sábado, 28 de abril de 2018

79-80 RECORDACION FLORIDA-CUILCO

RECORDACION FLORIDA
   Recordación Florida, Francisco Antonio se Fuentes y Guzmán Biblioteca “Guatemala” de la Sociedad de Geografía e Historia, Tipografía Nacional Guatemala. M. C. M. XXX III .Historia General de Guatemala. Asociación de Amigos del País. Fundación para la Cultura y el Desarrollo. Guatemala 1.933.
Por  Capitán ANTONIO DE FUENTES Y GUZMAN
CORREGIDOR DE HUEHUETENANG
terreno en todos tiempos se tiene toda esta vía empalizada de gruesos é incorruptibles maderos, que á causa de su naturaleza y por ocasión del río que allí nace en el rancho de la Ventosa, y quieren sea la cabecera del de Chiapa que va al Norte, mas no lo es sino, ramo, por que el que le forma y dá principio es el río del Molino de Chiantla, que llaman de Diego López; mas este de la Ventosa que corre tortuoso,por la quebrada del camino y pasa cuarenta y siete veces por otros tantos copantes que son unas ,angostas pontezuelas de maderos, hasta entrar al lugar de Cuchumatlán, que forma su vecindad con el número de doscientos tributarios y su producto de ochocientos, habitadores. Pero su fundación plantada á la ladera de un monte de aquellos que la cercan, es barrancosa y de penosas callejuelas,, su Yglesia parroquial cubre su Yglesia de teja muy escelente, y está adornada y proveída de buenos ornamentos. Los indios son laboriosos y aplicados, por donde logran grandes, cosechas de maíz, frizoles, habas, mochó, chile del que llaman guaqui, y en los portages de gran carguío que.va y viene la, vía de México considerable suma de pesos; esto á más de las crianzas desganado menor, hilados y tejidos, y otra muy gran porción que se interesan en más de dos mil botijas de sidra que fabrican de dilatados manzanares que se cultivan y venden á su tiempo á veinte y cuatro reales cada botija, y lo que logran en mucho metal campanil que sácan de uno de aquellos que apuntamos, de que funden hachuelas que venden á los demás indios de otros pueblos, y ojalá que nosotros las rescatáramos.
Mas el otro pueblo de los cuatro de esta visita, q. es el de San Martín Cuchumatlán, que mira su situación al Occidente, se aparta del de Cuchumatlán á cuatro leguas de camino, de peor y más peligrosa senda del que dejamos advertido de Chíantla á Todos los Santos; por que este de San Martín que ahora describimos se hace por una ladera de un bermejal de greda muy resbaladiza, por donde á veces se sube y á veces se baja, pasando por angosturas y despeños de mucha y temerosa profundidad. Su temperamento medio entre caliente y frío, hace más pingüe y abundante el país de su terreno. La vecindad de veinte tributarios, forma el corto pueblo de ochenta habitadores, con pobre y corta Yglesia y habitación del Ministro que se constituye miserable fábrica de bajareque, con la cubierta de paja, y así á el respecto en su adorno y en su ajuar, pues todo se compone de un frontal, casulla y a'ba, y un caliz y vinageras de plata. Pero no así el lugar de Aguacatlán y Chialtchitlán, que se divide en estas dos parcialidades, que á cinco  leguas de distancia de 'la cabecera se emprende su viage á razonable comodidad, haciendo lo más de la jornada por tierra llana y de' terreno firme, que solo se corta en#dos tránsitos, el uno que baja á dar en una quebradilla, y otro para un pequeño arroyo que llaman Ucubilá que quiere significar Cubilete de agua, pero esta tierra de llanura es eminente y encumbrada de tal manera que desde allá se divisan en los días claros los dos volcanes de ;Goathemala; y lo restante del camino' hasta llegar al pueblo termina en una cuesta de más de cinco míllas. Su vecindad más numerosa que la de San Martín, es de c'ento y veinte vecinos y de cuatrocientos y ochenta habítadores de idioma especial que se reduce á una pronunciación gutural. Yace este pueblo en la planicie de un valle de capasísima llanura; el suelo de su planta que se stúa entre dos ríos y es de arenisco migajón, conserva y guarda gran parte
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de humedad, y siendo de templado temperamento, hace enfermisa su región; pero su sitio alegre y de fecunda amenidad hace apasible-su vivienda, con buena producción de trigo, maíz, frizoles, chile, anís, carneros, uvas, granadas, membrillos, higos, duraznos, plátanos y cañas de azúcar, con no menor providencia de escelente pescado, con que sus indios proveídos y colmados de todas las cosas, van en aumento cada,día, y tiene su cuidado y devoción muy buena iglesia y casa de vicario con las cubiertas de teja, y en el arreo y prevención de sacristía, buenos ornamentos y decentes. Son los indios dados, como los demás de la Sierra, al trato de los hilados y tejidos, á que se añaden la conveniencia  de que con la cría de mulas interesan mucho en lo que por razón de su tragín les contribuyen. Es la correspondencia de su pronombre Aguacatlán á nuestro castellano, de tierra de aguacates, por que produce muchos y muy buenos.
CAPITULO XII
Que continúa y termina la descripción de el Corregimiento de Totonicapa en los partidos de Cuilco, Soloma y Jacaltenango.

