CARTAS DE SAN JERÓNIMO
A MARCELA,
SOBRE LA MUERTE DE LEA
Conocemos ya a Marcela,
la noble viuda romana que hizo de su palacio del Aventino un cenobio ( Nota del blog.
Monasterio, actividades de meditaciones
religiosas) de vírgenes y
atrajo a Jerónimo a que diera en él sus famosas lecciones bíblicas.
El
año 340, cuando Marcela era una niña,
se hospedó justamente en su palacio San Atanasio, que acudió a
Roma huyendo la persecución arriana de Alejandría. Entonces
columbró Marcela por vez primera el ideal monástico, que la atraería
definitivamente después de su temprana viudez: Nulla eo tempore nobilium
feminarum noverat Romae propositum monachorum, nec audebat propter
rei novitatem ignominiosum, ut tune putabatur, et vile in populis
nomen as su mere. Haee (i.e. Marcella) ab
Alexandrinis prius saeerdotibus papaque Athanasio et postea Petro, qui
perseeutionem Arianae aeresis declinantes, quasi ad zutissimutn
communionis suae portum conjugerant, vitam beati Antonii, adhue
tune viventis, monasteriorumque in T hebaide Paehumii et virginum ac
viduarum didicit disciplinam, nec erubuit profiteri quod Cbristo
plaeere eognoverat (Epist. 127,5).
ore
cantabunt: osanna in excelsis; benedictus, qui uenit in nomine
Domini, osanna in excelsis . Tune centum quadraginta quattuor milia
in conspectu throni et seniorum tenebunt citharas et cantabunt canticum nouum,
et nemo poterit scire canticum illud nisi numerus definitus: hi sunt, qui
se cum mulieribus non coinquinauerunt-uirgines enim perrnanserunt+';
· Quotienscumque te uana saeculi delectarit ambitio, quotiens in rnurido
aliquid uideris gloriosum, ad paradisum mente transgredere; esse incipe quod
futura es, et audies ab sponso tuo: pone me sicut signaculum .. in corde
tuo, sicut signaculum in brachio tuo, et opere pariter ac mente rnunita
clamabis: aqua multa non poterit extin guere carttatern et flumina·
non cooperient eam.
208 . Esta última frase nos retrata bien la
energía del alma de Marcela, descendiente de conquistadores romanos: No se avergonzó de hacer,
contra. viento y marea de lo que se pensaba en Roma, lo que conoció del agrado
de Cristo, e hizo de su palacio un monasterio. Allí
está un día explicando Jerónimo un punto del salmo 72, «hacia las nueve de la mañana», cuando llegó la noticia de la muerte de Lea. Por el mismo tiempo murió
también el consul designatus Vettio Agorio Pretextato, que hubiera
entrado en funciones el año 385 .. Jerónimo aprovecha la coyuntura para
dirigir a Marcela esta carta {la primera de las dieciséis que están a ella
dirigidas),
en que, tras el elogio de Lea, se traza un paralelo entre la suerte de la santa
viuda cristiana y
el cónsul pagano. Es grato imaginar que la carta fue leída al
comienzo de la lección bíblica del día siguiente y
la impresión de su último párrafo en las nobles oyentes (allí estaban Paula y Eustoquia) hubo de ser profundísima.
Fecha: Otoño de· 384.
l. Hoy, a eso de las nueve de la
mañana, habíamos empezado a leer el salmo. 72, es decir, el comienzo del
libro tercero del Salterio, y hubimos de explicar cómo parte de su título
pertenece al fin del libro segundo y parte al principio del tercero. Es deci:r,
que las palabras: Terminan los himnos de David, hijo de Jessé, es la conclusión del libro
anterior; las otras, empero: Salmo de Asaf, son comienzo del siguiente (cf.
