domingo, 12 de abril de 2026

LA BIBLIA ESPAÑOLA EN LA REPÚBLICA AMERICANA DE *FREDERICK CROWE 511

 y el pecado principal del hombre -su insulto más atrevido y maligno a la Deidad- la incredulidad, aún afirma su cruel imperio sobre las mentes y almas de casi toda la población, y sobre todas, todas las vastas regiones que la rodean.

Belice y sus dependencias son los únicos puntos en este inmenso continente, dentro de miles de millas en todas direcciones,

LA CONFIANZA DE LA IGLESIA. 509

donde se proclama el Evangelio de la Salvación.

 Los creyentes allí constituyen una pequeña mota, la única estrella de luz en un mapa de espesa oscuridad moral, que se extiende sobre las mentes de millones de hombres, y esa estrella está colocada en la frontera de un país que es precisamente el centro de la población más densa de Hispanoamérica, una designación que se extiende sobre una extensión de tierra que incluye la sexta parte de la superficie habitable del globo; y es el Señor de las misiones, el gran proyector y el único administrador de los triunfos de su propio reino, quien los ha colocado allí.

La iglesia nativa de Honduras Británica arde por ser el instrumento para difundir entre otros en ese continente la bendita verdad, que ha recibido en depósito para dispensar como mayordomo responsable. Esa iglesia ha dado prueba de su propósito desinteresado y benévolo, de su integridad y celo, de su eficiencia para la obra que se le ha confiado, y Dios ha dado muestras de su disposición para utilizarlas. Incluso mientras esperan el socorro y la ayuda que necesitan y piden de manos de sus hermanos cristianos británicos, siguen adelante con su tarea asignada, y saben en quién han confiado.

 "El Señor de la mies" les ha dado corazones para sentir compasión por los pecadores que perecen; no les ha negado los dones por los cuales esos sentimientos pueden ser expresados; y habiéndoles concedido así las mayores bendiciones, confían sin vacilar y sin temor en que también les otorgará las menores. Habiendo buscado "primero el Reino de Dios y bHei s a d rdiegdh t uenotuos n etshse,m", saben que todas las demás cosas necesarias Sin embargo, los simples obsequios de las iglesias británicas y de los cristianos británicos no son lo que la iglesia de Belice codicia. Esos obsequios los han recibido durante mucho tiempo, y nunca han sido insensibles al favor, ni tampoco querrían ahora, en el más mínimo grado, restar valor a la deuda de gratitud y amor en la que han incurrido; pero con esos obsequios solamente no podrían estar satisfechos, y durante mucho tiempo ha sido una de sus penas el estar tan confinados a la recepción de ayuda pecuniaria, tan limitados en la cantidad de interacción que voluntariamente habrían tenido con sus generosos benefactores, y tan poco distinguidos en las oraciones generales de los fieles por la causa en la que están comprometidos. Ahora piden la simpatía del corazón, el apoyo directo, las oraciones especiales y circunstanciales adaptadas a sus peculiares 5

10 EL EVANGELIO EN CENTROAMÉRICA.

necesidades, de manos de aquellos que se sienten identificados con la expansión del reino de Cristo.

 Los obreros entre ellos que, como Josué y los guerreros de Israel, han salido a combatir a los enemigos de Dios, luchando cuerpo a cuerpo en la llanura, desean sentir que los hermanos británicos, que son exaltados al cielo en privilegios, están, como Moisés, Aarón y Hur, en el monte, levantando manos santas en oración —en oración especial por ellos y por su éxito. Están seguros de que la batalla es del Señor, y saben que mientras él escoge su propio instrumento y lo dirige él mismo, será "indagado por estas cosas". Están cada vez más impresionados por la importancia de su tarea, la extensión de su campo y la magnitud de las dificultades que les presenta. Son algo conscientes de su propia debilidad e imperfección, y por lo tanto desean que su fe aumente, sus corazones se alegren y sus manos se fortalezcan en esta buena obra, mediante la expresión directa de compañerismo cristiano en sus trabajos y sufrimientos, y de simpatía en sus pruebas y tristezas, así como en sus triunfos y sus alegrías

. Si de esta manera se levantan las manos caídas y se fortalecen las rodillas débiles, los que contendieron y los que los vieron desde lejos e influyeron en su victoria, finalmente se regocijarán juntos y, como el Israel de antaño, después de la derrota de Amalec, ambos se unirán para erigir un altar a la alabanza de Dios, y ambos reconocerán la verdad solemne e inspiradora de que Jehová es nuestro estandarte

.* Al registrar algunos de los tratos del Señor con ellos como iglesia, los hermanos de Honduras Británica desean expresar su gratitud a Dios, quien los ha guiado hasta ahora. Y aunque reconocen con adoración su fidelidad y su tierna compasión hacia ellos, se hundirían en el polvo de la humillación propia como los más indignos en sí mismos de ser, de la manera más humilde, empleados en la gran y santa obra de propagar el evangelio en América Central. * "

And Moses built an altar, and called the name of it Jebovah-nissi," (margin, that is, The LORD my banner.) Exodus xvii.