MARGINALES.—San Andrés CUILCO, encomienda y cabecera de curato.—Su vecindad y habitadores. — Su trato de los indios. — Frutas y situación de este pueblo. — Vetas de cobre en estas serranías. — Río de Cuílco considerable, abundante de buen pescado. — Higuerilla, sus utilidades y socorro medicinal. — Aceite de higuerilla, mal uso de semejante óleo en las lámparas. — Estampa que representa la higuerilla, sus erizos y piñones. — Tectitlán. — Su vecindad. — Motozíntle, — San Gerónímo. — Su vecindad Mazapa. — Vecindad de este pueblo,
Hemos deseado sin que se falte á lo preciso por nuestra parte y diligencia, dar cumplimiento á la descripción de este Corregimiento de Totonicapa; mas la estensión de su territorio y sus anexos y agregados, que le han constituido en estimable jurisdicción, no nos permite la concisión que pretendemos. Será preciso desde la parte de Levante á donde situamos la planta de Chia'chitlán y Aguacatlán, pasar al Occidente, en cuyo rumbo y progresión del pueblo que describimos de Ystaguacán, encontraremos después de propasado su grande y noble río, el pueblo y encomienda de Cuílco, lugar de moderada vecindad, pues su padrón le constituye con solo el número de ciento y vente tributarios, que su producto se multiplica al de cuatrocientos y ochenta habitadores, q. se mantienen y utilizan á las espensas de los repartimientos de algodón que hacen los Corregidores (como en todos los demás pueblos de esta jurisdicción y la de Quezaltenango,, sin cuyo beneficio perecieran y se acabaran). Tienen estos de Cuilco manufactura de petates, esteras de colores, alguna cosecha de bainilla, algún cacao y achiote, por ser su territorio de temperamento caliente, donde por gran producción y maravilla se logran y cojen  muchas frutas de tierra caliente y tierra fría, con muchas
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cañas de azúcar.