Ps 71,20); 72,1). Habíamos
llegado al paso en que habla el justo y dice: Yo. decía: Si de este modo
hablara, reprobaría la casta de tus hijos (Ps 72,15), texto que tiene otra versión en los códices
latinos, cuando nos llegó la noticia de que la santísima Lea había
salido del cuerpo. Allí te vi ponerte hasta tal punto descolorida, que realmente pocas son, si hay alguna, las
almas que, al romperse este vaso de arcilla, no sientan tristeza. Tú, a la verdad, no te dolías
por estar incierta de su suerte futura, sino por no haberle tributado el triste
obsequio del funeral. Finalmente, hablando que
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AD MARCELLAM DE EXITV LEAE
l. Curn hora ferme tertia hodiernae diei septuagesimum secundum
psalmum, id est tertii libri principium, legere coepissemus, et docere·
cogeremur tituli ipsius partern ad finem secundi libri, partem ad principiurn
tertii libri pertinere---quod scilicet defecerunt hymni Dauid, [ilii Les se, fínis esset prioris, pselmus
uero Asapb principium sequentis-et usque ad eum locum peruenissemus in quo
iustus loquitur: dicebam: si narrauero sic, ecce generationem [iliorurn
t uorttm prae uaricazus sum, quod in Latinis codicibus non ita habemus expressum,
repente nobis nuntiatum est sanetissimarn Leam exisse de corpore. Ibique -ita
te palluisse conspexi, ut uere aut pauca aut nulla sit anima quae fracto uase
testaceo non tristis erumpat. Et tu quidem, non quod -futuri incerta esses
dolebas, sed quo triste funeri
hablábamos,
nos llegó la nueva noticia de que sus restos habían: sido ya trasladados a
Ostia.
2. Acaso preguntes a qué viene esta repetición. Pues te responderé con palabras
del Apóstol que viene en gran manera a cuento. Primero, porque todos hemos de
alegrarnos de que Lea, pisoteado el diablo, haya recibido ya la corona de la
seguridad; segundo,
. para relatar sucintamente su vida; tercero,
para despojar al cónsul electo de sus pompas seculares y afirmar que
está ahora en el infierno. Ahora bien, ¿quién
será capaz de ensalzar como es· razón la vida de
Lea? La cual primeramente de manera tan total se convirtió a Dios, que vino a ser prelada de un monasterio, madre de
vírgenes.
Después de los blancos
vestidos,
consumió sus:
miembros en un saco; pasaba las noches orando y enseñaba a sus: compañeras más
con el ejemplo que
con palabras. Fue
de tan grande humildad y sujeción,
que la antigua señora de muchísimos parecía ahora criada de un
hombre. Si bien tanto era más esclava de
Cristo
cuanto nadie la
tenía por señora de hombres. Su vestir era sin curiosidad; la comida, pobre; la cabeza, desaliñada; pero
todo esto de
manera que huía de todo punto la ostentación, pues: temía recibir su galardón
en este mundo.
3. Ahora, pues, por un breve trabajo, goza de la beatitud· eterna, es recibida
por los coros de los ángeles, regalada en el' seno de Abrahán y juntamente
con Lázaro, el pobre de antaño; ve cómo el rico
vestido de púrpura, cónsul
electo, pero no investido
de la toga palmada, está
pidiendo la gota de agua que pueda caer del
dedo meñique. ¡ Oh trueque de las cosas! El
que pocos; días antes
iba precedido de los más altos dignatarios, el que subía·
obsequium
non dedisses. Denique in mediis fabulis rursurn didicimus rel iquías eius iam Ostia fuisse delatas.
2. Quaeras quo pertineat ista replicatio? respondebo tibi uerbis apostoli : multum
per omnem modum, Primum, quod uniuersorum gaudiis. prosequenda sit
quae calcato diabolo coronam iam securitatis accepit; secundo, ut eius uita
breuiter explicetur; tertio, ut designatum consulern de suis saeculis
detrahentes esse docearnus in tártaro. Equidem conuersationem Leae nostrae quis
possit digno eleuare praeconio? ita eam totarn ad Dominum fuisse conuersam ut
monasterii prínceps, mater uirginurn fieret; post mollitiem uestium sacco
membra triuisse; orationibus duxisse· noctes, et comites suas plus exemplo
docuisse quam uerbis. Humilitatis tantae tamque subiectae, ut quondam domina plurimorum
ancilla hominis: putaretur, nisi quod eo Christi magis esse ancilla dum domina
hominum non putatur. Inculta uestis, uilis cibus, neglectum caput, ita tamen ut
cum omnia faceret ostentationem fugeret singulorum, ne reciperet in. praesenti
saeculo mercedem suam. 3. Nunc igitur pro breui labore aeterna beatitudine
fruitur: excipitur angelorum choris, Abrahae sinibus confouetur, et cum paupere
quondam Lazara diuitem purpuratum, et non palmatum consulem, sed sacratum,
stillam digiti minoris cernit inquirere. O rerurn quanta mutatio ! ille,
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24. A MARCELA
a la ciudadela del Capitolio como si celebrara el triunfo
por la victoria de los enemigos,
al que el pueblo romano
recibió entre aplausos y con una especie de danza general, y a cuya muerte se
.conmovió toda la ciudad, ahora se ha quedado solo y desnudo y mora,
no como_ su mujer infortunada se imagina, en un palacio lácteo del cielo, sino entre inmundicias y tinieblas. Esta, empero, •que vivió
encerrada en la estrechez de una sola habitación; ésta, ·que parecía pobre y
humilde, cuya vida era reputada por desatino, sigue ahora a Cristo y dice: Todo
lo que habíamos oído lo hemos visto en la ciudad de nuestro Dios, etc.
