sábado, 12 de noviembre de 2016

DICIEMBRE 1869- QUEMA DE VILLA DE HUEHUETENANGO

 DICIEMBRE 1869- 
QUEMA DE VILLA DE HUEHUETENANGO
Por Samuelson CiudaddePaz

Diciembre , día cinco, año de mil ochocientos sesenta y nueve
Amanece el bello pueblo de Huehuetenango con un frio viento 
que eleva alto el polvo  y las hojas de los árboles mueve                                                          A sus ocupaciones cotidianas sumáse un grave pensamiento


¿Será el día de hoy¿ cuándo ataque el fiero Mariscal Serapio Cruz

 !Dios!, no  olvides que somos pacíficos y gentes buenas 
  !Ayudanos por tu amado hijo, Jesús
y a tu iglesia llevaremos fragantes azucenas.

"Tata Lapo", hombre Bárbaro,  de la iglesia.duro azote
 Feroz caudillo,comandante de rebeldes analfabetas
a la espalda de los indios,   para el incendio cargó buen ocote
y espera buen botín llevar en sus carretas.

Aquilino Gómez Calonge, de Huehuetenango era el Corregidor interino 
 Serapio Cruz, pretendia la Plaza. le rindiese
Gómez Calonge, español, sabía Dios por qué a esta población vino
firmemente determinado a defenderla ,así Cruz la incendiase

   ¡Ya vienen los malvados! !Ya vienen  los diablos! gritaban las ancianas
escúchase el toque del clarín que anuncia a los atacantes fieros
mientras las viejecitas dicen que no respetarán sus canas
!ALERTA! !ALERTA! gritan los centinelas a sus compañeros 








viernes, 11 de noviembre de 2016

ANDRES DUNN Y EL PURGATORIO

El purgatorio era el siguiente tema
Padre D.: —¿Conque ya no crees en el purgatorio desde que leíste el Testamento?
Andrés: —No encuentro cosa alguna semejante a eso en él, señor.
Padre D.: —¿De veras no puedes? Qué extraño. Tantos hombres grandes lo encontraron. ¿Qué supones que quería decir San Pablo cuando dijo: «El fuego probará la obra de cada uno cual sea» (1 Corintios 1:3)?
Andrés: —Yo veo que el significado está muy claro, señor. Si usted lee el pasaje verá que el apóstol está hablando de las diferentes doctrinas enseñadas por diferentes personas después que haya sido puesto el fundamento de la verdad. Él compara algunas de estas cosas a «oro, plata, piedras preciosas,» lo cual significa sana doctrina; y algunas a «madera, heno, hojarasca,» hablando de la falsa doctrina. Ahora nos dice que todos estos pasarán una prueba al fin, y ¿qué es más adecuado para probar los diferentes materiales de que habla que el fuego? Si las doctrinas fuesen como oro, plata, piedras preciosas, sabemos que no recibirían daño por el fuego, sino más bien, lo contrario. Pero si fuesen semejantes a madera, heno, hojarasca, serían consumidas por el fuego. Pero ¿qué tiene que ver esto con un lugar en donde se queman las almas de los hombres para purificarlas y prepararlas para el cielo?
El Padre Domingo leyó el pasaje después de haber oído la explicación de Andrés, y se sorprendió de que nunca lo hubiera entendido antes. Sin embargo, no admitió que la interpretación de Andrés era correcta; sino le dijo que él lo estaba viendo superficialmente, y que la Iglesia, entendiendo el asunto más profundamente que él, había declarado que tal lugar como el purgatorio existía y que esto era suficiente.
Andrés: —Ojalá no se ofenda, señor, si doy mis pensamientos sobre este tema. Es que creo que no se contendería tanto por el purgatorio si no fuera por la ganancia que le da al clero. Bien recuerdo, señor, cuando yo le daba dinero para ayudar con el pago de las misas para sacar mis viejos amigos y conocidos del purgatorio. Ahora, señor, si usted tiene tal poder, yo creo que debe estar contento de usarlo en misericordia de las pobres almas quemándose, sin buscar recompensa. Pero al ver que las misas tienen que ser pagadas desde antes de decirlas, yo sospecho que la razón verdadera por la cual se mantiene el purgatorio es por el beneficio que le da al clero. No seré convencido que sean sinceros hasta verlos hacer grandes esfuerzos sin paga ni galardón, para ayudar a las almas que, según dicen ellos, están en un estado de sufrimiento. Y aunque pudiera creer que son sinceros, a base de las Sagradas Escrituras me opondré a esa doctrina, porque además de otras objeciones, le da al purgatorio el poder que en toda otra parte es dada a la sangre de Cristo. Por ejemplo: «La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado» (1 Juan 1:7).
Padre D.: —Como te dije antes, ahora lo repito; que eres un hombre poco caritativo, y no hay esperanza de algo bueno en ti mientras sigues pensando que sabes mejor que la Iglesia.
Andrés: —La Palabra de Dios, señor, es mi guía, y no puedo admitir nada que no puede ser aprobado por ella.
Como no pudieron ponerse de acuerdo en cuanto al purgatorio fueron obligados a pasar a la objeción siguiente de Andrés.
Rezar a los santos
Andrés: —¿Qué autoridad tiene, señor, de la Palabra de Dios para rezar a los santos'?
El Padre Domingo ya se encontraba como un pez fuera del agua, y no encontró nada en las Escrituras para apoyar el orar a los santos. Él dio un pasaje indirecto del hombre rico en el infierno orando a Abraham. Pero desgraciadamente, el ejemplo de un alma perdida es una mala comparación a los piadosos en la tierra, y viendo esto se refugió tras la infalibilidad de la Iglesia y mandó proceder a la objeción siguiente.

