el que realiza la Tierra en su órbita alrededor del Sol. El primer tipo de cambio o transformación de la materia, según las operaciones ordinarias de la naturaleza, es lo único que denominamos creación, ya que es efectuado por el Creador; el segundo tipo de cambio, o cambio de lugar por movimiento, aunque efectuado por el Creador, no es creación, puesto que no produce ninguna transformación de la materia, sino solo una presentación de la misma cosa en un lugar diferente, o después de cierto tiempo en el mismo lugar. El cambio de lugar por movimiento se ilustrará completamente cuando hablemos de astronomía.

Existen otros tipos de cambio, que atañen especialmente al ser humano como agente libre e inteligente, y que ilustraremos en su debido momento al hablar del mundo moral, o de aquel mundo que existe con especial referencia al ser humano como agente libre e inteligente.

 El cambio por transformación de la materia puede ilustrarse con innumerables ejemplos mediante la observación cotidiana. Así, una flor que comienza a crecer en primavera y florece en verano, al no existir antes, es una creación. La especie vegetal a la que pertenece

 la flor ya existía; la semilla de la que brotó también existía; la flor es el resultado de un cambio de materia; no existía antes como flor; es creada.

 Cabe señalar que ningún cambio o combinación de materia podría producir esa flor, ni ninguna otra planta, a menos que la semilla de esa flor o planta existiera previamente para darle origen. Tomemos, como ejemplo de la propiedad de las semillas, el grano de trigo. En otoño o primavera brota la hoja, que crece gradualmente hasta alcanzar la madurez formando una espiga completa.

Esta mazorca de maíz no existía antes; la especie vegetal a la que pertenece sí existía previamente, al igual que el grano en el que germinó y que le dio origen (y cabe señalar de paso que la planta joven existe en estado embrionario dentro de la semilla, y que el proceso de brotación tiene lugar en la propia semilla, independientemente de la ayuda de la tierra, como puede observarse en el caso de la cebada u otros cereales que brotan al ser humedecidos y sometidos a calor durante cierto tiempo en el proceso de malteado); esta espiga de trigo, decimos, dado que no existía anteriormente, es una creación.

Por tanto, la semilla debe existir antes que la planta, y cada semilla produce según su propia especie. Si se siembra una semilla de trigo, de ella surgirá una espiga de trigo —si es que llega a surgir algo—, y no una espiga de centeno ni de ninguna otra especie de cereal; del mismo modo, de una bellota surgirá inevitablemente un roble, si es que llega a crecer algo.

Esta propiedad de las semillas es válida tanto para los animales como para las plantas. Cuando nace un niño, o cuando viene al mundo la cría de cualquier animal, se produce una creación.

Este ser organizado no existía anteriormente, aunque su sustancia y su vida han existido siempre. Cuando el tronco de un árbol caído o el cuerpo de un animal muerto se mineralizan o petrifican, ese mineral o esa petrificación constituyen una creación: los componentes de la forma original se combinan con otras sustancias elementales y se produce una nueva forma o especie de materia. Asimismo, si se entiende que la Tierra adquirió —o recibió— su forma actual a partir de la materia que la compone, la cual existía previamente bajo otra forma (por ejemplo, en un estado gaseoso o nebular), entonces dicha transformación de la materia en la forma terrestre podría denominarse propiamente una creación, aunque cabe señalar que no existen pruebas concluyentes de tal acontecimiento.

Es evidente que, tanto en la superficie terrestre como a poca profundidad bajo ella, todo cambia continuamente; una forma de materia reemplaza constantemente a otra en los seres animados e inanimados.

Los restos animales y vegetales se transforman en arcilla, roca y agua; a su vez, estos elementos intervienen en la formación y el sustento de las estructuras orgánicas de plantas y animales, constituyendo su armazón sólido. Cuando un cuerpo vivo o animado muere, no deja de existir, pues la inexistencia absoluta no existe. Ciertamente, si quien muere es un ser humano, este deja de existir como agente consciente y organizado, pero el cuerpo conserva el principio vital, que desciende con él hasta la tumba. La muerte no es más que un sueño o un estado de inconsciencia del cuerpo, previo a su transformación en otras formas de existencia orgánicas u organizadas.

Así, el estado de crisálida de la oruga —durante el cual la criatura parece estar muerta— se ha comparado a menudo y acertadamente con el estado de los difuntos de la especie humana.

Pero ¿qué le sucede a la oruga?

Al cabo de un mes, emerge de su crisálida con alas de espléndidos colores y se eleva por los aires: una hermosa mariposa. Aún no sabemos si, en su nuevo y elevado estado de existencia, recuerda su anterior y humilde condición de oruga. Podemos suponer, sin embargo, que no es así.