(Ps 47,9). 4. Por lo cual yo os amonesto y con lágrimas y gemidos os conjuro
que, en tanto vamos corriendo la carrera de esta vida, no tengamos dos túnicas,
es decir, no nos vistamos de doble fe; no nos agravemos con las pieles de los
calzados, es
decir, con obras muertas;
no nos incline hacia tierra la alforja de las riquezas; no busquemos el apoyo
de la vara, es decir, de la potencia secular; no queramos poseer a par a Cristo
y al siglo( sistema mundano).
No, a lo breve y caduco suceda lo eterno, y,
pues, por lo que al cuerpo atañe, cada día nos morimos antes de hora, no nos
tengamos en lo demás por eternos, a fin de poder ser un día eternos.
AD MARCELLAM DE VITA ASELLAE l. Nemo reprehendat quod
in epistulis aliquos aut Jaudamus aur carpimus, cum et in arguendis malis sit
correptio ceterorum et in optimis praedicandis bonorum ad uirtutem studia
concitentur. Nudius tertius de beatae mernoriae Lea aliqua dixeramus; ilico
pupugit animum et mihi uenit in mentem non debere nos tacere de uirgine, qui de
secundo ordine castitatis Jocuti sumus. Igitur Asellae nostrae uita breuiter
explicanda est, cui quaeso ne hanc epistulam legas-grauatur quippe Jaudibus
suis-, sed his potius quae adulescentulae sunt legere dignare, ut ad exemplum
eius se instituentes conuersationem illius perfectae uitae normam arbitrentur.
A MARCELA, SOBRE LA VIDA DE ASELA
Paladio,
autor de la Historia Lausiaca, dedica un capítulo de ella (el 41) a la evocación, harto rápida,
por cierto, «de aquellas
mujeres varoniles, a las que Dios concedió la gracia de pasar por los mismos
combates que los hombres». Y entre las primeras nombra a Paula ( «a quien un tal Jerónimo,
de Dalmacia, fue el mayor obstáculo para que no sobrepasara a todas, dadas sus
dotes de primer orden») y a Eustoquia, que
confiesa no conocer personalmente. ·quem ante paucos dies dignitatum omnium culmina praecedebant,
-qui quasi de subiectis hostibus triumpharet Capitolinas ascendit arces, quem
plausu quodam et tripudio populus Romanus excepit, ad cuius interitum urbs
uniuersa commota est. Nunc desolatus est, nudus, non in lacteo
-caeli palatio, ut uxor conmentitur infelix, sed in sordentibus tenebris
continetur. Haec uero, quam unius cubiculi secreta uallabant, quae pauper
uidebatur et tenuis, cuius uita putabatur amentia, Christum sequitur et dicit: quaecumque
audiuimus et uidim us in ciuitate Dei nos tri, et re- 1iqua.
4. Quapropter moneo et flens gemensque contestor ut, dum huius mundi uiam
currimus, non duabus tunicis, id est duplici uestiamur fide, non calciamentorum
pellibus, mortuis uidelicet operibus, praegrauemur, non diuitiarum nos pera ad
terram premat, non uirgae, id est potentiae ·saecularis, · quaeratur auxilium,
non pariter et Christum habere uelimus et saeculum, sed pro breuibus et caducis
aeterna succedant, et cum cotidie -secundum corpus loquor-praemoriamur, in
ceteris non nos perpetuos aestimemus, ut possimus esse perpetui.
24. A MARCELA
211
Paula,
Eustoquia y Jerónimo (con tan poca
benevolencia mentado) estaban entonces
en Belén.
Pero Paladio prosigue: «También
vi en Roma a la bella Asela, virgen, de edad ya avanzada, en su monasterio,
mujer de extraordinaria
mansedumbre y muy adherida a su
convento»
(Hist. Laus. 41,4).