"Y Moisés edificó un altar, y le puso por nombre Jebová-nissi" (al margen, es decir, El Señor mi estandarte). Éxodo xvii. 15.

INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA ESPAÑOLA

EN LA  REPÚBLICA AMERICANA

DE GUATEMALA

FREDERICK CROWE

LONDRES, 1850

511-517

Nota del blog: Habiendo comenzado el primer capitulo de este libro, el lunes, 19 de agosto de 2024, Con profundo gozo,y como un delicioso manjar o postre  llego hoy al capítulo, donde tanto deseaba llegar. La introducción  por primera vez de la Biblia en Español a mi patria Guatemala, por el valiente  misionero inglés . Federico Crowe.

11 horas de la mañana del  Sábado, 5 de agosto del año del Señor  2024.- ¡Gloria a Eterno!

INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA ESPAÑOLA

EN LA  REPÚBLICA AMERICANA

DE GUATEMALA

FREDERICK CROWE

LONDRES, 1850

PAÍSES PAPISTAS

PARTE III.

LA BIBLIA EN GUATEMALA.

Incluye el relato del autor sobre sí mismo y una narración de la dirección de la divina providencia en su conversión, y durante los cinco años de residencia y trabajos en el estado de Guatemala, suspendidos por su violenta expulsión de su capital en abril de 1846.

 "¿Hasta cuándo seréis negligentes para ir a poseer la tierra que Jehová el Dios de vuestros padres os ha dado?" — Josué xviii. 3.

 En las mentes de las personas que contribuyeron a establecer la misión en Honduras Británica, había objetivos ulteriores de probable consecución, a los que a veces aspiraban algunas esperanzas acariciadas.

 Entre ellos, los más destacados eran la evangelización de la Costa Mosquito y de las provincias españolas del interior. La primera parecía a la vista humana la empresa más fácil, y se hicieron esfuerzos tempranos para establecer una estación misionera entre los Waiknas, con el consentimiento de su rey. Se ha visto cuán rotundamente han fracasado tales esfuerzos hasta ahora, y cuán misteriosamente la Providencia de Dios retiró a los trabajadores que se habían dedicado a ese campo en 1824.

 La segunda esperanza, representada por la Sociedad Misionera Bautista como el gran objetivo por el cual su estación en Belice se mantuvo durante tanto tiempo bajo tanto desánimo, * ***• Véase "Belice", pág. 3. ***512 EL EVANGELIO EN CENTROAMÉRICA

 aparentemente era de más difícil alcance; porque los Estados centroamericanos, al igual que todas las últimas colonias españolas, han sido considerados con demasiada frecuencia como totalmente fuera del alcance de cualquier esfuerzo misionero directo; como si estaban herméticamente sellados por los poderes de las tinieblas, o como si realmente hubieran sido excluidos de la comisión de nuestro Señor, y no formaran parte de su herencia patrimonial, o no estuvieran destinados a ser incorporados entre las posesiones de su corona.

 El lector que haya leído el bosquejo anterior de las convulsiones intestinales con las que se han visto afectados los Estados centrales desde su independencia, estará preparado para atribuir la ausencia de cualquier esfuerzo misionero directo allí, a la indolencia de los discípulos de nuestro Señor, más que a cualquier barrera real que una superstición intolerante hubiera colocado en su camino.

No se encontró a nadie lo suficientemente valiente para enfrentar la apostasía papal y desafiar los terrores de su jerarquía, su inquisición y su abuso del poder civil; y, por lo tanto, cuando se presentó una temporada favorable para los trabajos de un misionero bajo los triunfos del partido liberal, y con la protección de una ley de libertad religiosa, no había nadie preparado para aprovecharlos, y mientras cientos de hombres devotos de Dios salieron audazmente a atacar la idolatría, el mahometismo y la infidelidad, en las regiones peculiares donde más prevalecen,

 ¡nadie, nadie fue encontrado lo suficientemente intrépido para intentar una brecha en cualquiera de las fortalezas del hombre de pecado!

El Señor de la viña, que hasta ahora ha concedido una medida alentadora de éxito dondequiera que se han mantenido esfuerzos fieles en el nombre de su santo Niño Jesús, podría, en estas circunstancias, haber permitido que el enemigo con el que Su pueblo se negaba a luchar creciera en poder y en audacia, y donde no habían sido vencidos positivamente y sujetos al tributo, Él podría justamente haber permitido que fueran una espina en sus costados. Hasta qué punto ha sido así, que lo decida el lector.

 Es digno de nuestra atención particular que, en muy pocos años, el Señor mismo ha echado obreros a esta parte de Su cosecha, y hemos oído de movimientos conmovedores en Madeira, Malta, Toscana e incluso en la propia Italia papista; y, sin duda, ahora hay más por parte de obreros inadvertidos en muchos países católicos romanos, cuyos resultados probablemente pronto estallarán en la misma llamarada de persecución que ha distinguido recientemente a esos lugares y ha hecho conocidos a los que sufren. Este resultado invariable de tales labores no puede seguramente ser alegado como una razón por la cual no deben emprenderse; porque ¿dónde ha sido plantado con éxito el Evangelio sin ser regado con lágrimas, si no con la sangre, que la mano de hierro de la persecución ha hecho derramar? Señales y numerosas han sido las interposiciones providenciales en las que se puede rastrear la mano de Dios en el pequeño comienzo que Él ya ha hecho al introducir la Biblia, y la verdad de la Biblia, en el estado romano y una vez dominado por los sacerdotes de Guatemala.