El cuerpo animado muere porque alguno o algunos de sus órganos o facultades dejan de desempeñar sus funciones habituales, tal como un molino deja de funcionar cuando se rompe una rueda o un engranaje, o cuando alguna parte de su maquinaria interna se avería o se desajusta.

, así como el molino deja de operar cuando carece de suficiente fuerza motriz —ya sea viento, agua o vapor—, del mismo modo muere un ser humano cuando no dispone de suficiente aire para respirar, agua para beber o alimento para ingerir. Una persona también morirá si solo cuenta con una cantidad limitada de aire para respirar y este está impregnado de gases nocivos, como ocurrió con la gran cantidad de personas que perecieron por asfixia en el «Agujero Negro de Calcuta» en 1756, o como sucede hoy en día con cientos de individuos que mueren asfixiados en las minas de carbón.

Un molino de viento, cuando funciona correctamente, depende de los mismos agentes para operar que un hombre de constitución sana; ambos dependen de la atmósfera, y la razón —auxiliada por el agente atmosférico— dirige las operaciones del molino en ambos casos.

De igual manera, un molino hidráulico depende del mismo agente para funcionar que un hombre; ambos —suponiendo que su maquinaria interna esté en buen estado— requieren un suministro suficiente de agua. Si la cantidad no basta para mover la gran rueda hidráulica, el molino deja de moler; y si no hay suficiente agua para las necesidades del organismo, o si el suministro es nocivo —como en el caso del aire tóxico—, el cuerpo humano se consume y la persona muere.

 Cabe señalar aquí que el agua desempeña un papel fundamental no solo en el sustento, sino también en la constitución del cuerpo humano, ya que el setenta y cinco por ciento de todas las partes blandas está compuesto por agua.

EXISTENCIA DE DIOS *SHAW* 1-9

 ABNEGACIÓN Y PIEDAD ACTIVA PARA TODOS

EXISTENCIA Y DIVINIDAD

ILUSTRADAS Y EXPLICADAS

POR ROBERT SHAW, M.A.,

 DURANTE MUCHOS AÑOS, ESTUDIOSO DILIGENTE E IMPARCIAL DEL TEMA DE LA DIVINIDAD Y DE LA EXISTENCIA CREADA.

MONTREAL

1872

EXISTENCIA DE DIOS  *SHAW* 1-9

INTRODUCCIÓN.

El objetivo principal de este libro —aunque no es el único propósito que cumple, pues transmite al lector una vasta cantidad de información sumamente interesante e importante— es simplificar las cuestiones relativas a la Deidad. Al ser este el fin primordial de su creación, el libro difiere de cualquier otro anterior y, por tanto, ocupa un lugar que ninguna otra obra ha cubierto. No existe sustituto para este libro en ningún idioma hablado en la tierra.

 Los temas del Creador y de la Creación están íntimamente relacionados, y en esta obra uno sirve para ilustrar al otro. Las obras ya publicadas sobre la Deidad o la Teología son, en su mayor parte, meros sistemas de ideas elaborados a partir de la mente o la imaginación de sus autores —conocidos popularmente como sistemas de Teología o tratados de divinidad— que, si bien contienen algo de verdad, también mezclan gran cantidad de errores; consideradas como obras de ficción, algunas de ellas dan fe del genio inventivo de sus autores.

 Este libro aborda el tema de una Deidad omnipresente, cuyo carácter se ilustra mediante sus obras de creación y los diversos objetos y escenarios de la existencia; no obstante, aunque omnipresente, se muestra que es tan infinito como la propia existencia y que, al ser infinito, resulta inconcebible para la mente humana e imposible de percibir por la vista

. Esto es especialmente cierto en la primera parte de la obra, que trata sobre la existencia en sus diversas condiciones, fases y aspectos —físico, espiritual y moral— e ilustra de diversas maneras el tema de la creación y el carácter de la Deidad omnipresente e infinita.

Al recurrir a las ciencias para ilustrar la existencia en la primera parte de la obra —y muy especialmente a la astronomía—, consideramos necesario y oportuno exponer la ciencia misma, junto con sus deducciones y descubrimientos realizados hasta la fecha; esto resultará mucho más beneficioso y satisfactorio para los lectores que la simple enumeración de hechos e ideas aislados derivados de dicha ciencia, sus deducciones y sus hallazgos.

