MARAVILLOSO JESUCRISTO SANA A MUSULMANA-
EL VELO RASGADO
POR GULSHAN (FATIMA)ESTHER
Y THELMA SANGTER
POR GULSHAN (FATIMA)ESTHER
Y THELMA SANGTER
“Mira que estás vivo en el cielo y
el Santo Corán dice que sanaste, a las personas. Tú puedes sanarme y
sin embargo sigo estando paralítica.” ¿Por qué no había respuesta,
excepto ese silencio sepulcral en la habitación, como una burla a mis
oraciones? Pronuncié de
nuevo su nombre y abogué por mi causa, con desesperación. Con todo, no
había respuesta. Luego clamé con una angustia febril: "Si puedes hacerlo, sáname; de lo contrario, dímelo." No podía dar un paso más en este camino. Lo que sucedió luego es algo que me resulta difícil describir en palabras. Lo que sé es que toda la habitación se llenó de Luz. Primero pensé que era la lámpara que tenía al lado de la cama. Pero vi que, en comparación su luz parecía oscura. ¿Sería tal vez el amanecer? Era demasiado temprano para eso. La luz iba creciendo, aumentando en brillo hasta que sobrepasó la luz del día.
Me cubrí con mi chal. Sentía mucho miedo. Luego se me ocurrió que podía
ser el jardinero, que había encendido la luz de afuera para alumbrar
sobre los árboles. A veces hada eso para ahuyentar a los ladrones,
cuando los mangos estaban maduros, o para ver el sistema de riego en el
frío de la noche. Me corrí el chal para ver las puertas y las ventanas
estaban firmemente cerradas, con las cortinas y las persianas corridas. Luego reconocí unas figuras con ropas largas, de pie en medio de la luz, algunos metros más allá de mi cama. Había doce figuras en fila
y la figura central, la número trece, era más grande y brillante que
las otras. ¡Oh Dios! clamé y el sudor brotó de mi frente. Incliné la
cabeza y oré.
Oh Dios, ¿quiénes son esas personas y cómo han entrado aquí estando las ventanas y las puertas cerradas?- Levántate -me dijo de pronto una voz .
-Este es el camino que has estado buscando. Yo soy Jesús, el hijo de María, a quien has estado orando y ahora estoy de pie delante de ti.- -Levántate y ven a mí.- Comencé a llorar. - Oh Jesús, estoy paralítica. No puedo levantarme.- - Levántate y ven me dijo -. Yo soy Jesucristo.- Debido a que dudé, lo dijo por segunda vez. Luego, mientras continuaba aún con mis dudas, me lo dijo por tercera vez: - ¡Levántate!-Y yo, Gulshan Fátima, que había estado paralítica en mi cama por diecinueve años, sentí una nueva fuerza que fluía de mis piernas inútiles. Puse el pie en el piso y me levanté. Luego caminé algunos pasos y caí a los pies de la visión: Me estaba bañando en una luz tan pura que irradiaba un fulgor tan brillante como el del sol y de la luna juntos. La luz alumbró mi corazón y mi mente, y en ese momento se me aclararon muchas cosas. Jesús puso su mano sobre mi cabeza y vi que tenía un agujero a través del cual descendía un rayo de luz que se proyectaba sobre mi vestidura, de modo que el vestido verde parecía blanco. -Yo soy Jesucristo dijo El . Soy Emmanuel. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Estoy vivo, y vengo pronto. Mira, desde hoy eres mi testigo. Lo que ahora viste con tus ojos debes llevarlo a mi pueblo. Mi pueblo es tu pueblo y debes permanecer fiel en llevárselo a mi pueblo. Ahora debes mantener inmaculada esta túnica y tu cuerpo. Dondequiera que vayas estaré contigo y a partir de hoy orarás así: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado tu nombre.. Venga tu reino Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén."
Oh Dios, ¿quiénes son esas personas y cómo han entrado aquí estando las ventanas y las puertas cerradas?- Levántate -me dijo de pronto una voz .
-Este es el camino que has estado buscando. Yo soy Jesús, el hijo de María, a quien has estado orando y ahora estoy de pie delante de ti.- -Levántate y ven a mí.- Comencé a llorar. - Oh Jesús, estoy paralítica. No puedo levantarme.- - Levántate y ven me dijo -. Yo soy Jesucristo.- Debido a que dudé, lo dijo por segunda vez. Luego, mientras continuaba aún con mis dudas, me lo dijo por tercera vez: - ¡Levántate!-Y yo, Gulshan Fátima, que había estado paralítica en mi cama por diecinueve años, sentí una nueva fuerza que fluía de mis piernas inútiles. Puse el pie en el piso y me levanté. Luego caminé algunos pasos y caí a los pies de la visión: Me estaba bañando en una luz tan pura que irradiaba un fulgor tan brillante como el del sol y de la luna juntos. La luz alumbró mi corazón y mi mente, y en ese momento se me aclararon muchas cosas. Jesús puso su mano sobre mi cabeza y vi que tenía un agujero a través del cual descendía un rayo de luz que se proyectaba sobre mi vestidura, de modo que el vestido verde parecía blanco. -Yo soy Jesucristo dijo El . Soy Emmanuel. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Estoy vivo, y vengo pronto. Mira, desde hoy eres mi testigo. Lo que ahora viste con tus ojos debes llevarlo a mi pueblo. Mi pueblo es tu pueblo y debes permanecer fiel en llevárselo a mi pueblo. Ahora debes mantener inmaculada esta túnica y tu cuerpo. Dondequiera que vayas estaré contigo y a partir de hoy orarás así: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado tu nombre.. Venga tu reino Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén."