 Aquello que una fe débil y una ignorancia criminal nos impidieron emprender con valentía, Dios nos ha conducido graciosamente a hacerlo paso a paso,

 Su propia mano conduciendo, Su escudo protegiendo, Su gracia sosteniendo y Su poder estableciendo la obra de nuestras manos, al mismo tiempo que cerraba puertas que parecían estar abiertas ante nosotros.

Aquel que conoce nuestra fragilidad y la debilidad de nuestro corazón, nos ha dado ánimo para los esfuerzos futuros, al mismo tiempo que indica la línea de acción a quienes la han de llevar a cabo, y se asegura a Sí mismo toda la gloria como proyector, ejecutor y propietario de la grande y santa empresa.

 El autor de estas páginas, que se dispone a registrar algunas de las maneras en que el Señor lo ha guiado en la buena obra en la que se siente honrado de estar comprometido, desea dirigir la atención a las providencias especiales que ha experimentado en ese camino, con el fin de que Dios sea glorificado y, si es posible, que se obtengan simpatía y oraciones fervientes en favor de esa rama particular de las Misiones Centroamericanas, y de él que, aunque absolutamente indigno en sí mismo, ha sido escogido por Dios desde el vientre de su madre para ser un instrumento en su inicio, y ahora para traerla, junto con otras labores más importantes, a la atención del lector.

Para ayudar a este propósito, tal vez se pueda soportar con paciencia algún dato sobre su carrera preparatoria.

 La antigua y otrora bulliciosa, pero ahora sombría y siempre asolada por sacerdotes ciudad de Brujas, la capital de Flandes flamenco, fue el lugar de mi nacimiento, que ocurrió en 1819.

 Mis padres fueron de los primeros emigrantes ingleses que cruzaron en masa el canal y se extendieron por todo el continente europeo inmediatamente después del establecimiento de la paz que siguió al cautiverio del emperador francés.

Aunque domiciliados en un país extranjero, mis padres nunca renunciaron a su nacionalidad, ni ni siquiera perdieron gran parte de sus prejuicios británicos, y estando entonces entre

514 EL EVANGELIO EN CENTROAMÉRICA.

 esa numerosa clase que no piensa por sí misma en asuntos de religión, reclamaron un interés en el protestantismo profesado de sus antepasados, y un nombre para vivir en la secta establecida por la ley civil en su tierra natal.

Como resultado, sus numerosos hijos, quienes aunque nacidos en el extranjero seguían siendo súbditos británicos, fueron criados bajo la idea de que eran episcopalianos  ( Nota del blog: Iglesía tradicional inglesa  muy cercana al catolicismo) por nacimiento y educación, aunque incluso esa escasa cantidad de instrucción y moralidad que se imparte en circunstancias similares en casa, fue considerablemente diezmada y relajada por las influencias a las que la familia estaba sometida en un país decididamente papista.

A la edad de once años, inmediatamente después de la Revolución de 1830, que trastornó mucho los planes de mi padre y finalmente causó el traslado de la familia, que entonces vivía en Bruselas, más allá de las fronteras francesas, me llevaron a Inglaterra y me pusieron en un internado en Greenwich, donde permanecí con un hermano menor durante dos años.

 Este "Establecimiento" estaba dirigido por un predicador wesleyano local; pero se hicieron pocos o ningún esfuerzo para impartir verdades religiosas a los estudiantes, y con la excepción de la excitación de algunos sentimientos naturales, bajo los llamamientos conmovedores que a veces escuchaba en el centro de reuniones metodista, y el entusiasmo despertado al asistir a una reunión misionera, no recibí ninguna impresión de tipo religioso y me beneficié sorprendentemente poco incluso de lo que ahora podría llamarse educación secular.

 Esto, junto con algunas enseñanzas muy parciales e insostenibles en diversas escuelas belgas a las que había asistido anteriormente, constituían todas las ventajas escolares que los medios deprimidos de mi padre podían proporcionarme.

 Los dos años siguientes los pasé en casa en diversas circunstancias y en diferentes partes de Francia.

Nunca me educaron para una sujeción adecuada y a menudo me dejaron completamente a mi propia guía, lo que resultó en el rápido desarrollo de una depravación natural, en una disposición caprichosa que, unida a una falta de aplicación, me incapacitó para actividades industriosas o útiles. Mi educación anterior no había hecho nada por corregir este estado mental; por el contrario, lo había cultivado mucho.