Además, hemos abordado el aspecto del firmamento tal como se contempla desde los planetas y sus satélites —lo que hace que la astronomía, presentada de este modo, resulte mucho más interesante que en los tratados habituales sobre la materia— y mostramos el poder, la sabiduría y la gloria de la Divinidad, tal como se manifiestan en las escenas de la existencia, bajo una luz singularmente fascinante.

El objetivo primordial de la segunda parte de esta obra es despejar las opiniones erróneas que hasta ahora han prevalecido respecto a la Creación, la Redención y la naturaleza de la Divinidad en general —derivadas de una interpretación parcial o equivocada del Antiguo y el Nuevo Testamento de nuestra Biblia o de otras fuentes—; erradicar el error, la superstición y la idolatría de la Iglesia cristiana universal; liberar las mentes de la humanidad del yugo de la superstición y la ignorancia, para así ilustrarlas y abrirlas a nuevas perspectivas; y enseñar a los seres humanos —tal como se expone también en la primera parte— que son agentes verdaderamente libres y responsables, capaces, si así lo desean, de ser y hacer el bien en lugar del mal; y que su deber, en lo referente a la adoración, consiste en venerar únicamente a la Divinidad invisible y omnipresente, con la palabra y el entendimiento, en espíritu y en verdad.

 El tema de la Divinidad, de la existencia infinita y de la Creación se ilustra de diversas formas en la primera parte; en la segunda se disipa el misterio, esa madre prolífica de la superstición; la luz verdadera resplandece ahora, y aquellos a cuyas manos llegue este libro ya no tendrán excusa alguna para sus errores de superstición e idolatría ni para sus malas prácticas; conductas todas que confiamos habrán de abandonar y rechazar en adelante, en honor a su Dios justo y santo.

Hemos observado, a lo largo de su preparación, la más estricta imparcialidad respecto a las religiones —especialmente al tratar sobre el origen de la religión cristiana y al aplicar la historia civil y religiosa de las naciones cristianas al cumplimiento de las profecías bíblicas en la segunda parte de la obra—.

 Nuestro único objetivo fue exponer la verdad con un lenguaje sencillo y moderado en lo referente a las instituciones cristianas y su historia —o a las estructuras de Iglesia y Estado de las naciones cristianas—, sin apartarnos de la verdad por consideraciones sectarias.

Por tanto, cuando el fiel de la Iglesia católica griega o romana lea sobre el cumplimiento de la profecía en la historia de las instituciones de Iglesia y Estado de Constantinopla y Roma —o de Oriente y Occidente—, debe recordar que tiene ante sí una exposición justa e imparcial del tema (un asunto que, evidentemente, no teníamos interés alguno en tergiversar).

 Si continúa leyendo con atención y paciencia —incluso antes de terminar la historia de la rama protestante de la Iglesia cristiana católica en relación con el cumplimiento de la profecía—, tal vez concluya que la balanza está equilibrada y que el autor no ha incurrido en parcialidad ni en tergiversación alguna.

 Por otro lado, cuando el protestante lea la historia de las iglesias griega y romana en relación con el cumplimiento de la profecía, no debe mostrarse propenso a buscar faltas ni a vanagloriarse de los errores humanos; más bien, debe considerar que está leyendo la historia de sus propios antepasados, compartida con la de sus hermanos de las iglesias griega y romana. Asimismo, al leer la historia de su propia rama de la Iglesia, observará que defectos similares caracterizaron a sus fundadores —desde la Reforma en adelante— tal como vio que caracterizaron a los antiguos líderes y dirigentes de las ramas griega y romana de la Iglesia católica, aunque, por lo general, no en tan gran medida. Observará que esta diversa manifestación del carácter humano en cada época y nación es simplemente el resultado de los principios inherentes a la naturaleza humana; que cada ser humano, en cualquier época o nación, puede —si así lo desea— ser y hacer el bien en lugar del mal; que cuando uno crea estar firme debe cuidarse de no caer, y debe ser siempre una fuerza viva y activa de piedad en el mundo, lo cual es la única salvaguarda contra el ser y el hacer el mal.

A aquellos que pudieran estar inclinados a examinar esta obra con espíritu crítico —tal como cabría esperar únicamente de personas doctas y competentes—, cabe señalar que el trabajo consta de dos partes concebidas como un todo unitario; ninguna de ellas está completa sin la otra, por lo que resulta necesario leer la obra en su totalidad y con detenimiento para comprender cabalmente su idea y su diseño. No obstante, es preferible que todos la lean con espíritu sereno y orante, en lugar de hacerlo con afán crítico o quisquilloso, para así aprovechar la información y la experiencia que la obra ofrece.