viernes, 27 de abril de 2018

RECORDACION FLORIDA-71-78

 RECORDACION FLORIDA
   Recordación Florida, Francisco Antonio se Fuentes y Guzmán Biblioteca “Guatemala” de la Sociedad de Geografía e Historia, Tipografía Nacional Guatemala. M. C. M. XXX III .Historia General de Guatemala. Asociación de Amigos del País. Fundación para la Cultura y el Desarrollo. Guatemala 1.933.
Por  Capitán ANTONIO DE FUENTES Y GUZMAN
CORREGIDOR DE HUEHUETENANG
sustancia que á la letra-no se espresa por no alterar con su elegante estilo y docto laconismo, el propio nuestro inculto y bronco; y este mismo suceso autenticado por el teniente general Don Gaspar Sáenz Viteri, Alcalde mayor del partido de Tótoníczüpa, de Orden del Real Acuerdo, en que parece que habiendo ido á este pueblo de San Juan Atítlán á darle misa el día del gran Doctor de la Yglesia San Gerónimo de el año de 1692; siendo la hora del medio día, se empezó á abrir en la tierra un surco bien profundo, que atravesando en longitud por medio del cementerio de aquella Yglesia, se dilató por toda la planta de aquel pueblo, y á breve espacio de tiempo se fueron abríendo y continuando• otros muchos canales como el primero muy continuados y muy juntos, y estos tan hondos y profundos, que al movimiento de sus roturas, empezó á crugir desengarado el maderage de la casa del religioso; pero advertido de este Ministro el desastre que amenazaba, yendo á la Yglesia percibió más estruendo en las maderas, y reconoció mejor su gran prudencia la instabilidad de aquel suelo abierto por muchas partes, para mandar sacar los vasos sagrados y ornamentos, imágenes, lámparas, órgano, y•campanas, no sin mucho peligro y grande riesgo de este Padre y de los que se detenían en semejante diligencia; mas ésta ejecutada á gran fervor, salió del pueblo con todos los vecinos de aquel miserable y pobre pueblo, como á las cinco de la tarde. Pero, después en los días inmediatos sacaron aquellos indios los, retablos, quedando un solo colateral que no se pudo redimir, por que creciendo el riesgo á grande ruina, dentro de poco se vino al suelo toda la Yglesia, con la casa del Ministro y las mas posesiones de aquel pueblo; y hasta las que eran de paja también cedieron á aquel castigo. De donde se deduce la• ingencía con que las grietas y aberturas aflojaron la tierra, puesto que ellas únicamente, sin temblor de tierra •que no le hubo ni antes ni después, ocasionaron tal estrago, con que quedó todo el terreno arado á surcos tan hondos y profundos como 'Cuarenta varas, sin lo que llenó de ellas el desplomo.
Y quien podrá pensar de la flaqueza de los hombres, que los de aquesta estirpe siempre errada, y en especial los de este pueblo, o por los públicos castigos, temporales, ó por los muy notables y estupendos de la justicia superior del Tribunal divino, no estuvieran sujetos y enmendados, mas se errará en la cuenta quien pensare con piedad necia é indiscreta que no se están en su malicia y sus errores; así me lo asegura por su carta de dos de Junio de noventa y tres el R. Mo. Fr. Díego'de Rivas, por estas cláusulas formales: "Huélgome mucho llegase á tiempo el ínforme de este partido, para, que lograse el suceso de el pueblo de San Juan Atiilán,en la pluma de Vmd. su debida ponderación, :en el caso y en el ;castigo que el cíelo le envió con tan inaudita ruina; bien que ;ellos poco sé dan por entendidos, puesto que ahora el mes pasado estando yo solo ;allí (por que el cura estaba ,en Necta) enterrando una india, á mis ojos le (metieron una gícara en una bola de masa de cacao en la sepultura, que no habiéndolo yo advertido al hic et asume, al día siguiente hice delante de todo el pueblo abrir la sepultura y hallé la gícara con la dicha masa; hice azotar al que la metió (que fué el marido de la •dijunta), hícele su sermón al pueblo,.y después en el propio idioma su cura. Vea Vmd. que tal anda todavía en estos hijos la superstición, y que diremos de lo ahora sucedido en Tustla &" de esto de Tustla acerca de gran tumulto

      CAPITULO XI
Que continúa la materia de los precedentes, hn relación de los pueblos de este Corregimiento de Totonicapa, y doctrina de la Sierra que está recomendada á la Religión Mercedaria.