Una asistencia frecuente a espectáculos teatrales y la compañía de personas de mente liviana habían fomentado un gusto que ahora se fomentaba con una indulgencia desenfrenada en la lectura liviana, en la que consumía días y semanas enteros. Las ideas que recogí,

 PRIMERAS VAGANCIAS. 515

y los sentimientos que se cultivaban en la lectura rápida de una biblioteca circulante, compuesta de novelas y romances ingleses, eran poco apropiados para preparar a un joven de quince años para los trabajos y dificultades de esta vida; ¡cuánto menos para preparar su alma para el amor y el servicio de su Dios, y las solemnes realidades del estado eterno!

 Los frutos legítimos que debían brotar de tal cultura no tardaban, sino que pronto alcanzaban una madurez prematura.

 Las nociones falsas que me había formado del mundo, y especialmente de mí mismo, me llevaron a considerarlo como un teatro en el que podía actuar a voluntad un papel que halagara mi vanidad, y decidí hacer mi propia fortuna y dejar mi hogar en busca de aventuras, cambios y felicidad terrenal.

 Los deseos de mis padres en un asunto de tanta importancia no tenían el peso que debían tener en cualquier mente bien ordenada, y sus protestas o su autoridad no pudieron refrenar mi voluntad descontrolada.

 Fue en una dulce casa aislada * La Grenadiere Esta modesta pero pintoresca morada, situada en el mismo centro del "jardín de Francia", y dominando el paisaje más rico, ha atraído la atención de más de un poeta de la trinchera, y está particularmente descrita en uno de los cuentos de M. de Balzac, en sus "Scenes de Province". **a orillas del Loira, muy cerca de la ciudad de Tours en Touraine, donde me separé del abrazo paterno y emprendí a pie un viaje de casi trescientas millas, para llegar al puerto de Burdeos, ansioso de embarcarme y participar en las vicisitudes de la vida de un marinero, como el capitán Marryatt, y otros escritores de ficción naval lo habían descrito a mi imaginación.

Tres años de penurias físicas, degradación mental y miseria interior sucedieron a este paso precipitado y perverso, durante el cual experimenté muchos cambios y aventuras, pero de tal carácter que corrigieron en gran medida las falsas nociones de vida que había engendrado el entrenamiento previo.

 Pronto cambié las penurias y las crueldades desenfrenadas que acompañaron mi iniciación en los deberes de camarero, por las contaminaciones del cuartel y la degradación de los compañeros de baja calidad de la Legión Auxiliar Británica, que entonces se entrometían en contiendas armadas por la corona española.

 De esto me libró pronto la generosidad de un oficial superior, en quien Dios suscitó un amigo para librarme de una mayor exposición a los peligros morales y físicos de la carrera militar.

516 EL EVANGELIO EN CENTROAMÉRICA.                                              

. También obtuve y perdí sucesivamente una variedad de situaciones en Inglaterra.

 Antes de alistarme y partir para España, había trabajado en una biblioteca ambulante, en uno de los balnearios de moda, y me despidieron a los quince días, porque no pude resistir la tentación de leer los libros que mi empleador me había prohibido.

A mi regreso de España, entré al servicio de un famoso editor de Londres y viajé por varias grandes ciudades provinciales solicitando encargos de obras ornamentales que se publicaban periódicamente.

 En Oxford, donde tuve cierto éxito y un intercambio considerable con los estudiantes y profesores de todos los colegios, concebí un ardiente deseo de compensar de alguna manera las deficiencias de mi educación.

 En Nottingham, estimulado por este objetivo, logré ser admitido en un gran internado, como una especie de profesor auxiliar y profesor de francés, y renuncié gustosamente a mi vida itinerante. Apenas tuve tiempo de darme cuenta de la pesadez de mi nuevo puesto, cuando fui atacado por la viruela, para gran alarma de mi patrón, que logró mantener el hecho en secreto y me envió a Londres tan pronto como me recuperé lo suficiente.

Allí volví a mi indeseada relación con Paternoster Row,(Nota del blog= calle comercial editorial, con abundantes vendedores ambulantes de libros, fuente:Wikipedia)  como único medio disponible de subsistencia, que luego fue seguida irregularmente a intervalos, dejándome expuesto a todas las trampas de la capital, y sin más restricciones que las impuestas por la necesidad; porque, ¡ay!, mi mente carnal, en lugar de estar fortificada contra tales peligros, solo había sido preparada para caer presa fácil; y la deshonestidad y el libertinaje pronto se sumaron a la profanidad y la disipación

. Sin embargo, la providencia de Dios vigiló mis pasos errantes y de manera notable impidió que estableciera una relación permanente con una compañía teatral francesa, que estaba a punto de mudarse de Londres a Estrasburgo.

 Fue a través de una relación formada en estos círculos que me enteré de la existencia de "La Compañía Agrícola y Comercial de la Costa Oriental de América Central

". Cuando me pidieron que sirviera de intérprete para un joven francés que deseaba emigrar a Vera Paz, de inmediato concebí el plan de acompañarlo, completamente disgustado con la vida infeliz y precaria que llevaba, y no poco atraído por las grandiosas descripciones del paisaje y la sociedad americana. que había leído en las obras de Fenimore Cooper y otros de su clase.