Me
hizo repetir la oración y ésta penetró profundamente en mi corazón y en
mi mente. En su hermosa sencillez, y a la en su gran profundidad, era
muy diferente de las oraciones que había aprendido a recitar desde mi niñez.
Llamó a Dios "Padre"; ese era un nombre que cautivó mi corazón Y que venía a llenar el vacío que había en él. Quería permanecer allí a los pies de Jesús, utilizando para orar ese nuevo nombre de Dios: "Padre nuestro," Pero la visión de Jesucristo tenía mucho más contenido para mí: - Lee en el Corán, yo estoy vivo y vengo otra vez.- Eso era algo que ya me habían enseñado, de modo que meinfundió fe en lo que estaba oyendo. Jesús dijo todavía mucho más. Sentía un gozo que llenabatodo mi ser. Es algo que resultó indescriptible. Me miré el brazo y la pierna. Estaban cubiertos de carne. Mi mano no estaba perfecta, sin embargo tenía fuerza y ya no colgaba seca e inútil.¿Por
qué no la sanaste del todo? - pregunté. La respuesta fue expresada en
tonos cariñosos: Quiero que seas mi testigo. Las imágenes subían
alejándose de mi vista y esfumándose. Quería que Jesucristo se quedara un poco más y clamé con tristeza. Luego la luz se desvaneció y me encontré sola, de pie en medio de la habitación, llevando un vestido blanco
y con mis ojos embargados por la luz deslumbrante Ahora hasta la débil
lámpara que estaba al lado de mi cama me molestaba a los ojos y mis
párpados caían pesadamente. Busqué a tientas un mueble que estaba contra
la pared. Allí encontré un par de anteojos para el sol, que usaba en el
jardín. Me los puse y me sentí cómoda, y pude abrir mis ojos y ver otra
vez. Cerré la gaveta con cuidado, luego me volví y miré mi habitación.
Estaba igual que cuando me levanté. El reloj que estaba sobre la mesa de
noche repetía su tic tac, marcando que eran casi las cuatro de la
madrugada. La puerta estaba cerrada con firmeza y las ventanas, con sus
cortinas corridas; también estaban cerradas para proteger del frío. Sin
duda, no se trataba de una escena imaginada por mí, pues tenía las
pruebas en mi cuerpo, Di algunos pasos y luego algunos más. Caminé de
pared a pared, a uno y otro lado, de una parte a la otra. Era evidente que mis piernas estaban sanadas de aquel lado que había sufrido la parálisis.¡Oh, qué alegría sentí!
"Padre nuestro clamé , que estás en los cielos." Era una nueva y maravillosa oración. De pronto tocaron a la puerta. Era mi tía. __Gulshan dijo en tono apremiante , ¿quién está caminando en tu habitación? - Soy yo tía..- Hubo un ligero jadeo y luego la voz de mi tía.- Oh, eso es imposible. No hay tratamiento eficaz para tu enfermedad. ¿Cómo puedes caminar? Estás diciendo mentiras.- Bueno, entra y mira .-
La puerta se abrió con lentitud y la tía entró en la habitación llena
de temor. Se detuvo apoyada contra la pared, con terror e incredulidad
con los ojos abiertos de par en par y contemplando fijamente mi rostro
radiante. Te vas a caer dijo. No me voy a caer -me reí, sintiendo el
poder y la fuerza de una nueva vida que corría por mis venas. Mi tía se
acercó paso a paso, con las manos extendidas, como una persona ciega que
tantea su camino. Levantó la manga de mi túnica y miró mi brazo, regordete y saludable, tal como se veía ahora. Luego me pidió que me sentara en la cama y observó mi pierna enferma, que estaba tan sana como la otra.Parece
extraño verte de pie. Me tendré que acostumbrar a esto dijo ella. Me
pidió que le contara cómo había ocurrido. Entonces le relaté a la tía,
desde el principio, primero acerca-de-la predicción de padre, luego;
sobre la voz en mi habitación, la noche después que él murió. Después le conté de los tres años que estuve leyendo acerca de Jesús en el Corán, finalizando con su aparición delante de mí y mi sanidad. Cuando llegué a la parte en que Jesucristo me dijo que yo iba a ser su testigo, la tía me interrumpió. No hay cristianos en Paquistán
para que les testifiques y no hay necesidad de que vayas a los Estados
Unidos o a Inglaterra. Tu testimonio tendrá que consistir en dar
limosnas a los pobres. Cuando esas personas vengan pedirte comida y
dinero, ese será tu testimonio, Hasta entonces no había relacionado la
comisión que me había dado Jesucristo con ir a Inglaterra o los Estados
Unidos. Sin embargo, sus palabras eran verdaderas y mantenían su
vigencia:
“Lo que viste con tus ojos debes llevarlo a mi pueblo. Mi pueblo es tu pueblo.” Comenzó a formarse en mi mente una oración: “Jesucristo, ¿dónde está tu pueblo?”