MARGINALES.—Pueblo y convento de CHIANTLA. — Vecindad de Chíantla, — Templo y imagen milagrosa de nuestra Señora. — Milagro continuado de la Sta. Señora. — Lo que padecen los curas doctrineros con los comendadores, priores y guardianes. — Todos Santos CUCHUMATLAN. — Su peligrosa jornada. — Engaño que se padece acerca de la cabecera del río Chiapa, y cual es el que le da principio. — Vecindad de este pueblo de Cuchumatlán. — Utilidad y tratos de estos indios cuchumatanes. — San Martín Cuchumatlán. — AGUACATAN y CHIALCHITLAN. — Su vecindad de este pueblo, y su difícil y único idioma. — Su situación y temperamento. — Sus frutos deste país. — Su iglesia, y casa de el ministro.
Habíamos prometido señir á dos capítulos la descripción de este partido; mas la estensión de su país, pueblos que le componen á la jurisdicción, y su doctrina y vecindad, no á poco volumen se reduce, ni á epílogo y breve narración se sujeta, con que entendiéndonos á más severa y larga relación; continuaremos nuestro asunto con el partido y encomienda de Chíantla. Yace este pueblo de cabecera de partido y convento de encomienda á solo una, legua de distancia de el de Huehuetenango, situado en amenísima llanura, en cuya estensa proporción solo se oponen á la vista pequeños bosques de pinares que se derraman y divisan á gran distancia del poblado, cuya planicie dilatada entiende la amenidad de su campiña sobre la celsitud de grandes montes y está plantado hácia la parte del Norte con claros y limpios horizontes, muy claro y alegre cielo; pero su suelo seco y elevado á grande altura es en estremo tanto colérico cuanto frío y ocasionado de jaquecas y destemplanza de cabeza. Sus aguas flúidas y derramadas por entre tupida breña de Taray, son escelentes y saludables, de donde los indios en su idioma Mame la llaman con el pronombre de Talbin, que quiere decir agua que se bebe; y de la maravillosa especialidad de sus fuentes diremos adelante, para decir en lo que discurrimos ahora que este lugar de Nuestra Sra. de Chiantla le compone la vecindad de cien indios tributarios y de quince vecinos españoles que en su producto se reducen á quinientos y ocho habitadores de unos y otros, y estos generalmente aplicados á la crianza de ganado menor están aprovechados y en descanso, y entre los indios se halla mayor la utilidad con la que se consiguen con los hilados y tejidos. Todo lo más del aspecto material de este lugar está fabricado de teja; el convento, en claustro es escelente, y el templo es uno de los santuarios más adornados y pulidos que hay en el reino, frecuentado de romería numerosa en venerac'ón de la Santísima imagen de la virgen María Nuestra Señora Madre de Dios, cuya continuación de milagros se espresan bien en libro que he leído y está en poder del Comendador de aquel convento, que pudiera estar impreso á mayor culto de esta Señora; y solo referiremos le, que sucede ahora acerca de sus milagros; pero
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en este y en lo demás que escribiremos con nombre de milagro o título de santidad, nos con atención venerable y sujeción filia: lo sujetamos á los decretos y determinaciones de la Santa Sede Apostólica; diciendo que habiéndosele dedicado á su Majestad nuevo retablo, y colocado, en él su milagrosa y santa imagen, se vió desde aquel punto que penetrando, una luz y resplandor por el retablo á herir en la pared del respa'do, se veía entre aquella claridad una sombra aun más diáfana y alegre que la misma luz; pero el Comendador que lo era el P. Mo. Fr. Rodrigo de Valenzuela, Padre de esta Provincia Mercedaria y calificador del Santo Oficio, hizo diversos exámenes quitando las luces de los balcones del temp'o, las de las velas del altar y lámparas, y haciendo enjalvegar de nuevo la pared del respaldo; pero siempre reconoció que la luz y la sombra permanecía y que uno y otro emanaba y proviene todavía del lugar y asiento de la santa imagen, y así se ve -hoy en día con venerable admiración. Es el culto que esta Señora tiene -decentísímo y aseado,, con buena plata labrada de sacristía y ricos ornamentos; muchas lámparas,
y la principal y mayor que le donó Francisco Ruiz Lozano, vecino de la ciudad de los Reyes en el Perú, y- natural de la Puebla de los Angeles, envió para dote de su luz una barra de valor de mil y trescientos pesos.
No es la más numerosa esta doctrina de Chiantla ni es por eso la menos útil y provechosa á los vicarios ó á los comendadores, que es lo más cierto; por que así en estas encomiendas como en las otras, doctrinas de Santo Domingo y San Francisco, son los priores y los guardianes los que perciben las obenciones, contentando á los curas doctrineros con una pobre ración de cada mes, sobre que el R. Obispo Don Juan de Ortega Montañez, mostraba gran sentimiento, y refería lo que á una siesta le sucedió en Samayaque, que yendo á buscar fresco á la Yglesía halló al vicario muy divertido en el altar enmangando cacao, y preguntándole ¿qué hace, padre vicario? le respondió: Señor, estoy :hurtando un poco de este cacao (ofrenda de los indios) para nuestro chocolate. A que irritado le dijo, llenándole las mangas con lo que había, llévelo, llévelo, padre, que todo es suyo y no del guardián,que ese no es cura; y ponderaba este Prelado la miseria y abatimiento de los unos y la potestad y abundancia de los otros. Pero dejando las digresiones, pasaremos á decir de esta doctrina que la componen cuatro pueblos y cinco Pilas bautismales, con la estinguída en la Parroquia de la estancia de Ponce y de los lugares que prevalecen, el de Todos los Santos Cuchumatlán, á ocho leguas de distancia de la cabecera situado, se hace su jornada peligrosa y molesta, á grande y notable celsitud, tanto en estremo eminente y levantada, que es la primera tierra qe. se divisa por los pilotos de la navegación del Sur; mas este tránsito dilatado y con mucho riesgo, es temeroso y atendible de los progresores de su senda, por que desde que se emprende su viage desde Chiantla ó desde Huehuetenango, que añade una legua, es todo pugnar subiendo por tres leguas de cuesta peligrosa, hasta llegar á la estancia de Juan de Alvarado, de donde se camina por llanura dos, largas leguas, que en el verano se cubren de hielos y en el invierno de ciénagas y sumíderos; de donde se prosigue este camino por otras tres leguas de penosísima bajada que corre por una abra que hacen dos elevadas cordilleras, de tan mal suelo y tan iredoso,