EMIGRACIÓN A VERA PAZ. 517

MARÍA HISTORIA REAL POR JORGE ISAACS

 Jueves, 21 de diciembre de 2023

APÉNDICE MARÍA - 1-

 APÉNDICE

MARÍA

NOVELA AMERICANA POR JORGE ISAACS

Si yo fuera á contar el cómo esta bellísima novela fué llamando la atención de día en día en Méjico, hasta ganar la inmensa popularidad y aceptación de que hoy disfruta en toda la República, tal vez no se me creería en el extranjero, lo dudaría seguramente

el mismo joven escritor colombiano, que quizás sin sospecharlo él mismo, como no lo ha sospechado nunca el verdadero mérito, ha sabido crear una obra maestra.

Pero en Méjico sí se creerá muy sincera y muy natural mi narración. Aquí nos conocemos bien para dudar un instante de que un libro tan valioso, como uno de los diamantes casi legendarios del Sur, haya estado pasando á la vista de todos sin atraer su espíritu, hasta que un lapidario casual hubiera descubierto en una chispa de luz lanzada al sol, su mérito inapreciable.

Las novelas ruidosas, lo mismo que los dramas de aparato, sea que vengan de Francia ó España, únicos centros surtidores de literatura contemporánea para nuestro país, se anuncian generalmente con todo el estrépito de la fama trasatlántica, con toda la vocinglería que ponen en juego la publicidad especuladora ó la candidez del entusiasmo.

Así, la novela famosa, el drama aplaudido más allá del mar, precedidos de un torbellino de elogios que centuplican la expectativa y la curiosidad, brotan, caen ante nuestros ojos deslumbrados y nuestra alma azorada é inquieta, como una erupción volcánica anunciada por gigantescos bramidos, como aparecieron las tablas de la Ley entre los rayos y truenos del Sinaí.

De tal modo han venido generalmente esos libros de amor, de poesía ó de reforma social, que han turbado á veces las regiones comúnmente plácidas y tristes de nuestra literatura y de nuestras costumbres, es decir, de la literatura y de las costumbres de un pueblo  poco lector.

Y sin embargo, esos libros, después de apasionar á nuestro mundo por espacio de algunos días, cuando más de meses, se han olvidado como los momentos de placer fugitivo, han rodado con el viento como las hojas de otoño, han palidecido en nuestra memoria, como palidecen en el cielo las exhalaciones.

Pocos de estos libros sobreviven á su primera lectura, y son naturalmente aquellos que han hecho palpitar el corazón de todos los pueblos ; aquellos que envuelven bajo la forma poética y romancesca, una teoría del porvenir, atrevida y grandiosa ; algo ciertamente, como un decálogo filosófico ó moral.

Pero los demás, son arrastrados lejos por el oleaje de la novedad, que barre incesantemente de las playas de la vida moderna, lodos los frutos que la inagotable laboriosidad de nuestro siglo deposita insLante  por instante.

Ahora bien : el admirable libro de Jorge Isaacs se ha sustraído á esa ley vulgar, y ha tenido diverso destino en Méjico.

No llegó precedido de tormentas ni ceñido con una aureola de soles. Deslizóse humilde é inadvertido en el folletín de un periódico, que por aquella época no tenía la gran clientela que hoy, aunque es verdad que ya era muy popular : El Monitor Republicano.

Es justo consignarlo : El Monitor fué quien reveló á los lectores mejicanos esta bella creación original, dulce, melancólica como un sueño de amor y de tristeza, como una armonía que encanta y hace derramar lágrimas.

No sé quién, pero es probable que fué el editor del periódico liberal mencionado, sin recomendación, y casi con osadía, porque las obras de carácter americano no gustan aquí, pues se cree que la novela no puede florecer en nuestros campos, ni en nuestros bosques casi salvajes, comenzó á dar en el folletín del Monitor la María de Jorge Isaacs. Es también seguro que ese mismo editor conoció el mérito de la obra ; pero me atrevería á presumir que casi tuvo miedo de que no agradara. Si no fué así, me alegro ; eso es señal de que está animado de la fe que allana las montañas y desmenuza los muros de Jericó.

Pues bien : el folletín seguía saliendo; lo probable es que interesase á algunos lectores que leen línea por línea; pero no había llamado la atención de los que más sensibles, aguardan siempre la conclusión de un libro para devorarlo.

Por lo pronto, no había procurado ni un elogio, no había hecho palpitar ni un corazón, no había hecho derramar una lágrima.

Yo leía el Monitor, pero abandonaba el folletín.

Desde los primeros días, una señora joven amiga mía muy querida, inteligente en materia de lecturas romancescas, me aseguró que en el folletín del Monitor estaba publicándose una novela hermosísima, que llamaba la atención porque á su estilo sencillo y poéticamente descriptivo, unía la circunstancia de que la historia que refería, tenía lugar en nuestra América,

en un país muy semejante al de Méjico, y especialmente al Sur, á la bellísima costa del Sur,

Como esta señora ha residido en esta comarca, se sorprendía de ver pintado el paisaje que le era familiar, de ver nombrados con sus nombres de provincia los árboles, las flores, los frutos; de ver descritas poco más ó menos las costumbres; y aunque no podía saber aún cuáles eran los resortes dramáticos de que se valdría el autor, ni cuál podía ser el carácter de

APÉNDICE. 415

los personajes que ponía en juego, la sola exposición interesaba sus sentimientos y el solo cuadro de la escena cautivaba su imaginación.