 Los autores consultados y citados durante la preparación de esta obra —tanto en su primera como en su segunda parte— son considerados por los eruditos, en sus respectivas disciplinas, como máximos referentes de veracidad y estilo. Asimismo, hemos incorporado a la segunda parte de la obra varios breves tratados explicativos sobre las doctrinas fundamentales del cristianismo; estos resultarán de utilidad e interés no solo para los ministros cristianos en el futuro desempeño de su labor, sino también para el público en general.

Presentamos, pues, nuestra obra al público —confiando en que sabrá apreciarla— con una confianza firme y humilde en Dios, quien ha inspirado y ayudado en su elaboración, a fin de que contribuya a la iluminación y felicidad de todos y cumpla así el propósito para el que fue concebida.

EL AUTOR.

EXISTENCIA Y DIVINIDAD.

PARTE I.

ILUSTRACIÓN DE LA EXISTENCIA FÍSICA, ESPIRITUAL Y MORAL.

Cuando hablamos del Creador, nos referimos a aquel Ser cuya presencia está en todas partes, que ha creado todo cuanto existe en el universo físico y en quien vivimos y nos movemos. Al decir que el Creador está presente en todas partes —es decir, en cualquier lugar del universo, ya sea concebible o inconcebible—, no queremos afirmar que sea visible a la vista ni que pueda ser concebido* por la mente humana.

El Creador es infinito, y un Ser infinito no puede ser concebido por la mente, y mucho menos visto por los ojos físicos.

Es cierto que vemos la creación a nuestro alrededor, pero debemos recordar que la relación entre la creación y el Creador es la misma que existe entre el efecto y la causa que lo produce.

Más adelante veremos que no podríamos distinguir un objeto de otro si no fuera por la intervención de los colores de la luz; y, como bien sabemos, no podríamos ver absolutamente nada si no fuera por la luz misma.

Asimismo, cuando hablamos de que el Creador es infinito y está presente en todas partes, queremos decir que existe un único Ser de esta naturaleza, pues no puede haber más de un Ser omnipresente.

Pero, aunque el Creador no pueda ser visto por los ojos ni concebido por la mente, dado que su acción produce todos los efectos que tienen lugar en el mundo natural, es posible comprender y valorar su carácter a través de sus obras; del mismo modo que se puede juzgar el carácter de un artífice por la obra que realiza, o la fuerza de un animal por el poder que despliega.

*** Al concebir al Creador, no podemos imaginarlo como un objeto o cosa determinada —aunque esté presente en todas partes, en la tierra y en nosotros mismos, obrando en nuestro interior tanto el querer como el hacer según su buena voluntad—, pues, al ser infinito, escapa a tal representación; sin embargo, a partir de la infinita diversidad de objetos creados que se ofrecen a nuestra vista, sí podemos concebir las ideas que han existido eternamente en la mente del Creador.***

domingo, 27 de septiembre de 2026

ANÉCDOTAS CONMOVEDORAS *TORREY* 1-12

 ANÉCDOTAS E ILUSTRACIONES

 POR R. A.                      

AUTOR DE «CÓMO LLEVAR A LOS HOMBRES A CRISTO» Y «CÓMO ORAR», ETC.

NEW YORK CHICAGO TORONTO

LONDON AND EDINBURGH

1907

ANÉCDOTAS CONMOVEDORAS *TORREY* 1-8

NOTA DEL EDITOR

El valor de una ilustración adecuada es difícil de sobreestimar. A menudo es la cuña inicial o la conclusión definitiva para un argumento más serio. A veces es ambas cosas.

El Sr. D. L. Moody solía decir que un sermón sin ilustraciones era como una casa sin ventanas.

A uno de sus colaboradores más hábiles, un expositor bíblico insuperable, le decía con frecuencia: «No pones suficientes ventanas en tus sermones. Nadie puede hacerlo mejor, pero te interesas tanto en tu tema que sigues y sigues con argumentos y textos de prueba hasta que la audiencia se cansa. Quieres despertarlos: deja que vean por una ventana; usa ilustraciones concisas». No es necesario decir que el predicador al que se hace referencia no era el Dr. Torrey, pues su uso de relatos adecuados, extraídos en gran medida de su amplia y variada experiencia, contribuye en gran medida al eficaz ministerio de sus poderosos discursos.