Paladio hubo, de visitar Roma el 405, y «teniendo en
cuenta que se había consagrado a Dios a los doce años, debía de hallarse entonces la santa virgen en los setenta y
tres de su edad»
(Vizrnanos), lo que justificaría bien el yey11po:Kvío:v de
Paladio. Hay
quien la da por hermana de Marcela; hay quien duda de este parentesco. Como quiera que sea, a San Jerónimo le quedó buen
sabor de pluma después del necrologio de Lea, y dos días después compone en vida el elogio de la
virgen: Asela, admiración que era. de Roma. Dirigida a Marcela, esta carta tiene,
evidentemente, por fin, como el epitafio de Lea, inflamar a su auditorio del Aventino en el amor
de la virginidad, es decir, de la vida consagrada totalmente a Dios. Son: aún días de calma romana. Cuando estalle la
tormenta,
a Asela le dirigirá la última carta romana, bien amarga,
por cierto, dentro ya de la nave rumbo a Oriente (Epist. 45). Fecha:
Otoño de 384, dos días después de la epístola 23.
l. Nadie
ha de censurarnos de que en nuestras cartas alabamos a unos y reprendemos a
otros, pues la reprensión de los. malos es corrección de los demás, y al alabar
a los mejores despertamos el fervor de los buenos para la práctica de la
virtud. Anteayer dijimos algo sobre
Lea, de bienaventurada memoria, y al punto sentí como un remordimiento y me vino
la idea de que no debía yo callar acerca de la virgen, ya que había hablado del
segundo grado de la castidad. Así, pues, no tengo otro remedio que contar brevemente la vida de nuestra querida Asela; sólo te ruego no le
leas esta carta a ella misma, pues se molesta
de sus. propias alabanzas. A quien puedes leerla es
a las que son aún mocitas, a fin de que se
formen conforme a sus
ejemplos y tengan la vida de ella por dechado de vida perfecta.
2.
Paso por alto haber sido bendecida en el seno de
su madre antes de nacer; que su padre la vio
virgen, entre sueños, en una copa de nítido cristal, más puro que el de cualquier espejo; que
envuelta aún
en las ropas de la infancia, cuando apenas pasaba de los diez años de su edad,
fue consagrada con el honor de la beatitud venidera. Atribúyase a la
gracia todo lo que precedió al esfuerzo, si bien Dios, conocedor de lo por
venir, santificó .a Jeremías en el seno de su madre e hizo que Juan
saltara en el de la suya y apartó a Pablo, antes de la constitución del mundo,
para el evangelio de su Hijo. Yo voy a tratar
de lo que, cumplidos sus doce años, escogió ella por su propio sudor,
lo arrebató, lo asió firme, lo comenzó y lo llevó
hasta el cabo. 3. Encerrada en las estrecheces de una celdilla,
gozaba de la anchura del paraíso. El mismo suelo le servía de lugar de oración y de descanso.
Ha tenido el ayuno por un juego y el hambre por refección. Y como no la movía a
comer la gana, sino
el humano agotamiento, se
contentaba con pan y sal y agua fresca, lo que era antes despertar el hambre que no matarla. Pero
por poco me olvido de contar lo que hube de decir al principio. Al comienzo que
abrazó esta profesión vendió a hurtadillas de sus padres su collar de oro,
lo que vulgarmente se llama murenilla, que es una cadena de finas estrías de
metal que se va retorciendo. De esta manera, con el precio de esta piadosa trampa se vistió
de una túnica oscura, que jamás había podido lograr de su madre, y se
consagró repentinamente a Dios. Con ello había de entender toda su parentela que nada habría de
lograrse a la fuerza de la que ya en sus vestidos había condenado al
mundo.
2.
