martes, 24 de julio de 2018

SOBRE HUEHUETENANGO COLONIAL-Interesante

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Nueve cartas de amor y un testamento inesperado. Lo público de la vida privada en la Guatemala dieciochesca

( fuente Cortesía) Mario Humberto Ruz

CEM, IIFL y UACSHUM, CH, UNAM.
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El ocho de junio de 1750 don Miguel Francisco Morán de la Vandera, originario de Gijón y avecindado en Santiago de Guatemala, obtuvo el real decreto que amparaba haber ingresado en la Tesorería los 5800 pesos fuertes que le allanaban el camino para suceder a don Félix de Elías Zaldívar como alcalde mayor de Huehuetenango y Totonicapan. El 29 de julio el rey Fernando VI firmaba en el Buen Retiro el título correspondiente y tres días después "tomaron la razón del real título los contadores de cuentas del Consejo Real de Las Indias",al tiempo que se le notificaba estarse ordenando al
presidente, y a los oidores de la expresada Audiencia de las provincias de Guatemala,y a los demás ministros, juez y justicia de ellas, que como a tal alcalde mayor os guarden y hagan guardar todas las honras, gracias, mercedes, franquezas, libertades, exenciones, preeminencias, inmunidades y prerrogativas que os tocan, sin limitación alguna, dando la residencia en mi Real Audiencia de Guatemala, como se ha hecho [hasta] ahora con vuestros antecesores....
El rico mercader asturiano inició los preparativos para retornar a Guatemala después de más de dos años de ausencia. Sin duda estaría contento. Además de tener afectos que lo esperaban en Santiago de Los Caballeros, no era poca cosa lo obtenido ni había sido tan sencillo lograrlo.
Para alguien no muy avispado, la alcaldía mayor de Huehuetenango y Totonicapan podría parecer plato poco apetecible. Zona montañosa y fría -con bosques de coníferas, cedrales y roblares demasiado alejados de la capital como para hacer redituable su corte y acarreo, páramos desolados apenas aptos para criar ovejas, y algunos valles intermontanos, fértiles pero pequeños, donde se apretujaban los cultivos de maíz de su relativamente densa población india- no era, ni de lejos, tan rica como sus vecinas: Quetzaltenango o Los Suchitepéquez; podría incluso considerársele muy pobre si se comparaba con las alcaldías del Reino donde florecía el añil. De tal opinión era su teniente general, don Joseph Antonio de Aldama, quien en respuesta a la real cédula del 19 de julio de 1741 informó que en la Alcaldía a su cargo había apenas dos valles de españoles y 48 pueblos de indios, sin "cosa digna de memoria." Hasta los frailes mercedarios se quejaban de que se les hubiese asignado zona tan miserable y abrupta para doctrinar.
Pero lo que le faltaba en producción lo suplía en trasiego de comerciantes. Paso obligado a la alcaldía mayor de Chiapa, y desde allí a la Audiencia de México por la alcaldía deTabasco, era la ruta expedita para el puerto de Campeche y otra forma de llegar a Veracruz, aunque menos práctica que subir por el istmo después de atravesar los terrenos llanos de Soconusco y el Despoblado de Tonalá. Por caminos reales y senderos se apretujaban las recuas de muías, compradas en Los Llanos de Chiapa o en Oaxaca, cargadas de los productos de la región e incluso de más allá.
Bien lo percibió Joseph de Olavarrieta, quien en un informe firmado en Huehuetenango el 4 de junio de 1740, destacaba cómo entre los 39 1/2 tributarios indios y los más de 20 vecinos españoles, 25 familias de mestizos y cinco de mulatos de Huehuetenango, varios se entretenían "en vender cacao y otros frutos", mientras que en San Pedro Necta (dividido por sólo una calle de Santo Domingo Osumacinta), "las indias hacen mantas y los indios son tratantes en las provincias de Chiapa y Soconusco." Por su parte los de Santa Ysabel  acudían a la plaza de San Antonio Suchitepéquez, con gallinas y otros frutos, trayendo al regreso "cacao y algodón para las mantas que tejen sus mujeres" y los de San Sebastián Huehuetenango se dedicaban a hacer "mantas que llevan a vender a la ciudad de Guatemala y otras partes."
Pueblos vinculados a la industria textil eran también Santa Ana Huista, San Cristóbal Totonicapán, famoso por sus jarguetas y sus trabajos en lana; Malacatán, cuyos indios vendían en la cabecera el algodón que sus mujeres reducían a hilo; San Gaspar Chajul, donde las mujeres hilaban "continuamente y lo mandan a la capital", mientras que los hombres confeccionaban "chiquigüites y otras menudencias de un bejuco delgado que tienen." Los de Santa María Chiquimula destacaban en el tejido de frazadas listadas, además de ir "continuamente [...] a la lisa de San Antonio con sus gallinas de Castilla y de la tierra, y ocote." Los de San Miguel Totonicapán, además de sembrar abundante trigo, tejían "jarguetas y otras cosas que llevan a Guatemala", y habían descollado de tal modo en los trabajos de carpintería, sillería y cerámica, que tenían gremios de cada una de esas actividades. Y ni qué decir de los tejedores de Momostenango, sin duda los más prolíficos y afamados, que contaban con importantes hatos de muías para comerciar sus tejidos.
La vecina Gobernación de Soconusco sabía de las continuas visitas de los habitantes de San Andrés Cuilco, quienes llevaban allí su panela; los de Colotenango, tratantes de frutas y gallinas, mientras los de Ostaguacán aparecían a menudo vendiendo las mantas que tejían sus mujeres. Por la alcaldía de Chiapa era común ver a los de Soloma compitiendo con los de Coatán por vender el trigo que se cosechaba en ambos pueblos, y afanándose además en el trato de cacao y algodón.