Me lo dijo una vez, pero creí que sería una afición pasajera, desnuda tal vez de fundamento. Que me lo perdone, pero no tuve confianza en su gusto literario.

Y así pasaron algunos días, hasta que un literato de mucho talento y de mucha instrucción, cuyos juicios han sido siempre respetables para mí, el Dr.

Peredo, que posee un espíritu delicado y penetrante, vino á decirme con el alborozo que le causan las buenas producciones literarias, que en el folletín del Monitor estaba publicándose una novela sud-americana deliciosa, por más que sus términos provinciales y la descripción de sus paisajes desconocidos aquí, le diesen un aspecto de novedad que justamenle la hacían más atractiva.

Con un voto tan considerable, me apresuré á leer los folletines y los seguí con interés creciente hasta la conclusión de la novela.

Y entonces fué cuando Peredo y yo nos hicimos lenguas para elogiar la novela á nuestros amigos los escritores todos de Méjico. Ese era el tiempo en que nos manteníamos unidos, sin que las pasiones políticas vinieran á recaer sobre nuestras opiniones literarias. Y los artículos llovieron en los periódicos de Méjico y de los Estados, popularizando á María. La admiración de los lectores hizo lo demás.

Cont.     IGNACIO M. ALTAMIRANO.

Viernes, 22 de diciembre de 2023

MARÍA NOVELA AMERICANA POR JORGE ISAACS -2-

 MARÍA
NOVELA AMERICANA POR JORGE ISAACS (2)

Excusado es decir que ella fué para mí un cáliz de néctar nunca probado, vivificante y embriagador, que me sumergió en un hondo éxtasis de poesía, de dolor, de inmensa tristeza.

Sentí al leerla y meditar sobre ella, algo de esa extraña impresión indefinible que sobrecoge ai espíritu cuando se lee una tragedia de Eschilo ó de Sophokles; cuando se piensa en la desdicha de Ophelia; cuando se contemplan las desgracias de los seres débiles y dulces; cuando se encuentra uno frente á frente de ese inmenso poder que se llamó Fatalidad en los antiguos tiempos, y que proyecta siempre su sombra misteriosa tendida como una red traidora y terrible á los pies de la humanidad.

Esto, en cuanto al espíritu de la novela. Pero en cuanto á su forma j qué adorable y original sencillez! ;qué americanismo tan seductor y poético !

Diríase que era una respuesta triunfal á los hablistas de Europa y á los inventores de complicadas intrigas. Para la gran novela de sentimiento, no se necesita del estilo académico, afectadamente arcaico

y fastidiosamente ampuloso; para interesar á los corazones sensibles no se necesita tampoco del laberinto de una fábula complicada, ni del espectáculo de los personajes del gran mundo. Sólo se necesita de la verdad, contemplada por un gran talento. Tal es la regla en materia de Arte. Ya lo habían probado ante el mundo Pablo y Virginia, y Átala, y un poco antes, Clara de Alba, Delfina y Werther.

María es la prueba concluyente, y más concluyente todavía, teniendo de superior á las anteriores, que su resorte dramático es más amargo, más real y no es

APÉNDICE. 417

culpable bajo el punto de vista de las leyes del mundo.

Yo creo que María es superior á la obra de Chateaubriand, porque aquí no desempeña el papel del Destino antiguo un voto inverosímil en una joven salvaje, como en Átala, ni en imposible moral del amor adúltero, el valladar que divide la suerte de los dos amantes, tan desdichados como inocentes.

La ciencia y el egoísmo imperioso del amor paternal, sí, han podido hacer de una enfermedad tremenda y hereditaria, la segur que corta el hilo de las esperanzas

amorosas. El viejo judío temblando por la suerte de su hijo y de sus nietos es la fría personificación de la Ménade antigua, instrumento del Destino.

¿María es un idilio ó una elegía? Á tal pregunta no puede responderse con la clasificación literaria. Es todo, como Pablo y Virginia, y como Átala, y como

la Tumba de hierro de Gonciensce, ese otro poeta del infortunio amoroso.

Gomo idilio, María es la poesía americana con sus cuadros pintorescos de riqueza exuberante, con sus inmensos rumores de bosques vírgenes, con sus ríos como mares, con su cielo diáfano y sus montañas gigantescas y azules, con sus hombres fieros y sencillos, y sus amores inocentes y apasionados, casi religiosos.

No: no hay en María páginas que producen sacudimiento como en las escenas desnudas de Zola, ni el acre realismo de Daudet, ni la sombría desolación que produce Balzac. Todo esto es el fruto de la vida de Europa ; es el detritus de aquella civilización y de aquel sensualismo que gangrena una organización gastada y vieja.

