EL CIELO ES TAN REAL
CHOO THOMAS Parte 33
“El día
de mi regreso por mi pueblo está muy cerca. Trato de salvar tantas almas como
pueda, no importa lo que tome. Satanás sabe esto, y está tratando de destruir cuantas almas pueda,
antes que sean salvos. La gente debe
saber por qué hay tantos que están muriendo. Cada iglesia
debe echar fuera al enemigo continuamente en oración. Mis iglesias han estado demasiado cómodas. Estoy muy insatisfecho con muchas de ellas.
"Quiero que todo el mundo conozca que soy un Dios temible. Amo a mis hijos, y es por eso que morí por ellos. Yo debo
ser primero en la vida de cada uno.
Todos necesitan arrepentirse y humillarse delante de mí. Lo que sucedió en Nueva York es un pequeño
precio que pagar. Habrá destrucciones más grandes en todo el mundo,
hasta que vuelva por mi pueblo. Ese día está
más cerca de lo que muchos esperan".
Después
de haber recibido esta poderosa palabra del Señor, pude entender un poco mejor por qué el Señor me mostró muchas montañas y
edificios que eran consumidos por el fuego. El fuego vino del cielo y luego la
nieve cayó hasta que todo el mundo fue cubierto por la nieve.
Él
desea que todos se arrepientan diariamente y se purifiquen
a sí mismos, para que Él pueda llevar a todos a su reino.
Nuestro Señor Jesús nos ama tanto que Él no desea que ninguno se
pierda. Él dijo que ninguno lo ama más a Él de lo que Él nos ama. Si yo le digo
a Él: "Te
amo un millón de billón de veces", Él sigue
diciendo: "Yo te amo más".
LA
IMPORTANCIA DE LA HUMILDAD
La
humildad es muy importante para nuestro Señor. Él ejemplificó la importancia de la humildad, al humillarse a sí
mismo y hacerse humano cuando vino a este mundo. Estoy agradecida de Él
por enseñarme y mostrarme la humildad de tantas maneras.
Por ejemplo, Él me guió a una costurera
que podía coser mis vestidos
blancos. Otras personas me la habían recomendado como una mujer de gran talento, que cosía de acuerdo a especificaciones. Sin embargo, cuando cosió mis vestidos, estos simplemente no se podían
usar.
Me sentí desconcertada por esto, así que fui delante de Dios en oración.
Él me dijo que le diera otra oportunidad, y yo le obedecí. En casi tres meses ella me hizo una chaqueta y un vestido.
Compré más material y se lo llevé, pero ella no tenía tiempo para coser para
mí. Así que le pedí que me lo devolviera. Yo pensé que ella no podría
usar la tela blanca. Finalmente, le pedí que se encontrara conmigo en una
tienda de telas, y compré algo que a ella le gustaba, y la invité a almorzar.
Tan pronto como ella accedió a coser
mis vestidos blancos, comenzó a tener muchos problemas.
Esto incluía problemas físicos que tanto ella como su esposo
estaban experimentando. Fue un tiempo muy ocupado para ella, pero ella no quería dejar
nuestra relación. Yo realmente sentía una gran
empatía hacia ella, y creo que ella sentía lo
mismo por mí.
Sin embargo, no podía ponerme las cosas que ella me
hacía, y sentía que no podía señalarle sus faltas. En lugar
de eso, me esforcé en demostrarle amor en todo tiempo. Ahora sé que esa fue una
prueba de Dios para mí.
A pesar de que había memorizado su número de teléfono, después de
ella devolverme los materiales, no lo pude volver a recordar. A través de
esto, creo que el Señor me estaba enseñando paciencia y humildad.
Había estado orando por humildad, y todavía lo hago,
porque deseo practicar humildad hacia
cada ser humano. Quiero que cada aspecto de mi
ser sea como Jesús. No importa cuál sea la situación, nunca quiero juzgar a otros. En lugar de juzgar a
otros, deseo amarlos y orar por
ellos. Eso es lo que nuestro Señor quiere de cada uno de nosotros.