Al igual que los de San Antonio Güista [Huixta], los de Purificación Jacaltenango mercadeaban maíz, tabaco y miel, destacando las colmenas del segundo pueblo "porque tienen muchas, y buena salida de la miel y la cera"), mientras que las mujeres de Güista, aprovechando el que su pueblo estuviese en el camino real, hacen totopostes y otras vendimias para los pasajeros." Chiantla y San Francisco el Alto coincidían en la factura y venta de cal. Otros, en cambio, no tenían que competir dada la singularidad de sus productos. Los de Acatan, por ejemplo, eran únicos en hacer "soyacales de palma, que es un modo de capa con que los indios caminan cuando hay agua." Hombres y mujeres de San Francisco Motosinta, pueblo "caliente, seco y fúnebre" con apenas cuatro tributarios, gozaban de reconocimiento por sus "esteras coloradas" y el apreciado copal que obtenían de los árboles. Aguacatán se singularizaba por sus "muchas vacas y ovejas", la panela que fabricaba con caña dulce, y sobre todo por tener "una mina de yeso que sirve para los pintores y doradores." Hasta los de Cunén, calificados como "muy dejativos [pues] aunque tienen buenas tierras sólo se aplican a sembrar maíz", eran famosos por "hacer escobas que sirven de barrer."
Lugar especial ocupaban los poseedores de minas de sal. Así, los de Sacapulas eran reputados como "grandes tratantes en la provincia de San Antonio [Suchitepéquez], llevando sal de unas salinas que tienen en la superficie de la tierra, en las orillas de dicho río", además de fabricar "mucha jarcia", y dado que su sal, buena para la cocina, se consideraba inservible para los ganados, "porque tiene poca actividad", no se preocupaban por competir con los de San Mateo Ixtatán, pueblo 'lluvioso y melancólico", que tenía "dos pozos grandes de que mana copiosa agua de sal. Ésta, con mucha facilidad, la ponen al fuego y luego se congela y toma cocimiento." La industria era tan redituable que se cuidaban celosamente los pozos ("están debajo de tapias y techo de teja, con sus puertas") y su explotación, pues había tres llaves de dichos accesos: "que la una tienen los alcaldes, otra los indios principales y otra los indios maceguales y así, sin que todos concurran, no pueden abrirse." El agua se repartía a los naturales por semanas, "y de dicha sal sacan mucho dinero, pues no se proveen de otra este Partido y el de Quezaltenango para el crecido número de ganado ovejuno que hay, y para los demás ganados de que se componen las haciendas de campo." No era de extrañar que, a más de algunas ovejas, tuviesen "muchas muías de carga" para comerciar sal y sus afamados petates blancos de palma. El comercio era tan floreciente que a él concurrían los de San Juan Ixcoy, comprando sal en Ixtatán para venderla en Quetzaltenango y comprar a cambio cacao y algodón que revendían por los pueblos de la Alcaldía.
Comerciantes eran también los de Nebaj, los de Uspantán: "aplicados a ser tratantes, vendiendo siempre cacao, achiote y otros frutos" que acarreaban en sus numerosas muías, y los de San Andrés Jacaltenango, aunque éstos ni siquiera se preocupaban por salir de su pueblo: hasta él acudían los vecinos ávidos por adquirir sus famosos trabajos de jarcia. Ganaderos eran en cambio los españoles, mestizos y algunos negros que poblaban los valles de Sihá y Sahcahá.
En resumen, en las 70 leguas de longitud y 53 de latitud que componían la jurisdicción, y con la única y temporal excepción de Todos Santos y San Martín, ambos de apellido Cuchumatán e igualmente destruidos por severas epidemias, florecía el comercio, no por dedicado a productos pequeños menos significativo.
Ésa era sin duda la visión que había alentado a un mercader nato como don Miguel para hacer viaje hasta España y desembolsar casi 6000 pesos (a más de lo erogado en el viaje) a cambio de la seguridad de controlar la Alcaldía por un salario tan raquítico como el de 333 pesos y 2 reales anuales -de los que habría que deducir por adelantado la media anata "con más el 18% por la conducción del todo a estos reinos"-una vez que Elias Zaldívar cesase en su cargo, años más tarde. Ya se encargaría su probada capacidad de comerciante emprendedor y disciplinado de hacer redituable el desembolso, pese a la prohibición real de que los alcaldes "contratasen" con los vecinos de la Alcaldía.
Si don Miguel hubiera salido airoso de la prueba es algo que nunca sabremos. El 14 de noviembre de 1761, en lugar suyo, Tiburcio Angel de Toledo, juraba ante la Real Audiencia,
por Dios nuestro señor y una señal de su santa cruz en forma de Derecho, so cargo del cual [juramento] prometió defender el misterio de la pura y limpia concepción de Nuestra Señora, usar bien y fielmente el oficio de alcalde mayor del Partido de Güegüetenango y Totonicapán, administrando justicia a las partes que la pidieren, observando las leyes del Reino y lo prevenido y mandado en dicho real título [de alcalde mayor] sin faltar a ello en manera alguna ni llevar derechos demasiados a las partes; ningunos a su majestad (que Dios guarde), a los indios ni a los pobres de solemnidad. Y de no tratar ni contratar por sí ni por interpósitas personas con los vecinos y nativos de su jurisdicción, guardando las provisiones en esta razón establecidas.
Don Tiburcio tomó posesión de la Alcaldía por dos imprevistos que ni remotamente imaginaba cuando, a su vez, compró los derechos a ella hacia 1752. El más inmediato fue la renuncia de Joachín de Montúfar (14 de julio de 1756) y el más antiguo la muerte de don Miguel Morán, acaecida en Veracruz la primera semana de junio de 1751, según hizo constar el cura del puerto, don Miguel Francisco de Herrera, quien -a solicitud del flamante alcalde mayor- apuntó cómo:
[...] en un libro de papel común, forrado en badana colorada, en el que se asientan las partidas de entierros de españoles [...], al folio 23, se halla la siguiente partida:

"En la ciudad de La Nueva Vera Cruz, en 8 de junio de 1751 años, en la iglesia parroquial, título La Asunción de Nuestra Señora, se le dio sepultura eclesiástica al cuerpo de don Miguel Francisco Morán de La Vandera, español soltero, natural de Asturias, quien testó en Goatthemala.

Recibió los santos sacramentos de penitencia y extremaunción, a cuyo entierro asistí yo, don Manuel Mendes deTholedo, teniente de cura en dicha parroquia, y lo firmé."
No fue don Tiburcio Ángel el único interesado en demostrar que Morán había muerto; ocho años antes que él lo hizo el jesuita Juan Miguel de Cartagena,quien, amparado con un nombramiento de abogado testamentario, se apresuró a hacer válido el poder que años atrás le había otorgado el mercader para disponer de sus bienes en caso de fallecimiento. Ni tardo ni perezoso, el religioso se aplicó a la tarea de transferir buena parte de los cuantiosos caudales a las arcas de la Compañía de Jesús. En efecto, por las acciones emprendidas ante el Juzgado de Bienes de Difuntos, nos enteramos que en julio de 1751 Cartagena obtuvo licencia de su superior eclesiástico para ocuparse del caso,tras lo cual se presentó ante un escribano en la ciudad de Guatemala a fin de iniciar los trámites tendientes a cumplir la voluntad del difunto.
En el amplio poder otorgado en 1747, don Miguel apuntaba ser hijo legítimo de don Fernando Morán de la Bandera y doña Catharina de Baldez Llanos, ambos ya difuntos, vecinos de la villa de Guijón en el Principado de Asturias, y estar próximo a realizar un viaje a la ciudad de México y el puerto de Acapulco "a negociaciones de mi utilidad y conveniencia. Y temiéndome de la muerte, como cosa natural a toda criatura viviente, y que no me coja desprevenido de manifestar las expresiones de mi última voluntad, de que resultarían las inconsecuencias que regularmente se experimentan de ésta y otras omisiones", había decidido encargar a Cartagena la distribución de su fortuna.
pañía:

lunes, 16 de julio de 2018

MARAVILLOSO JESUCRISTO SANA A MUSULMANA-

 MARAVILLOSO JESUCRISTO SANA A MUSULMANA-
 EL VELO RASGADO
POR GULSHAN (FATIMA)ESTHER
Y THELMA SANGTER

“Mira que estás vivo en el cielo y el Santo Corán dice que sanaste, a las personas. Tú puedes sanarme y sin embargo sigo estando paralítica.” ¿Por qué no había respuesta, excepto ese silencio sepulcral en la habitación, como una burla a mis oraciones? Pronuncié de nuevo su nombre y abogué por mi causa, con desesperación. Con todo, no había respuesta. Luego clamé con una angustia febril: "Si puedes hacerlo, sáname; de lo contrario, dímelo." No podía dar un paso más en este camino. Lo que sucedió luego es algo que me resulta difícil describir en palabras. Lo que sé es que toda la habitación se llenó de Luz. Primero pensé que era la lámpara que tenía al lado de la cama. Pero vi que, en comparación su luz parecía oscura. ¿Sería tal vez el amanecer? Era demasiado temprano para eso. La luz iba creciendo, aumentando en brillo hasta que sobrepasó la luz del día. Me cubrí con mi chal. Sentía mucho miedo. Luego se me ocurrió que podía ser el jardinero, que había encendido la luz de afuera para alumbrar sobre los árboles. A veces hada eso para ahuyentar a los ladrones, cuando los mangos estaban maduros, o para ver el sistema de riego en el frío de la noche. Me corrí el chal para ver las puertas y las ventanas estaban firmemente cerradas, con las cortinas y las persianas corridas. Luego reconocí unas figuras con ropas largas, de pie en medio de la luz, algunos metros más allá de mi cama. Había doce figuras en fila y la figura central, la número trece, era más grande y brillante que las otras. ¡Oh Dios! clamé y el sudor brotó de mi frente. Incliné la cabeza y oré.
Oh Dios, ¿quiénes son esas personas y cómo han entrado aquí estando las ventanas y las puertas cerradas?- Levántate -me dijo de pronto una voz .
-Este es el camino que has estado buscando. Yo soy Jesús, el hijo de María, a quien has estado orando y ahora estoy de pie delante de ti.- -Levántate y ven a mí.- Comencé a llorar. - Oh Jesús, estoy paralítica. No puedo levantarme.- - Levántate y ven me dijo -. Yo soy Jesucristo.- Debido a que dudé, lo dijo por segunda vez. Luego, mientras continuaba aún con mis dudas, me lo dijo por tercera vez: - ¡Levántate!-Y yo, Gulshan Fátima, que había estado paralítica en mi cama por diecinueve años, sentí una nueva fuerza que fluía de mis piernas inútiles. Puse el pie en el piso y me levanté. Luego caminé algunos pasos y caí a los pies de la visión: Me estaba bañando en una luz tan pura que irradiaba un fulgor tan brillante como el del sol y de la luna juntos. La luz alumbró mi corazón y mi mente, y en ese momento se me aclararon muchas cosas. Jesús puso su mano sobre mi cabeza y vi que tenía un agujero a través del cual descendía un rayo de luz que se proyectaba sobre mi vestidura, de modo que el vestido verde parecía blanco. -Yo soy Jesucristo dijo El . Soy Emmanuel. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Estoy vivo, y vengo pronto. Mira, desde hoy eres mi testigo. Lo que ahora viste con tus ojos debes llevarlo a mi pueblo. Mi pueblo es tu pueblo y debes permanecer fiel en llevárselo a mi pueblo. Ahora debes mantener inmaculada esta túnica y tu cuerpo. Dondequiera que vayas estaré contigo y a partir de hoy orarás así: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado tu nombre.. Venga tu reino Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén."
Me hizo repetir la oración y ésta penetró profundamente en mi corazón y en mi mente. En su hermosa sencillez, y a la en su gran profundidad, era muy diferente de las oraciones que había aprendido a recitar desde mi niñez.