La colección de relatos e ilustraciones aquí reunidas ha sido revisada cuidadosamente por el Dr. Torrey, pero la editorial es la única responsable de la forma de publicación y, especialmente, de la adición de ilustraciones y retratos

ANÉCDOTAS E ILUSTRACIONES

UN DIÁCONO QUE FUE A PESCAR EL DOMINGO

Una noche, cuando me levanté para predicar en la iglesia de Chicago Avenue, vi sentado justo a mi izquierda, en el asiento delantero, debajo de la galería, a uno de mis diáconos y, a su lado, a un hombre de aspecto rudo y vestido de forma llamativa. Enseguida supuse que era un hombre deportivo y me dije: «El diácono Young ha estado pescando hoy». Es bueno tener diáconos que van a pescar los domingos, a pescar almas. De vez en cuando, mientras predicaba, me giraba y miraba a ese hombre. Sus ojos estaban fijos en mí. Estaba prestando la máxima atención. Evidentemente, toda la escena le resultaba extraña y un poder, misterioso para él, se había apoderado de él. Cuando fuimos a la sala de consejo de abajo, el diácono Young lo trajo. Esa noche, me retrasé hablando con los que me preguntaban, y alrededor de las once, el diácono Young se me acercó cuando terminaba con uno y me dijo: «Ven aquí y habla con un hombre que conozco».

 Me acerqué. Era un hombre corpulento y deportivo. Temblaba y gemía de emoción. «Oh», gimió, «no sé qué me pasa. Nunca me había sentido así en mi vida. Nunca había estado en un lugar así», continuó. «Mi madre tiene una casa de apuestas en Omaha, y somos católicos romanos, pero esta tarde, mientras iba por la calle, vi a algunos de sus hombres celebrando una reunión al aire libre».Al pasar, uno de ellos se levantó para hablar. Lo conocía de antes, cuando llevaba una vida desenfrenada, y por curiosidad me detuve a escuchar. Escuché hasta que terminó de hablar y luego seguí mi camino, con la intención de bajar a la avenida Cottage Grove para encontrarme con unos hombres y pasar la tarde de juego.

 Pero no había recorrido ni dos manzanas cuando una extraña fuerza se apoderó de mí y me trajo de vuelta a la reunión. Al terminar la reunión, este hombre (señalando al diácono Young) me llevó a su iglesia, a la Cena de los Compañeros del Yugo, y luego a la reunión posterior, y luego me llevó arriba para escuchar su predicación. Luego me trajo aquí abajo. «Oh», gimió de nuevo, «No sé qué me pasa. Me siento fatal. Nunca me había sentido así en toda mi vida».

 «Le diré qué le pasa», dije. «Tiene convicción de pecado». El Espíritu de Dios está obrando contigo. ¿Aceptarás a Cristo como tu Salvador? El hombre corpulento cayó de rodillas y comenzó a implorar misericordia a Dios. Jesucristo lo encontró allí. Sus sollozos cesaron, una expresión de paz se dibujó en su rostro y salió del edificio regocijándose en Cristo.

ANÉCDOTAS E ILUSTRACIONES

 POR R. A. TORREY     

1907

ANÉCDOTAS E ILUSTRACIONES *TORREY* 8-11

UN INFIEL CONVERTIDO JUNTO A UN ATAÚD

Una joven del Instituto Bíblico de Chicago comenzó a visitar a todas las familias de cierta calle del barrio más pobre de la ciudad. Un día, empujó una puerta y encontró a un hombre enfermo en cama, muriéndose de tuberculosis. Cuando empezó a hablarle, él le dijo con enfado que era un infiel y que no creía en la Biblia. Ella dijo unas palabras y se fue. Al día siguiente le llevó un vaso de mermelada, al siguiente otro manjar y unos días después algo más. Continuó con su amable ministerio durante aproximadamente un mes.

Un domingo por la tarde, se me acercó cuando salía de mi clase de Biblia y me dijo: "Hay un infiel que se está muriendo en la avenida Milton. Sé que está muy ocupado, pero ¿no podría tomarse unos minutos para ir a verlo?". "Sí", respondí, "Me voy ahora". Me llevó al hogar, me presentó al hombre y se fue.

 Me senté junto a su cama y le pregunté si podía leerle la Biblia. Respondió que sí. Le leí una parte del quinto capítulo de Romanos, repasando los pasajes que hablan del amor de Dios por el pecador. Le leí el pasaje donde se relata cómo Jesucristo cargó con todos nuestros pecados en su cuerpo en la cruz. Luego le pregunté si podía orar. Me arrodillé junto a su cama.

Sentí que le faltaba tiempo. Le pedí a Dios que le abriera los ojos para que viera que era un pecador perdido, y también que le abriera los ojos para que viera que Jesús había cargado con todos sus pecados en su cuerpo en la cruz, y que le mostrara que podía encontrar perdón y salvación allí, simplemente confiando en Jesús. Cuando terminé la oración, comencé a cantar en voz baja.