Después de haber recibido una visión, el Señor me hizo
sentir un gran deseo de leer 1 Corintios 13. Desde entonces, he estado
leyéndolo seis días a la semana sin fallar, pero nunca trato de memorizarlo. Creo que el Señor pone su amor en mi espíritu a través
de su Palabra.
El Señor también me ha hecho sentir el
deseo de orar la oración del Padre Nuestro todos los días, después de mi tiempo de
oración regular.
MILAGROS DE SANIDAD
El 24 de diciembre de 2001, el Señor apareció vestido con su corona y túnica de Navidad, y el 31 de diciembre, en su
corona y túnica doradas. Todo sucedió tal y como había sucedido en los días de
Navidad y víspera de Año Nuevo de años anteriores. Este fue un tiempo de
un gozo indescriptible, más que ninguna otra Navidad o víspera de Año Nuevo en
mi vida.
Al final de este tiempo especial, el Señor me dijo: "Tú
eres la mejor celebración de mi cumpleaños y Año Nuevo, y te amo, mi amada,
así que Sé feliz". Inmediatamente, desapareció.
Desde que dejé de hacer la danza de milagros, el
Señor me ha dirigido a orar en el altar cada
domingo en la mañana antes de comenzar la adoración.
Comencé a sentir un sonido en mi oído derecho, y le pedí al Señor que me sanara. Él me aseguró que tomaría cuidado de ello. La
sanidad se dio, pero tardó un par de
semanas.
El 13 de enero de 2002, mientras iba de camino para
la iglesia, le dije al Señor que quería que mi oído derecho fuera
sanado ese domingo en la mañana en el altar. Cada domingo cuando voy a la
iglesia, lo primero que hago es arrodillarme
en el altar y alabar al Padre con acción de gracias. Entonces oro por
los pastores de la iglesia y un avivamiento. Esa
mañana en particular, al momento de haberme arrodillado, sin pensarlo, mi cara dio contra los escalones
y el fuego del Espíritu Santo cayó sobre todo mi cuerpo, y me dejó sin habla.
Sin embargo, mi corazón decía: "Te amo, Señor. Ya tú sabes que te
había pedido que hicieras esto por mí esta
mañana". Desde esa mañana, el ruido cesó completamente en mi oído.
Otro milagro ocurrió el siguiente domingo en la
mañana. Antes de salir para la iglesia, sentí
un dolor repentino en el lado izquierdo de mi cuerpo y casi no me podía mover. Le dije al Señor: No importa lo
que sienta, voy a ir a la iglesia a alabarte, y espero que me sanes antes de salir de la iglesia".
Otra vez, mientras estaba arrodillada en el altar, mi
cabeza dio contra los escalones, todo mi cuerpo se sintió en fuego, y comencé a llorar. Después de esto, comenzó la adoración y alabé al Señor durante
todo el servicio. El dolor se me olvidó, y entonces me di cuenta que había
sido sanada.
Yo había experimentado este dolor antes de conocer a
mi Señor Jesús. Algunas veces tomaba dos semanas para
recuperarme. Nuestro
Señor Jesús recibió treinta y nueve
latigazos en su cuerpo para
que nosotros pudiéramos ser sanados. Cualquiera que crea verdaderamente en Él, le ame, obedezca y ponga en primer lugar en
cada área de su vida, descubrirá que el Señor cuidará de él, tal como lo
prometió.
Él pudo haberme sanado instantáneamente, como lo
había hecho en muchas otras ocasiones, pero esta vez me
estaba dando una lección de humildad en público, para que yo pudiera
incluirla en este libro. A algunas personas se les hace muy difícil humillarse
a sí mismos delante de Dios en el altar o en público.
Para el Señor es muy importante que sus hijos se
humillen delante de Él y los demás. He
experimentado la diferencia mientras alabo al Señor
en mi asiento y el altar. La diferencia es que cuando me arrodillo delante del Señor en el altar, siento el fuego del
Espíritu Santo caer sobre mí.