Llamó a Dios "Padre"; ese era un nombre que cautivó mi  corazón Y que venía a llenar el vacío que había en él. Quería permanecer allí a los pies de Jesús, utilizando para orar ese nuevo nombre de Dios: "Padre nuestro," Pero la visión de Jesucristo tenía mucho más contenido para mí: - Lee en el Corán, yo estoy vivo y vengo otra vez.- Eso era algo que ya me habían enseñado, de modo que meinfundió fe en lo que estaba oyendo. Jesús dijo todavía mucho más. Sentía un gozo que llenabatodo mi ser. Es algo que resultó indescriptible. Me miré el brazo y la pierna. Estaban cubiertos de carne. Mi mano no estaba perfecta, sin embargo tenía fuerza y ya no colgaba seca e inútil.¿Por qué no la sanaste del todo? - pregunté. La respuesta fue expresada en tonos cariñosos: Quiero que seas mi testigo. Las imágenes subían alejándose de mi vista y esfumándose. Quería que Jesucristo se quedara un poco más y clamé con tristeza. Luego la luz se desvaneció y me encontré sola, de pie en medio de la habitación, llevando un vestido blanco y con mis ojos embargados por la luz deslumbrante Ahora hasta la débil lámpara que estaba al lado de mi cama me molestaba a los ojos y mis párpados caían pesadamente. Busqué a tientas un mueble que estaba contra la pared. Allí encontré un par de anteojos para el sol, que usaba en el jardín. Me los puse y me sentí cómoda, y pude abrir mis ojos y ver otra vez. Cerré la gaveta con cuidado, luego me volví y miré mi habitación. Estaba igual que cuando me levanté. El reloj que estaba sobre la mesa de noche repetía su tic tac, marcando que eran casi las cuatro de la madrugada. La puerta estaba cerrada con firmeza y las ventanas, con sus cortinas corridas; también estaban cerradas para proteger del frío. Sin duda, no se trataba de una escena imaginada por mí, pues tenía las pruebas en mi cuerpo, Di algunos pasos y luego algunos más. Caminé de pared a pared, a uno y otro lado, de una parte a la otra. Era evidente que mis piernas estaban sanadas de aquel lado que había sufrido la parálisis.¡Oh, qué alegría sentí!
"Padre nuestro clamé , que estás en los cielos." Era una nueva y maravillosa oración. De pronto tocaron a la puerta. Era mi tía. __Gulshan dijo en tono apremiante , ¿quién está caminando en tu habitación? - Soy yo tía..- Hubo un ligero jadeo y luego la voz de mi tía.- Oh, eso es imposible. No hay tratamiento eficaz para tu enfermedad. ¿Cómo puedes caminar? Estás diciendo mentiras.- Bueno, entra y mira .- La puerta se abrió con lentitud y la tía entró en la habitación llena de temor. Se detuvo apoyada contra la pared, con terror e incredulidad con los ojos abiertos de par en par y contemplando fijamente mi rostro radiante. Te vas a caer dijo. No me voy a caer -me reí, sintiendo el poder y la fuerza de una nueva vida que corría por mis venas. Mi tía se acercó paso a paso, con las manos extendidas, como una persona ciega que tantea su camino. Levantó la manga de mi túnica y miró mi brazo, regordete y saludable, tal como se veía ahora. Luego me pidió que me sentara en la cama y observó mi pierna enferma, que estaba tan sana como la otra.Parece extraño verte de pie. Me tendré que acostumbrar a esto dijo ella. Me pidió que le contara cómo había ocurrido. Entonces le relaté a la tía, desde el principio, primero acerca-de-la predicción de padre, luego; sobre la voz en mi habitación, la noche después que él murió. Después le conté de los tres años que estuve leyendo acerca de Jesús en el Corán, finalizando con su aparición delante de mí y mi sanidad. Cuando llegué a la parte en que Jesucristo me dijo que yo iba a ser su testigo, la tía me interrumpió. No hay cristianos en Paquistán para que les testifiques y no hay necesidad de que vayas a los Estados Unidos o a Inglaterra. Tu testimonio tendrá que consistir en dar limosnas a los pobres. Cuando esas personas vengan pedirte comida y dinero, ese será tu testimonio, Hasta entonces no había relacionado la comisión que me había dado Jesucristo con ir a Inglaterra o los Estados Unidos. Sin embargo, sus palabras eran verdaderas y mantenían su vigencia:
“Lo que viste con tus ojos debes llevarlo a mi pueblo. Mi pueblo es tu pueblo.” Comenzó a formarse en mi mente una oración: “Jesucristo, ¿dónde está tu pueblo?”