En María hay dolor, pero hay pureza, hay virginidad, hay aroma de flores silvestres y suaves.

 Esta novela es como las azucenas del Cauca, que nacen blancas y humildes, á orillas de los mansos arroyos y perfuman el ambiente del valle solitario, sin pretensión ni influencia maléfica.

Es una gacela que cruza tímida y bella por entre la sombra de los bosques frescos y silenciosos ; es la tórtola que gime escondida en el nido de sus hijuelos desgarrado por el azor.

Ya se comprende ahora el por qué la pequeña historia de amor, ha llenado de lágrimas hasta rebosar, la copa de los corazones sensibles, porque en Méjico María será la dulce y preferida lectura de los que saben amar.

Las primeras copias se resintieron dé lo defectuoso del ejemplar que sirvió de modelo. Yo conozco las locuciones provinciales de Colombia, que son iguales á las de mi país, y he corregido solamente las erratas sin tocar un ápice al original, lo cual hubiera sido una osadía imperdonable. Al contrario, el autor no me tendrá á mal que haya yo depurado esta copia de las sombras literarias que nublaban las otras.

Y nuestros lectores guardarán estas páginas, como otras tantas flores de aroma inmortal.

IGNACIO M. ALTAMIRANO.

Martes, 12 de septiembre de 2023

"MARIA" de Jorge Isaacs (1)

MARÍA

HISTORIA REAL POR  JORGE ISAACS

 Jorge Ricardo Isaacs nació en Cali el 1° de abril de 1837, hijo del ciudadano inglés de ascendencia judía George Henry Isaacs Adolfus y de la colombiana Manuela Ferrer Scarpetta, hija de un militar catalán y de una dama italiana. El padre de Jorge Isaacs había llegado a Colombia en 1822 proveniente de Jamaica, con el propósito de explotar yacimientos de oro en el Chocó. En 1827 se establece como comerciante en Quibdó y el año siguiente se convierte al catolicismo para desposarse. Obtiene del Libertador la carta de naturaleza colombiana en 1829. Como un hombre bastante rico lo encontramos radicado en Cali hacia 1833, donde se vincula a la vida política de la región. De 1840 es la adquisición de dos enormes haciendas azucareras en las cercanías de Palmira, La Manuelita, llamada así en honor de su esposa, y La Santa Rita. En 1854 compra la hacienda El Paraíso, en las vecindades de Buga, ámbito en el que se desenvuelve la novela que le diera fama a Jorge Isaacs y donde pasa su adolescencia. ( biografía de internet)

…en uno de sus viajes se enamoró mi padre de la hija de un español, intrépido capitán de navio---

La madre de la joven que mi padre amaba exigió por condición para dársela por esposa que renunciase él á la religión judaica. Mi padre se hizo cristiano á los veinte años de edad.

---Sara, su esposa, le había dejado una niña que tenía á la sazón tres años.

---Instó á Salomón para que le diera su hija á fin de educarla á nuestro lado; y se atrevió á proponerle que la haría cristiana. Salomón aceptó diciéndole

:---, sea hija tuya.---Las cristianas son dulces y buenas, y tu esposa debe ser una santa madre.--- tal vez yo haría desdichada á mi hija dejándola judía. No lo digas á nuestros parientes, ---que le cambien el nombre de Ester en el de María. " Esto decía el infeliz derramando muchas lágrimas.

--llevando á Ester sentada en uno de sus brazos, y pendiente del otro un cofre que contenía el equipaje de la niña : ésta tendió los bracitos á su tío, ---Aquella criatura, cuya cabeza preciosa acababa de bañar con una lluvia de lágrimas el bautismo del dolor antes que el de la religión de Jesús, era un tesoro sagrado; mi padre lo sabía bien, y no lo olvidó jamás.

---Contaba yo siete años cuando regresó mi padre, y desdeñé los juguetes preciosos que me trajo de su viaje, por admirar aquella niña tan bella, tan dulce y sonriente. Mi madre la cubrió de caricias, y mis hermanas la agasajaron con ternura, desde el momento que mi padre, poniéndola en el regazo de su esposa, le dijo : " ésta es la hija de Salomón, que él te envía."

Durante nuestros juegos infantiles sus labios empezaron á modular acentos castellanos, tan armoniosos y seductores en una linda boca de mujer y en la risueña de un niño.

---Pocos eran entonces los que conociendo nuestra familia, pudiesen sospechar que María no era hija de mis padres. Hablaba bien nuestro idioma, era amable, viva é inteligente. Cuando mi madre le acariciaba la cabeza, al mismo tiempo que á mis hermanas y á mí, ninguno hubiera podido adivinar cuál era allí la huérfana.

Tenía nueve años. La cabellera abundante, todavía de color castaño claro, ---el acento con algo de melancólico que no tenían nuestras voces; tal era la imagen que de ella llevé cuando partí de la casa paterna : así estaba en la mañana de aquel triste día, bajo las enredaderas de las ventanas de mi madre.