ANDRES DUNN Y LA PENITENCIA

La penitencia
Padre D.: —Ahora sí, es tal como yo pensaba; el asunto se ha aclarado. Es que no te gusta la disciplina saludable de la Madre Iglesia, y esto es la causa principal de tu riña con ella.
Andrés: —Lejos de eso, señor, porque después de haber leído el Testamento, mi conducta externa ha cambiado en gran manera, tanto que, por la gracia de Dios, ya no soy dado a los diversos pecados de antes. Pero quiero saber dónde lo encuentra en la Palabra de Dios.
Padre D.: —¿No has leído lo que dice San Pablo: «El tal sea entregado a Satanás para la destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús» (l Corintios5:5)?
Andrés: —San Pablo muestra su significado por lo que sigue: «Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros» (1 Corintios 5:13). Según parece, el sacerdote está equivocado cuando toma sobre sí lo que el apóstol encarga a la sociedad de cristianos. En segundo lugar, cuando él obliga a la persona a imponer un castigo a su propio cuerpo, él hace lo que no debe hacer porque el mandato no es: «Cargarles penitencia,» sino: «Quitad a ese perverso de entre vosotros.»
Padre D.: —La penitencia es una disciplina saludable y realiza un fin importante.
Andrés: — Únicamente para el clero señor, porque mantiene la gente con una cierta reverencia para ellos, y les infunde más temor del sacerdote que de Dios mismo. Y en esto digo la verdad, porque diariamente quebrantan los mandamientos de Dios, pero de los mandamientos del sacerdote exigen la obediencia. Yo recuerdo, señor, que si yo confesaba haberme embriagado, recibía una penitencia muy leve, pero al ser guiado un día a escuchar un sermón predicado por alguien que no era sacerdote, usted me obligó a rodear la capilla sobre mis rodillas, y me impuso muchas dificultades a las cuales me sujeté en mi sencillez. Ahora, señor, ¿era mayor pecado escuchar a un sermón que el embriagarme? No; pero al escuchar el sermón le parecía que yo juzgaba por mí mismo, lo cual usted considera el crimen más grande que se puede cometer; pero, al emborracharme sólo quebrantaba un mandamiento de Dios, el cual no afectaba la autoridad del clero. ¿No le parece que se emplea la penitencia más como una conveniencia para el clero que prevenir el pecado? ¿Y no sirve más bien para mantener a la gente en reverencia del sacerdote en vez de guardarles de ofender a Dios? Usted dice que la penitencia es de valor; pero ¿en qué manera, señor?¿Qué puede efectuar con eso? ¿Puede usted guardar a su pueblo de cometer pecados abiertos y escandalosos? Bien sabe usted que no. Los puede asustar para que guarden la cuaresma o algún día santo, o los puede guardar de adorar con los que usted llama herejes; pero no puede hacerlos sobrios o castos, ni honrados. Y en cuanto a su absolución, ¿dónde está la necesidad de ella? Si Dios nos perdona, ¿qué necesidad hay de una absolución de parte del sacerdote? Y si Dios no nos perdona, la absolución del sacerdote no nos puede librar del castigo que nuestros pecados merecen.
Padre D.: —Hombre, como te dije antes, te digo ahora, estás en densas tinieblas; pues la Iglesia ya ha arreglado este asunto muchos años antes de que tú y yo naciéramos, y sería más fácil sacudir el fundamento del mundo que derrumbar la infalibilidad de la Iglesia.
La extremaunción
Andrés opinaba que a la Palabra de Dios le cabía mejor el carácter de infalibilidad que a lo que el Padre Domingo llamaba la Iglesia; y como estaba resuelto a no admitir ningún punto que no tuviese apoyo de la Palabra, no podía esar de acuerdo en este punto. Ellos se encontraron obligados a pasar a otro punto, que fue el de la extremaunción.
—En cuanto a esto —dijo el Padre Domingo—, no puede haber ninguna disputa, porque Santiago dice claramente: «¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor» (Santiago 5:14).¿Qué puedes decir de esto?
Andrés: —Bueno, señor, diré esto: que usted ha citado sólo una parte del pasaje, y por tanto está ocultando el significado del apóstol. Él añade: «y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados»» Ahora, señor, aunque no pretendo entender el asunto completamente, lo entiendo suficiente para saber que le ha dado un significado equivocado. Usted unge a un moribundo, para darle un pasaporte al cielo. Pero si se recobrara y después parece ser moribundo lo tiene que ungir de nuevo. Un niño puede ver que Santiago está hablando de un enfermo levantarse después de ser ungido por la oración de fe, de manera que su ungimiento y el de Santiago son dos cosas muy distintas.
Padre D.: —Tú eres un hombre muy presuntuoso, y ¡ay de ti cuando has de morir sin ser ungido por un sacerdote!
Andrés: —De verdad, señor, no tengo ni la más pequeña intención de procurarlo. La Palabra de Dios no la menciona en el sentido que usted lo da; y no tengo temor de no alcanzar el cielo si me muero confiando simplemente en la muerte expiatoria de mi Salvador.