jueves, 26 de abril de 2018

28-32 MARIA

 MARIA
JORGE ISAACS
 
Después de una pequeña cuesta pendiente y oscura, 
y de atravesar á saltos por sobre el arbolado seco de los 
últimos derribos del montañés, me hallé en la placeta 
sembrada de legumbres, desde donde divisé humeando 
la casita situada en medio de las colinas verdes; que yo 
habia dejado entre bosques al parecer indestructibles. 
Las vacas, hermosas por su tamaño y color, bramaban 
28 MARIA. 
á la puerta del* corral buscando sus becerros. Las aves 
domésticas alborotaban recibiendo la ración matutina; 
en las palmeras carcanas, que habia respetado el hacha 
de los labradores, se mecian las oropéndolas bulliciosas 
en sus nidos colgantes, y en medio de tan grata algara- 
bía, se oia á las veces el grito agudo del pajarero que 
desde su barcacoa y armado de honda, espantaba las gua- 
camayas hambrientas que revoloteaban sobre el maizal. 
Los perros del antioqueño le dieron con sus ladridos 
parte de mi llegada. Mayo temeroso de ellos se me 
acercó mohino. José salió á recibirme, el hacha en una 
mano y el sombrero en la otra. 
La pequeña vivienda denunciaba laboriosidad, eco- 
nomía y limpieza: todo era rústico, pero cómodamente 
dispuesto, y cada cosa en su lugar. La sala de la' casita, 
perfectamente barrida, poyos de guadua al rededor cu- 
biertos de esteras de junco y pieles de oso, algunas lá- 
minas de papel iluminado representando santos y pren- 
didas con espinas de naranjo á las paredes sin blan- 
quear, tenia á derecha é izquierda la alcoba de la mu- 
jer de José y de las muchachas. La cocina formada de 
caña menuda y con el techo de hojas de la misma plan- 
ta, estaba separada de la casa por un huertecillo donde 
el perejil, la manzanilla, el poleo y las albahacas mez- 
claban sus aromas. 
Las mujeres parecían vestidas con más esmero que 
de ordinario. Las muchachas, Lucia y Tránsito, lleva - 
ban enaguas de zaraza morada y camisas muy blancas 
con golas de encaje, ribeteadas de trencilla negra, bajo 
las cuales escondían parte de sus rosarios y gargantillas 
de bombillas de vidrio color de ópalo. Las trenzas de 
sus cabellos, gruesas y de color de azabache, les juga- 
ban sobre las espaldas, al más leve movimiento de los 
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piés desnudos, cuidados y ligeros. Me^ hablaban con 
suma timidez; y fué su padre quien notando eso, las 
animó diciéndolas: «¿Acaso no es el mismo niño Efrain, 
porque venga del colegio sabido y ya mozo?» Entonces 
se hicieron'más joviales y risueñas: nos enlazaban amis- 
tosamente los recuerdos de los juego's infantiles, pode- 
rosos en la imaginación de los poetas y de las mujeres. 
Con la vejéz, la fisonomía de José habia ganado mu- 
cho: aunque no se dejaba la barba, su faz tenia algo de 
bíblico, como casi todas las de los ancianos de buenas 
costumbres del país donde nació: una cabellera cana y 
abundante le sombreaba la tostada y ancha frente, y 
sus sonrisas revelaban tranquilidad de alma. Luisa, su 
mujer, más feliz que él en la lucha con los años, con- 
servaba en el vestir algo de la manera antioqueña, y su 
jovialidad y alegría dejaban comprender siempre que 
estaba contenta con su suerte. 
José me condujo al rio, y me habló de sus siembras 
y cacerías mientras yo me sumergía en el remanso diá- 
fano desde el cual se lanzaban las aguas formando una 
pequeña cascada. A nuestro regreso encontramos servi- 
do en la única mesa de la casa el provocativo almuerzo. 
Campeaba el maíz por todas partes: en la sopa de mote 
servida en platos de loza vidriada y en doradas arepas 
esparcidas sobre el mantel. El único cubierto del menaje 
estaba cruzado sobre mi plato blanco y orillado de azul. 
Mayo se sentó á mis piés con mirada atenta, pero 
más humilde que de costumbre. 