Cuando le pertenecemos completamente a nuestro Señor
Jesús, no debemos preocuparnos por lo que la gente diga o
piense. Lo más importante es agradar a
nuestro Señor, quien murió por nosotros. Él es el Hijo del Todopoderoso Dios y experimentó grande humillación
mientras estuvo colgado en la cruz por
nosotros. Él se humilló a sí mismo, hasta la muerte, por nosotros.
LA IMPORTANCIA DE LA ALABANZA
En esa misma mañana, mientras levantaba mis manos y
buscaba el rostro del Señor, una unción muy
fuerte vino sobre mi cuerpo. Es importante que nosotros levantemos nuestras manos al
Señor cuando le adoramos y alabamos. Esta es una de las maneras clave que el Señor me mostró para recibir
su unción sobre mi cuerpo.
Algunas personas podrán pensar que son tan bendecidas que no necesitan
alabar al Señor. Este es un pensamiento peligroso. Dios nos creó para su gloria. Él desea que
todo aquel que le llama Señor le glorifique continuamente. A sus ojos, ninguno
es demasiado importante como para no
necesitar adorarlo. La presencia de Dios aparece en la iglesia para recibir la
gloria de su pueblo durante los servicios de adoración. Esa es una de las
razones por las que Jesús nos dice que el Padre busca adoradores (ver Juan 4:23).
MARCAS DE SALVACIóN
El Señor me recordó escribir sobre aquellos que dicen ser salvos, pero
nunca van a la iglesia ni comparten con otros cristianos. Algunas personas
piensan que el bautismo en las aguas es lo que los salva.
El Señor me dijo que los únicos que son verdaderamente salvos son aquellos que
viven de acuerdo a sus mandamientos y caminan en el Espíritu Santo.
Todo aquel que crea en Él, debe
amarlo con todo su corazón y tener comunión con otros
cristianos. Dios también espera que se congreguen
y den sus diezmos y ofrendas. Aquellos que no pueden asistir a
la iglesia deben dar sus diezmos y ofrendas a la iglesia local o cualquier otra iglesia cristiana. Aquellos que trabajan los domingos, pero desean ir a
la iglesia, deben buscar la manera de hacerlo. Jesús me dijo: "Todo
aquel que sea salvo debe compartir mi Palabra y adorarme con otros, como uno
solo. Quienes no pueden ir a la iglesia,
deben orar por los pastores, las iglesias y la salvación de los
perdidos".
JESÚS Y LOS NIÑOS
Aún cuando los niños están en una temprana edad, el Espíritu de Dios
busca salvarlos. Cualquier padre que conoce la Palabra de Dios y
no la enseña a sus niños ni los lleva a la
iglesia, son culpables de grave pecado.
Aquellas mujeres que han tenido abortos o las madres cuyos niños
murieron antes de la edad de siete años, necesitan saber que estos niños están con el Señor Jesús en su reino. No importa si
los padres de los niños son creyentes o no, ellos están con Jesús. Todo
padre o madre que vaya al reino de los cielos podrá ver a cualquier niño que
haya perdido. Escribo todas estas cosas porque el Señor quiere que así lo haga.
ORDENADA POR DIOS
La mañana del 4 de abril de 2002, después de haber orado en la presencia
de Dios, el Señor me dijo estas palabras: "Te ordeno': Al instante un fuerte poder vino sobre todo mi ser, y un gran
ruido salió de mi boca. El ruido emanaba de mi estómago y sonaba muy
fuerte.
Ambas manos se extendieron hacia la dirección donde el Señor estaba
parado. Esto duró por unos momentos, entonces mis manos se posaron sobre mi
pecho. En unos momentos, el poder salió de mi cuerpo.
El Señor me había dicho que me había ordenado para el ministerio. Entonces dijo: "Es tiempo de que todas
mis promesas para ti comiencen a cumplirse". El Señor me
había ordenado en muchas ocasiones. Este mismo día, después de haber orado por
segunda vez, otra gran descarga de poder vino
sobre mí y entró en mi cuerpo. Mis manos temblaban muy rápidamente, y luego de un rato comenzaron a
aplaudir muy fuerte. Este temblor y aplaudir de mis manos duró por
espacio de cuarenta minutos.