El Libro          ( La Biblia)
Tres semanas después de ser sanada, decidí poner en práctica un plan para conseguir una Biblia. Le dije a mi tía que iba a visitar a Razia. ¿Vas a llevar a Salima? preguntó mi tía, que no estaba acostumbrada, aún a la nueva manera en que tomaba las decisiones según mis deseos. No tía le respondí sonriendo . Creo que ya soy bastante grande como para arréglamelas sin alguien que me esté previniendo en cada cosa. Por favor, pídele a Munshi que me tenga listo el auto. La tía abrió la boca como para argumentar algo, pero en seguida la volvió a cerrar. Esta nueva Gulshan no tenía la tendencia, que caracterizaba a la anterior, de preocuparse demasiado por los pensamientos ociosos de la gente. Majeed trajo el Mercedes azul brillante y abrió la puerta de atrás con un gesto ceremonioso. Adentro, las cortinas cerradas me protegían de las miradas curiosas. Cada detalle de los modales de Majeed, mientras atravesábamos por la puerta principal haciendo rugir el motor, demostraba su satisfacción por el curso que estaban tomando los acontecimientos. Un sonriente chowkedar cerró la puerta detrás de nosotros y salimos. Razia estaba preparada para mi visita. Lo que ella no sabía era que le iba a hacer un pedido. Le dije a Majeed que se retirara y que volviera a buscarme después del almuerzo. Luego me volví hacia mi maestra, que estaba llena de alegría por verme tan bien de salud y quería hacerme un montón de preguntas. Se sintió desilusionada y con algo de curiosidad cuando le dije que tenía que ir con urgencia a ver a alguien que estaba en el otro lado de la ciudad. No, no necesito compañía le dije . Sólo se trata de un negocio que tengo que hacer. La dejé perpleja, de pie sobre su terraza, siguiéndome con la mirada mientras yo descendía de prisa por el pasillo y salía a la calle. Me sentí incómoda. Nunca antes en mi vida había tratado de engañar a nadie; pero esta era la única manera en que alguna vez llegaría a conseguir una Biblia. Cuando estuve afuera me di cuenta de que me había olvidado de mi burka. Eso me pareció algo simbólico de la libertad que estaba creciendo por dentro. Una tonga tirada por un caballo se dirigía hacia mí y saludé al anciano encargado de la tonga. - Estoy buscando a un cristiano que vive en la calle Kachary. ¿Por casualidad la conoce?- Miró fijamente hacia delante, entre las orejas de su viejo caballo, como si no hubiera escuchado. Tengo que hacer un trabajito allí agregué rápidamente. Hizo un ademán hacia el norte. Hay un lugar, un lugar muy antiguo que ya estaba antes que existiera el Paquistán. - No sé si vive allí algún cristiano; pero, si usted quiere, la puedo llevar. - Lléveme, por favor. Subí a la tonga. El encargado de la tonga fustigó su flaco caballo y partimos a paso sosegado. Durante la media hora de viaje tuve tiempo para reflexionar sobre lo que estaba haciendo. ¿Qué dirían mis hermanas si pudieran ver a su amada y querida Gulshan viajando sola, en la ruta abierta, en una tonga? En la historia de nuestra familia no había por cierto un precedente así. Pero no tenía otra opción. Era Jesucristo el que me había mandado hacer ese viaje, y confiaba en El en cuanto a su resultado. Llegamos a un edificio amplio. Más tarde supe que era una capilla cristiana. Junto a ella, detrás de un alto muro, había una gran casa campestre. La tonga se detuvo junto a una puerta abierta en el muro. Es aquí , dijo el encargado de la tonga. Le pagué y pasé por la puerta a un sector abierto lleno de árboles. Me dirigí hacia la casa y vi a un hombre sentado al sol con un montón de libros sobre una pequeña mesa que tenía a su lado. A medida que me aproximaba, el hombre levantaba la vista. Mi corazón latía asombrado. Era precisamente el rostro que había visto en mi visión. Jesucristo me había dicho: "Este hombre te dará una Biblia." El hombre me dirigió la palabra cortésmente, inclinándose un poco. Si usted viene para ver a mi esposa, siento decirle que no está. Se ha ido a Lahore. No vine a ver a su esposa le respondí sino a usted, para que me dé una Biblia. Lo he visto antes, en una visión.

viernes, 2 de diciembre de 2016