“Lo que viste con tus ojos debes llevarlo a mi pueblo. Mi pueblo es tu pueblo.” Comenzó a formarse en mi mente una oración: “Jesucristo, ¿dónde está tu pueblo?”
El Libro ( La Biblia)
Tres semanas después de ser sanada, decidí poner en práctica un plan para conseguir una Biblia.
Le dije a mi tía que iba a visitar a Razia. ¿Vas a llevar a Salima?
preguntó mi tía, que no estaba acostumbrada, aún a la nueva manera en
que tomaba las decisiones según mis deseos. No tía le respondí
sonriendo . Creo que ya soy bastante grande como para arréglamelas sin
alguien que me esté previniendo en cada cosa. Por favor, pídele a Munshi
que me tenga listo el auto. La tía abrió la boca como para argumentar
algo, pero en seguida la volvió a cerrar. Esta nueva Gulshan no tenía la
tendencia, que caracterizaba a la anterior, de preocuparse demasiado
por los pensamientos ociosos de la gente. Majeed trajo el Mercedes azul brillante
y abrió la puerta de atrás con un gesto ceremonioso. Adentro, las
cortinas cerradas me protegían de las miradas curiosas. Cada detalle de
los modales de Majeed, mientras atravesábamos por la puerta principal
haciendo rugir el motor, demostraba su satisfacción por el curso que
estaban tomando los acontecimientos. Un sonriente chowkedar cerró la
puerta detrás de nosotros y salimos. Razia estaba preparada para mi
visita. Lo que ella no sabía era que le iba a hacer un pedido. Le dije a
Majeed que se retirara y que volviera a buscarme después del almuerzo.
Luego me volví hacia mi maestra, que estaba llena de alegría por verme
tan bien de salud y quería hacerme un montón de preguntas. Se sintió
desilusionada y con algo de curiosidad cuando le dije que tenía que ir
con urgencia a ver a alguien que estaba en el otro lado de la ciudad. No, no necesito compañía le dije . Sólo se trata de un negocio que tengo que hacer.
La dejé perpleja, de pie sobre su terraza, siguiéndome con la mirada
mientras yo descendía de prisa por el pasillo y salía a la calle. Me
sentí incómoda. Nunca antes en mi vida había tratado de engañar a nadie;
pero esta era la única manera en que alguna vez llegaría a conseguir una Biblia.
Cuando estuve afuera me di cuenta de que me había olvidado de mi burka.
Eso me pareció algo simbólico de la libertad que estaba creciendo por
dentro. Una tonga tirada por un caballo se dirigía hacia mí y saludé al
anciano encargado de la tonga. - Estoy buscando a un cristiano que vive en la calle Kachary. ¿Por casualidad la conoce?-
Miró fijamente hacia delante, entre las orejas de su viejo caballo,
como si no hubiera escuchado. Tengo que hacer un trabajito allí agregué
rápidamente. Hizo un ademán hacia el norte. Hay un lugar, un lugar muy
antiguo que ya estaba antes que existiera el Paquistán. - No sé si vive allí algún cristiano;
pero, si usted quiere, la puedo llevar. - Lléveme, por favor. Subí a la
tonga. El encargado de la tonga fustigó su flaco caballo y partimos a
paso sosegado. Durante la media hora de viaje tuve tiempo para
reflexionar sobre lo que estaba haciendo.
¿Qué dirían mis hermanas si pudieran ver a su amada y querida Gulshan
viajando sola, en la ruta abierta, en una tonga? En la historia de
nuestra familia no había por cierto un precedente así. Pero no tenía otra opción. Era Jesucristo el que me había mandado hacer ese viaje, y confiaba en El en cuanto a su resultado. Llegamos a un edificio amplio. Más tarde supe que era una capilla cristiana.
Junto a ella, detrás de un alto muro, había una gran casa campestre. La
tonga se detuvo junto a una puerta abierta en el muro. Es aquí , dijo
el encargado de la tonga. Le pagué y pasé por la puerta a un sector
abierto lleno de árboles. Me dirigí hacia la casa y vi a un hombre
sentado al sol con un montón de libros sobre una pequeña mesa que tenía a
su lado. A medida que me aproximaba, el hombre levantaba la vista. Mi
corazón latía asombrado. Era precisamente el rostro que había visto en mi visión. Jesucristo me había dicho: "Este hombre te dará una Biblia." El hombre me dirigió la palabra cortésmente, inclinándose un poco.
Si usted viene para ver a mi esposa, siento decirle que no está. Se ha
ido a Lahore. No vine a ver a su esposa le respondí sino a usted, para que me dé una Biblia. Lo he visto antes, en una visión.
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