EL VELO RASGADO- POR GULSHAM ESTHER
EL VELO RASGADO
POR GULSHAN ESTHER Y THELMA SANGTER
POR GULSHAN ESTHER Y THELMA SANGTER
Mis ojos se llenaron de lágrimas. No estoy pensando en esos impedimentos. Sólo lo que Jesús Emmanuel me mostró. El me levantó y me dio luz. Quiero saber más acerca de El, y El me envió a usted para recibir ayuda. Por favor, ayúdeme. Como respuesta me dio un Nuevo Testamento en urdu y un libro llamado Los Mártires de
Cartago.
Luego hizo una hermosa oración, cuyas palabras expresaron sentimientos
tan simples como la hermandad y la bondad. Me sentí fortalecida. Al
salir de su casa volví a tomar una tonga, para regresar a casa de Razia y
estar a tiempo para el almuerzo. No hablé sobre mi viaje y sólo dije:
Conseguí lo que buscaba, pero el problema no está resuelto aún. Entonces
cambié de tema y nos reímos y conversamos como si nada extraño hubiera
sucedido. En eso llegó Majeed para llevarme a casa. La tía me había
estado buscando. Me miró absorta, pero me volví, sintiendo como si lo
que había experimentado estuviera escrito en mi rostro. ¿Cómo estaba
Razia? preguntó. Bien, tiene algunos alumnos buenos y está contenta
porque su hermana se ha casado. Es una lástima que no la hayan casado a
ella, pero supongo que la familia no tiene dinero para la dote. Es
cierto. Aún necesita tomar alumnos para ayudar a sus padres, pues el
negocio que tienen es pequeño. En otros tiempos ese tipo de chismes nos
hubiera entretenido por varias horas, -pero la nueva Gulshan tenía ahora
temas mucho más interesantes. Me disculpé, fui a mi dormitorio y cerré
la puerta. Después me tiré sobre la cama Y descansé. Me sentía
físicamente agotada. Esa noche comencé a leer mi Nuevo Testamento en forma secreta. ¿A qué se parecía? Pregúntele a una persona sedienta a qué se parece el agua. Pregúntele a un bebé a qué se parece la leche de la madre. Yo, que había sido alimentada con cáscaras, ahora tenía pan para saciar el hambre, y así leí la verdad sobre la vida humana Y sobre el destino, según estaba escrita en aquellas páginas
Jesucristo me dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida." Sus
palabras registradas en los evangelios iluminaron mi entendimiento. Nunca había podido entender el Corán sin ser guiada. Este libro era distinto a todos abrió
mis ojos espirituales. Sus historias cobraban vida a medida que las
leía. En mi asombrosa visión encontré a los doce discípulos que habían
acompañado a Jesucristo ..Hallé, palabra por palabra, la oración que había aprendido a los pies de Jesús Emmanuel.
Descubrí el significado de ese nombre precioso que se me había dado en la visión:
“Yo soy Jesucristo. Yo soy Emmanuel... Dios con nosotros."
Descubrí el significado de ese nombre precioso que se me había dado en la visión:
“Yo soy Jesucristo. Yo soy Emmanuel... Dios con nosotros."
Me
habían enseñado a pensar acerca de Dios como un ser remoto e
inalcanzable. Aquí estaba, por fin, la explicación del poder divino de
Jesucristo y de su misión: El podía resucitar a los muertos porque era
el Señor de la vida. Prometió venir otra vez, porque vive para siempre.
Tiene poder por la eternidad, porque es Dios y no simplemente un
profeta. "Yo soy el camino, la verdad y la vida." Ahora comprendía eso como la verdadera síntesis de la singular Persona que es Jesucristo. Al continuar mi lectura encontré
pasajes referentes al bautismo. Leí en Marcos 1:9-11 que Jesús fue
bautizado. En Romanos-6:4 leí: A fin de como Cristo resucitó de los
muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida
nueva." Vida nueva. Eso era lo que estaba experimentando, como si
me hubiera sumergido en una fresca corriente de agua que brotaba,
trayendo una vida estimulante a cada parte de mi ser. Ese bautismo era
una señal y un sello de esa experiencia. Mientras meditaba en eso, se
presentó delante de mí una figura, de una joven triste, sentada sobre un
taburete, mientras sus criadas derramaban sobre ella el agua del pozo
de Zamzam. Zamzam, el agua de vida, no había limpiado mis pecados ni
había traído vida a mi carne muerta. Jesucristo me había dado el agua
espiritual de la vida para mi cuerpo paralizado y para mi alma. Ahora
quería ser sepultada con El en el bautismo. Pensé en eso, aunque no
comprendía plenamente todo el poder de lo que estaba contemplando, ni
tampoco qué cambios produciría en mi vida... He testificado me dije a
mí misma . Entonces he hecho lo que Jesucristo me pidió. Puedo ser
bautizada y luego volver aquí y vivir la vida nueva, ¿no es así? La
pregunta flotaba en el aire, sin ninguna voz que la confirmara o la
negara. Pero el rostro de mi padre se presentó delante de mí y sentí un
dolor como si me hubieran clavado un cuchillo en el corazón. "Oh, padre, perdóname, pero tengo que seguir a Jesucristo, quien me ha sanado."
En mi aflicción hablé en voz alta. De inmediato, una profunda paz vino
sobre mí y di por cierto que ese era el Camino recto que debía seguir.
Nada ni nadie podría detenerme ahora. El 12 de marzo había terminado de leer el Nuevo Testamento. También había leído de corrido Los Mártires de Cartago.
Estaba lleno de historias sobre los primeros cristianos que fueron
arrojados a los leones quemados en el fuego y tratados en formas
indescriptibles y habían permanecido fieles. Comprendí el mensaje que me
trasmitía. No cambié mi decisión
en lo más mínimo,
en lo más mínimo,
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