." "Así como estoy sin una sola súplica, excepto que tu sangre fue derramada por mí, y que me invitaste a ir a ti— oh Cordero de Dios, vengo, vengo

Canté estrofa tras estrofa. Cuando llegué a la última estrofa, él intervino con voz débil (evidentemente había oído la canción en algún momento de su infancia) y cantó conmigo.

"Tal como soy, Tú me recibirás. Me acogerás, perdonarás, limpiarás, aliviarás, porque creo en tu promesa — ¡Oh Cordero de Dios, vengo, vengo!

Cuando terminamos, levanté la vista y le pregunté: "¿De verdad viniste?". Él respondió: "Sí". Hablé un rato con él y descubrí que realmente confiaba en el Salvador. Esa noche falleció para estar con Él.

 Su esposa, católica romana, vino a verme al día siguiente y me preguntó si podía oficiar el funeral. Acepté. Alrededor del ataúd se reunieron un número considerable de sus viejos amigos infieles. Les conté la historia de su muerte; cómo su infidelidad lo había defraudado en esa hora difícil y cómo había llegado a comprender su necesidad del Salvador y que Jesucristo era precisamente el Salvador que necesitaba, y cómo había llegado a aceptar a Cristo. Entonces dije: —"¿Hay alguno de ustedes aquí hoy que haya sido infiel y que acepte a Jesucristo como su Salvador?".—

 Un hombre corpulento, de pie al otro lado del ataúd, me extendió la mano y dijo: "He sido infiel con él. He simpatizado con él en todas sus opiniones, pero ahora las abandono y acepto a Jesucristo como mi Salvador".

ANÉCDOTAS E ILUSTRACIONES

 POR R. A. TORREY     

NEW YORK CHICAGO TORONTO

LONDON AND EDINBURGH

1907

ANÉCDOTAS E ILUSTRACIONES *TORREY* 11-12

EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO PARA CONVENCER DE PECADO

 En cierto momento, los directivos de la Iglesia de la Avenida Chicago estaban muy preocupados porque no había más convicción de pecado en las reuniones, y celebraron varias reuniones de oración para que Dios enviara a su Espíritu Santo con gran poder de convicción.

Poco después, un domingo por la noche, mientras predicaba, noté a un hombre en el asiento delantero de la galería a mi izquierda, inclinado hacia adelante, escuchando atentamente. Un gran diamante brillaba en la pechera de su camisa y tenía toda la apariencia de un hombre deportista. Resultó ser un viajero, pero también llevaba una vida deportiva.

En medio de mi sermón, sin intención de tirar la red en ese momento, sino simplemente para dejarlo claro y definitivo, dije: "¿Quién aceptará a Jesucristo esta noche?".

 Apenas había terminado de hablar, este hombre se puso de pie de un salto y gritó con tanta fuerza que resonó por toda la iglesia como un disparo de pistola: "¡Sí, lo haré!", y se recostó en su asiento, abrumado por la emoción. Su acción produjo una sensación en el público como una descarga eléctrica. Vi que//aun// no era momento de terminar el sermón. //Sin embargo// No estaba allí para salvar sermones, sino para salvar almas, e inmediatamente hice la invitación. Dije: "¿Quién más en este edificio aceptará a Jesucristo aquí y ahora como su Salvador personal?".

Por toda la iglesia, hombres y mujeres, jóvenes y mayores, comenzaron a ponerse de pie, y esa noche una gran multitud aceptó a Jesucristo.

 Entre ellos se encontraba un viejo coronel de pelo blanco, perteneciente a una familia muy adinerada del este, pero que estaba completamente embriagado por la bebida. Su familia lo había enviado a Chicago y lo había alojado en un hotel mientras bebía hasta morir,pero esa noche el Espíritu de Dios tocó su corazón

sábado, 26 de septiembre de 2026

VIAJANDO POR EL MUNDO *LETONA* 1-9

 ” IMPRESIONES DE UN GUATEMALTECO EN SU VIAJE LOS AÑOS DE 1922 A 1924

“POR TIERRAS SANTAS Y POR TIERRAS PROFANAS”

POR

J. MOISÉS DELEON LETONA

(El escritor es tío abuelo del autor del blog- un huehueteco apasionado por lo de antaño.)

IMPRESIONES DE UN GUATEMALTECO EN SU VIAJE
ALREDEDOR DEL MUNDO DURANTE LOS AÑOS DE
1922 A 1924.”