Praetermitto quod in matris utero benedicitur ei antequam nascatur, quod in
fiala nitentis uitri et omni speculo purioris patri uirgo traditur per quietem,
quod adhuc infantiae inuoluta pannis, uix annum .decimum aetatis excedens,
honore futurae beatitudinis consecratur; sit gratiae omne quod ante laborem
fuit, licet Deus praescius futurorum et Hieremiam sanctificet in utero et
Iohannem in aluo matris faciat exultare, et Paulum ante constitutionem mundi
separet in euangelium filii sui; ad ea uenio quae post duodecimum annum sudore
proprio elegit, arripuit, tenuit, coepit, inpleuit. 3- Vnius cellulae clausa
angustiis -Jatitudine paradisi fruebatur. Idem terrae solum et orationis locus
extitit et quietis. Ieiunium pro Judo habuit, inediam refectionem; et cum eam
non uescendi desideriurn sed humana confectio ad cibum traheret, pane et sale
et aqua frígida concitabat rnagis esuriem quam restinguebat. Et quia paene
oblitus sum quod in principio debui dicere, cum primum hoc propositum arripuit,
aurum colli sui, quam murenulam uulgus uocat, quod scilicet metallo in uirgulas
lentescente quaedam ordinis flexuosi catena contexitur, absque parentibus uendidit,
et tunicam fusciorem, quam a matre inpetrare non poterat, pio induta
negotiationis auspicio se repente Domino consecrauit, ut intellegeret uniuersa
cognatio non posse ei aliud extorqueri quae iam saeculum damnasset in uestibus.
4. Pues, como había comenzado a decir, siempre
se portó con tal modestia y se mantuvo tan oculta en lo secreto de su aposento,
que jamás se presentó en público ni supo lo que era hablar a un hombre
y, lo que es más de admirar, amaba más que veía a una hermana virgen. Trabajaba con
sus manos, sabiendo que está escrito: El que no trabaja, que tampoco coma (2
Thess 3,10). Hablaba
con su Esposo orando o cantándole salmos, visitaba a toda prisa las
memorias de los mártires sin ser apenas vista, y, no obstante la
alegría que le daba su profesión, en lo que sobre todo se gozaba era en que nadie la
conociera. Todo el año se alimentaba de continuo
ayuno, permaneciendo así dos y hasta tres días seguidos; pero en la
cuaresma desplegaba las velas de
su navío y, sin perder la alegría del semblante, enlazaba casi todas las
semanas. Y
con este régimen-cosa que acaso parezca a los hombres imposible, pero que puede
Dios hacer perfectamente-ha llegado a la edad de cincuenta años sin saber lo
que es un dolor de estómago ni resentirse del descuido de sus entrañas. La seca tierra no quebrantó
jamás sus miembros tendidos sobre ella, ni su cutis, rugoso por el saco,
contrajo nunca mal olor o suciedad alguna. Sana
siempre de cuerpo y más de alma, tuvo la soledad por sus delicias
y, en ]a urbe turbulenta, supo hallar el yermo de los monjes. 5. Realmente, todo esto lo sabes tú misma mejor que yo, y de ti he aprendido
yo lo poco que sé. Tú has visto por tus propios
ojos cómo, por la frecuencia de la oración,
se le han encallecido, a manera de camellos, las rodillas de su santo corpezuelo. Nosotros
contamos lo que podemos ver. Nada más alegre que su severidad; nada más severo
que su alegría. Nada más triste que 4. Sed, ut dicere coeperamus, ita se
sernper rnoderate habuit et intra cubiculi sui secreta custodiit, ut nurnquarn
pedern proferret in publicurn, numquarn uiri nosset adloquiurn et, quod rnagis
sit adrnirandum, sororem uirginern arnaret poti us quarn uideret. Operabatur
rnanibus suis sciens scripturn esse: qui 12012 op eratur, nec manducet,
Sponso aut orans loquebatur aut psallens, ad martyrum lirnina paene
inuisa properabat, et cum gauderet proposito suo, in eo uehementius exultabat
quod se nullus agnosceret. Curnque per ornnem annurn iugi ieiunio pasceretur
biduo triduoque sic permanens, tum uero in quadragesirna nauigii sui
uela tendebat ornnes paene ebdomadas uultu laetante coniungens. Et, quod
inpossibile forsitan horninibus ad credendum, Deo praestante possibile est, ita
ad quinquagenariarn peruenit aetatem ut non doleret stomachus, non uiscerum
cruciaretur incuria, non sicca humus iacentia mernbra confringeret, non sacco
asperata cutis fetorern aliquem situmque contraheret, sed sana corpore animo
sanior, solitudinern putaret esse delicias, et in urbe turbida inueniret
heremum rnonachorurn. 5. Et haec quidem tu rnelius nosti, a qua pauca
didicirnus, et cuius oculis durities de genibus camelorurn in illo sancto
corpusculo· per orandi frequentiam obcalluisse perspecta est. Nos quod scire
possumus explicamus; nihil illius seueritate iocundius, nihil
iucunditate seuerius, nihil risu tristius, nihil tristitía suauius. Ita pallor
in facie est, ut curn continentiam