MARÍA

Historia real por  Jorge Isaacs

A los hermanos de Efraín

He aquí, caros amigos míos, la historia de la adolescencia de aquél a quien tanto  amasteis y que ya no existe. Mucho tiempo os he hecho esperar estas páginas. Después de  escritas me han parecido pálidas e indignas de ser ofrecidas como un testimonio de mi  gratitud y de mi afecto. Vosotros no ignoráis las palabras que pronunció aquella noche  terrible, al poner en mis manos el libro de sus recuerdos:

 «Lo que ahí falta tú lo sabes;  podrás leer hasta lo que mis lágrimas han borrado.»

(expresó María)

 Capítulo I

¡Dulce y triste misión! Leedlas, pues, y  si suspendéis la lectura para llorar, ese llanto me probará que la he cumplido fielmente.

IEra yo niño aún cuando me alejaron de la casa paterna para que diera principio a mis

estudios en el colegio del doctor Lorenzo María Lleras, establecido en Bogotá hacía pocos

años, y famoso en toda la República por aquel tiempo.

 En la noche víspera de mi viaje, después de la velada, entró a mi cuarto una de mis hermanas, y sin decirme una sola palabra cariñosa, porque los sollozos le embargaban la voz, cortó de mi cabeza unos cabellos: cuando salió, habían rodado por mi cuello algunas lágrimas suyas.

Me dormí llorando y experimenté como un vago presentimiento de muchos pesares que debía sufrir después. Esos cabellos quitados a una cabeza infantil; aquella precaución del amor contra la muerte delante de tanta vida, hicieron que durante el sueño vagase mi alma por todos los sitios donde había pasado, sin comprenderlo, las horas más felices de mi existencia.

A la mañana siguiente mi padre desató de mi cabeza, humedecida por tantas lágrimas, los brazos de mi madre. Mis hermanas al decirme sus adioses las enjugaron con besos. María esperó humildemente su turno, y balbuciendo su despedida, juntó su mejilla sonrosada a la mía, helada por la primera sensación de dolor.

Pocos momentos después seguí a mi padre, que ocultaba el rostro a mis miradas. Las pisadas de nuestros caballos en el sendero guijarroso ahogaban mis últimos sollozos. El rumor del Sabaletas, cuyas vegas quedaban a nuestra derecha, se aminoraba por instantes. Dábamos ya la vuelta a una de las colinas de la vereda en las que solían divisarse desde la casa viajeros deseados; volví la vista hacia ella buscando uno de tantos seres queridos: María estaba bajo las enredaderas que adornaban las ventanas del aposento de mi madre.

Abajo- II -

Pasados seis años, los últimos días de un lujoso agosto me recibieron al regresar al nativo valle. Mi corazón rebosaba de amor patrio. Era ya la última jornada del viaje, y yo gozaba de la más perfumada mañana del verano. El cielo tenía un tinte azul pálido: hacia el oriente y sobre las crestas altísimas de las montañas, medio enlutadas aún, vagaban algunas nubecillas de oro, como las gasas del turbante de una bailarina esparcidas por un aliento amoroso. Hacia el sur flotaban las nieblas que durante la noche habían embozado los montes lejanos. Cruzaba planicies de verdes gramales, regadas por riachuelos cuyo paso me obstruían hermosas vacadas, que abandonaban sus sesteaderos para internarse en las lagunas o en sendas abovedadas por florecidos písamos e higuerones frondosos. Mis ojos se habían fijado con avidez en aquellos sitios medio ocultos al viajero por las copas de añosos gruduales; en aquellos cortijos donde había dejado gentes virtuosas y amigas. En tales momentos no habrían conmovido mi corazón las arias del piano de U***: ¡los perfumes que aspiraba eran tan gratos comparados con el de los vestidos lujosos de ella; el canto de aquellas aves sin nombre tenía armonías tan dulces a mi corazón!

Estaba mudo ante tanta belleza, cuyo recuerdo había creído conservar en la memoria porque algunas de mis estrofas, admiradas por mis condiscípulos, tenían de ella pálidas tintas. Cuando en un salón de baile, inundado de luz, lleno de melodías voluptuosas, de aromas mil mezclados, de susurros de tantos ropajes de mujeres seductoras, encontramos aquella con quien hemos soñado a los dieciocho años, y una mirada fugitiva suya quema nuestra frente, y su voz hace enmudecer por un instante toda otra voz para nosotros, y sus flores dejan tras sí esencias desconocidas; entonces caemos en una postración celestial: nuestra voz es impotente, nuestros oídos no escuchan ya la suya, nuestras miradas no pueden seguirla. Pero cuando, refrescada la mente, vuelve ella a la memoria horas después, nuestros labios murmuran en cantares su alabanza, y es esa mujer, es su acento, es su mirada, es su leve paso sobre las alfombras, lo que remeda aquel canto, que el vulgo creerá ideal. Así el cielo, los horizontes, las pampas y las cumbres del Cauca, hacen enmudecer a quien los contempla. Las grandes bellezas de la creación no pueden a un tiempo ser vistas y cantadas: es necesario que vuelvan a el alma empalidecidas por la memoria infiel.