Es el libro que a continuación leeremos y es debidamente apreciado a nivel mundial. Se encuentra en las siguientes bibliotecas

Librería del Congreso de  los Estados Unidos de América

Biblioteca Teológica "Lorenzo Boturini" de la Basílica de S.M. de Guadalupe. Ciudad de México

Bibliotheca Generalis Custodiae Terrae Sanctae-Ciudad de Jerúsalen

Libro que forma parte del Patrimonio Literario de España-. -Dedicación del autor a S.M. el Rey D. Alfonso XIII-XIV.

El miércoles 3 de abril del año 2019,  fue un día feliz para mí. En mis manos estaba un ejemplar original  del libro que durante 7 años anhelaba tener.  Conseguir un libro publicado hace 97 años,  y del cual que nadie ha escuchado hablar es verdaderamente casi imposible

 Sin embargo cuando un asunto se pone  en las manos del Gran Dios, y él obra de acuerdo a su Soberana voluntad, nada es imposible y los milagros suceden.

Hay  personas  que han  logrado  describir sus  vivencias en  las páginas de un libro de tal forma que las  han inmortalizado para la posteridad. Nuestro personaje es una de ellas.

José Moisés Letona (nombre que aparecen en la partida de nacimiento ) nació en 1890 en San Luis Salcajá, Quetaltenango.

Sus abuelos maternos fueron Hipolito Letona y Fernanda de León. Sus padres. El Sr.___ De León y la Sra. Teresa Letona.

Hipolito Letona y Fernanda de León son los bisabuelos de Emerita  Letona Palacios, Reyna Isabel, Arcadio y de Marta López Palacios (mi señora madre. Q.E.P.D)

Moisés De León a través de sus impresiones de viaje nos participa de la vida moderna, de sus adelantos, de la civilización y la tecnología, sin olvidarnos de la sencillez de la vida, … sin que por ello perdamos la sensibilidad de poder admirar el cielo azul, los pajarillos,  y por supuesto de admirar ese gran regalo del creador, la belleza esplendida de la mujer en general.  Se hace evidente la admiración  del  autor, por el grado de justicia y progreso adquirido por el laborioso pueblo inglés, que lo ha llevado a ser una de las potencias mundiales .Años más tarde en 1942  se nacionalizaría ciudadano de los Estados Unidos.

Moisés Letona, el filósofo, el aventurero distinguido, expedicionario soñador  y galante… matemático práctico, gran observador //  gracias a su dominio del inglés, francés, e italiano pudo comunicarse, realizar sus investigaciones y disfrutar de museos, arte, y teatro en Paris y capitales europeas, relacionarse con eminentes personajes del Vaticano, y de Francia//  en sus viajes, nos invita a soñar  y conocer  tierras muy lejanas. Suiza, Francia, Italia, España, Inglaterra, Egipto, Arabia, Nuestra amada Jerusalén, grandes ciudades de Estados Unidos, Cuba, México.

Hago mías las  siguientes palabras de este ilustre antepasado mío y me siento profundamente satisfecho el saber que comparto la misma genética con él.

“Caminad siempre erguidos, viendo el sol. Aprovechad toda la luz del día. Elevad vuestra frente a la altura de vuestros ideales.-“(Pag 332 )

          Atentamente

Un huehueteco apasionado por la historia

Huehuetenango, 28 Abril de 2019

"Vouloir c`est pouvoir.-

Where there is a will there is a way."
"Querer es poder."

POR TIERRAS SANTAS Y

POR TIERRAS PROFANAS

POR  J. MOISÉS DELEON LETONA

Impresiones de un guatemalteco en su viaje
alrededor del mundo durante los años de
1922 a 1924.

 VINCENT PRINTING CO.
Editores
117 No. Broadway, Los Angeles, California.

Impreso en Los Angeles, California
Estados Unidos de América.
Primavera de 1926.

CENTRO-AMERICA
MI BIEN AMADA
PATRIA

(Aparece en el original la  firma de Moisés de León)

                           POR QUE ESCRIBO ESTE LIBRO

A la vuelta de un viaje que hiciera mi señor padre por Europa, me dijo:—Cuando tú estés en aptitud de viajar, viaja_.

El que viaja renueva su espíritu. Viendo las cosas gran­des, se aprende a salir de lo pequeño. En presencia de otras civilizaciones, hay un deseo de cambiar los moldes viejos. El que viaja adquiere la sana inclinación de renovarse en un sen­tido de mejora. La rutina, en la mayoría de los casos es perju­dicial y, la vida del hombre, como todo lo que alienta en la Naturaleza, debe estar sujeta a cambios de mejora.

Las palabras de mi padre, dichas cuando yo era un mucha­cho, formaron en mí, con el correr de los años, como un com­promiso indeclinable.