ACERCA DE LOS ÁNGELES EN EL CIELO
Tuve experiencias con dos ángeles diferentes, un varón y
una fémina. Hace alrededor
de dos años, al estacionar mi auto en un centro comercial, vi un hombre
joven que venía directamente hacia mí, como si me conociera. Él se paró frente a mí. Le pregunté qué deseaba y me dijo
que necesitaba una ayuda económica. Le dije que él era joven y de buena presencia, y le
pregunté por qué no buscaba un trabajo. Él me dijo que venía
de Canadá y le era muy difícil encontrar trabajo. Le pregunté si sabía acerca de Jesús, y me contestó afirmativamente. Así que le dije que yo asistía a la Iglesia Para Todas
las Naciones, y lo invité a asistir
para que alguien lo ayudara a conseguir un trabajo. Él me dijo que conocía mucho acerca de nuestra
iglesia. Le hablé de Jesús, lo abracé
y oré por Él. Le di algún dinero, y le dije que se asegurara de ir a
nuestra iglesia. Nunca más lo volví a ver.
Él estuvo en mi mente por mucho tiempo y todavía lo
recuerdo.
Más tarde, el
Señor me dijo que Él era un ángel. Él me dijo que muchas personas interactúan con individuos y aun los maltratan, sin darse cuenta
que son ángeles.
Me encontré con una joven mujer hace alrededor de seis meses durante el servicio de adoración, al estar sentada
en el altar alabando al Señor en su
presencia. Yo estaba bajo una profunda unción, cuando alguien me tocó en el
hombro. Abrí mis ojos, y esta joven mujer estaba sentada a mi izquierda con su cara
inclinada, mirándome
con una sonrisa tan tierna, como si me conociera. La toqué en su hombro. Regularmente
nadie me toca o me habla durante la adoración. Cuando la adoración
terminó, busqué a la joven, pero no pude encontrarla.
Después del servicio, al salir al vestíbulo, vi a esta joven mujer que se parecía mucho
a ella. Me le acerqué y pregunté si ella me había tocado mientras estaba adorando en el culto. Ella me dijo que no, así que le pregunté si deseaba el manuscrito de ¡El
cielo es tan real.; y lo recibió con alegría. Desde ese momento,
tuve un sentimiento especial por ella.
Su nombre es Julie. El siguiente fin de semana,
llegó a la iglesia y se sentó al
lado mío. Nunca antes la había visto, hasta el día que le di el manuscrito. Yo voy al servicio de las 9:00 A.M. y ella viene al de
las 11:00 A.M. Ella
me espera fielmente en el vestíbulo cuando salgo del santuario. Vive a una hora
y media de la iglesia, y viene a esta iglesia porque
ama los mensajes del pastor. Es una madre soltera con tres niños
Un par de meses más tarde, me
dijo que yo era su ángel. Le pregunté por qué, y ella me respondió que tres días antes de haberme conocido,
ella se sentía muy triste, y estaba orando y llorando, pidiéndole
a
Dios que le enviara un ángel. Al cabo de tres días, me conoció y yo le di el
manuscrito. Me
dijo que ese fue el día más feliz para ella, y que, desde que me conoció, se siente muy feliz y tiene que verme cada
fin de semana para sentirse
satisfecha.
Después de decirme acerca del ángel, me di cuenta de que la mujer joven que tocó mi hombro
era un ángel que me guió a Julie. Nunca había
visto una sonrisa tan tierna.
El Señor me
dijo que ella era un ángel para dirigirme a Julie, porque Julie necesitaba ayuda.
El Señor también me dijo que Julie es una hija muy
especial para Él. Me doy cuenta que Julie verdaderamente ama al Señor más que a nada ni a nadie en este mundo.
Ella es una hermana muy bendecida. Yo la amo.