José remendaba una atarraya mientras sus hijas, lis- 
tas pero vergonzosas, me servían llenas de cuidado, 
tratando de adivinarme en los ojos lo que podía faltar- 
me. Mucho se habían embellecido, y de niñas loquillas 
que eran se habían hecho mujeres oficiosas. 
Apurado el yaso de espesa y espumosa leche, postre 
de aquel almuerzo patriarcal, José y yo salimos á re- 
correr el huerto y la roza (i) que estaba cogiendo. El 
quedó admirado de mis conocimientos teóricos sobre 
las siembras, y volvimos á la casa una hora después para 
despedirme yo de las muchachas y de la madre. 
Pásele al buen viejo en la cintura el cuchillo de 
monte que le habia traido del reino (2), al cuello de 
Tránsito y Lucia bonitos rosarios, y en manos de Luisa 
un relicario que ella habia encargado á mi madre. Tomé 
la vuelta de la montaña cuando era medio dia por filo, 
según el exámen que del sol hizo José* 
CAP X
A mi regreso, que hice lentamente, la imágen de 
María volvió á asirse á mi memoria. Aquellas sole- 
dads, sus bosques silenciosos, sus flores, sus aves y sus 
(1) Llámase así en el país el lugar que se roza, la plantación que en él se 
hace, y la cosecha. 
(2) Cundinamarca. 
aguas, ¿por qué me hablaban de ella? ¿Qué había allí de 
María? en las sombras húmedas, en la brisa que movía 
los follajes, en el rumor del río Era que veía el 
Éden, pero faltaba ella; era que no podía dejar de 
amarla, aunque no me amase. Y aspiraba el perfume 
del ramo de azucenas silvestres que las hijas de José 
habían formado para mí, pensando yo que acaso mere- 
cerían ser tocadas por los labios de María: así se ha- 
bían debilitado en tan pocas horas mis propósitos he- roicos de la no- 
che. 
Apenas llegué á Casa, me dirigí al costurero de mí madre: María es- 
taba con ella; mis hermanas se habían ido al baño. 
María después de contestarme el saludo , bajó los ojos sobre la cos- 
tura. Mí madre se nanifestó regocijada por mi vuelta; 
pues alarmados en casa con la demora, habian enviado 
á buscarme en aquel momento. Hablaba con ellas pon- 
derando los progresos de José, y Mayo quitaba con la 
lengua á mis vestidos los codillos que se le habían 
prendido en las malezas. 
 Levantó María otra vez los ojos, fijándolos en el 
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MARIA. 
ramo de azucenas que tenia yo en la mano izquierda 
mientras que me apoyaba con la derecha en la escope- 
ta; creí comprender que las deseaba, pero un temor 
indefinible, cierto respeto á mi madre y á mis propó- 
sitos de por la noche, me impidieron ofrecérselas. Mas 
me deleitaba imaginando cuán bella quedaria una de 
mis pequeñas azucenas sobre sus cabellos de color 
castaño luciente. Para ella debian ser porque habia 
recogido durante la mañana azahares y violetas para el 
florero de mi mesa. Cuando entré en mi cuarto no vi una 
flor allí. Si hubiese encontrado enrollada sobre la mesa 
una víbora, no hubiera yo sentido emoción igual á la 
que me ocasionó la ausencia de las flores: su fragancia 
habia llegado á ser algo del espíritu de María que va- 
gaba á mi alrededor en las horas de estudio, que se me- 
cía en las cortinas de mi lecho durante la noche!.... Ah! 
¿con qué era verdad que nó me amaba? ¡con qué habia 
podido engañarme tanto mi imaginación visionaria! Y 
de ese ramo que habia traído para ella, ¿qué podia yo 
hacer? Si otra mujer, pero bella y seductora, hubiese 
estado allí en ese momento, en ese instante de resenti- 
miento contra mi orgullo, de resentimiento con María, 
á ella lo hubiera dado á condición de que lo mostrase á 
á todos, y se embelleciera con él. Lo llevé á mis labios 
como para despedirme por última vez de una ilusión 
querida, y lo arrojé por la ventana. 



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