Todas mis energías se reconcentraron en crearme una situa­ción independiente y capaz de realizar lo que fuera un consejo del autor de mis días y ya era para mí una necesidad imperiosa que debía satisfacer.

Y una mañana, inolvidable para mí, del mes de Abril de 1922, tomé pasaje en nuestros ferrocarriles del Norte y, metido en un vagón, con el alma dispuesta a recibir todas las impre­siones gratas, me dirigí a Puerto Barrios. Allí me esperaba el barco que había de llevarme al cumplimiento de un deseo, alimentado y mantenido durante los mejores años de mi ju­ventud.

Recorrí las grandes ciudades de los Estados Unidos; obser­vé la vida febril de Nueva York, el inmenso hormiguero en que las gentes, en movimientos alucinantes, mantienen la ruda lucha por la existencia.

Pasé el Atlántico y llegué a las costas de Francia. Viví en París, recorrí las campiñas francesas, que hace poco empurpuraban la sangre de sus hijos. Fui a Suiza y bajé a la mara­villosa Italia, en donde los siglos parece que mantuvieran sus más altos prestigios. En Roma resolví mi peregrinación a Tierra Santa. Llegué a Alejandría; estuve en el Cairo, y en las gloriosas tardes en que el sol prodiga la fuerza de su lumbre, hice desenvolver en mi memoria la cinta de tres mil años. Y vi correr las aguas del Nilo en horas inolvidables.

_7_

Después, atravesé los arenales del Desierto, pasé frente a las pirámides de Egipto y en una tarde llena de luz, llegué a las tierras inmortalizadas por la gloria del cristianismo. Por los santos lugares divagué con unción de cristiano sincero y reconstruí, con un sentimiento de dulce poesía, las escenas piadosas en que la figura del NAZARENO parece vivir, a través de dos mil años, con resplandores celestes.

Mí vuelta a Europa; mi paso por Inglaterra y España y, luego, otra vez sobre el Atlántico, pasando por Cuba y el des­embarco en tierras de México. Y, como final, el recorrido en sus ferrocarriles, viniendo por ese extenso país hasta llegar a la línea que marca el comienzo de mi propia tierra. ¡Con qué profunda ternura volví a contemplar la bravía majestad de nuestras selvas y el ascenso a esta Centro-América que encien­de en los corazones centro-americanos los más puros cariños.

Satisfecha el ansia que hiciera nacer mi padre en mi cora­zón de niño, debí conformarme.

 Pero he querido, como un complemento al recorrido que realizara por puntos de las cua­tro grandes partes de la tierra, dejar una constancia de mis observaciones hechas de manera fugaz, de mis impresiones vertidas con la mayor sinceridad, de las reflexiones que me sugirieran los grandes panoramas del mundo físico y los gran­des portentos del mundo espiritual: en esa constancia no hay que extrañar que las palabras "Guatemala," "Centro-América," "Patria," "Libertad," “América," "Raza Latina," etc. se encuen­tren frecuentemente, porque ellas resuenan en nuestros oídos desde la niñez, se arraigan durante nuestra juventud y se repiten muy dentro del corazón hasta que morimos

Es natural, pues, que el cerebro las consagre mediante la mano que las escribe.

Si insisto en ciertas ideas, repitiéndolas en diferentes for­mas, es porque las considero útiles a nuestra raza que necesita de "machacar" para salir avante.

Con un sentimiento de simpatía muy profundo, rememoro en esta ocasión los tiempos de colegio—siempre dichosos—salu­dando a todos los compañeros, profesores y directores, así como a las damas contemporáneas que también tenían aquellas inol­vidables faenas escolares durante la Primavera de su vida.

No hay libro, por malo que sea, que no encierre algo bueno. Y a esa bondad, que necesariamente habrá en este haz de cuar­tillas convertido en libro, me acojo, para que el lector sea bené­volo y no pretenda buscar en sus líneas alardes literarios, sino manifestaciones de sinceridad.

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Si todos mis paisanos que dejan el nativo solar y vuelven a sus hogares vertieran en las hojas de un libro sus propias,impresiones, se formaría un acerbo interesante que, no sólo
daría la sensación de las cosas de fuera, sino sería a la vez un estímulo para inducir a que el centroamericano sea menos huraño y busque en las vidas de otros pueblos, medios que se adap­ten a su propia vida.

Quede la literatura para los iniciados; yo sólo puedo ofrecer las relaciones descarnadas, pero de absoluta verdad.                               

 J. M. Deleón L.

Guatemala, Centro-América, la bella región en perpetua primavera, 1925.