ANDRES DUNN Y EL PADRE DOMINGO

La misa
Padre D.: —Empecemos, pues, con la misa. La misa es aquel servicio en el cual los elementos del pan y vino son consagrados por el sacerdote y se convierten en el cuerpo y sangre reales de Cristo. Ofrecidos a Dios son un sacrificio sin sangre por el pecado. Tan solamente tienes que mirar en el Testamento, el cual, según te parece, está todo al favor tuyo, y encontrarás allí que Cristo dice del pan en tales palabras: «Esto es mi cuerpo;» y del vino: «Esto es mi sangre»» ¿Qué puedes decir en contra de un asunto tan claro en sí?
Andrés: —Yo reconozco, señor, que esas palabras se encuentran allí así como ha dicho. Pero, por favor, observa que no hay que entender cada palabra en sentido estrictamente literal. San Pablo, en cuanto a la roca de la cual salió agua para los israelitas, dice: «La roca era Cristo» (1 Corintios 10:4). Pero sería incorrecto suponer que esa piedra en realidad era Cristo; sin embargo, tenemos el derecho de afirmar que lo fue así como podemos decir que el pan y el vino en la misa son verdaderamente el cuerpo y sangre de él. Yo no soy hombre educado, señor, pero el sentido común me enseña que si se puede explicar las palabras de nuestro Señor de manera que no diga lo que parece ser la contradicción más grande e inimaginable, que eso es el sentido con que se debe entender. Ahora señor, si usted tomara esas palabras en el sentido de que ese pan y vino de veras se hicieron carne y sangre, se debe suponer primeramente que una parte del cuerpo de nuestro Señor fue puesto en la mesa después que había bendecido el pan, cuando a la vez su cuerpo quedó completo. O en otros términos, su cuerpo fue removido enteramente de su lugar pero a la vez quedó completamente en su lugar. Pues si Él dice: «Esto es mi cuerpo,» y se ha de entender literalmente, luego Su cuerpo entero y no una parte fue lo que tomó el lugar del pan. En segundo lugar, se debe suponer que una migaja de pan que tal vez ni pesa diez miligramos, en realidad pesa muchos kilogramos. En tercer lugar, se debe suponer que lo que se ve como pan, lo que tiene forma y sabor de pan, a lo contrario de lo que declaran mis ojos, mis manos y mi boca, en realidad es carne y sangre. Y últimamente, peor que todo, se debe suponer que el pueblo de nuestro Señor es alimentado con alimento carnal y no espiritual.
Padre D.: —Eso es juzgar por los sentidos y no por la fe. Andrés: —Señor, si nuestro Señor hubiera dicho: «Esto que veis ya no es pan sino que de verdad se ha cambiado en la sustancia de mi cuerpo, aunque tiene la apariencia de pan,» hubiera sido el deber de sus discípulos haber creído Sus palabras a pesar de la evidencia de todos sus sentidos; pero como El no lo explicó de tal manera, me parece claro que no se debe entender literalmente en esto más que cuando dice: «Yo soy la puerta,» o: «Yo soy el camino.» Se nos dice que nuestro Señor cambió agua en vino en una cena de bodas; pero no les dio licor con apariencia y características de agua y luego les dijo que es vino. Además, señor, nuestro Salvador nos dio una clave a tales pasajes cuando dice: «Las palabras que os he hablado son espíritu, y son vida. El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha» Y además, señor, nuestro Señor dice: «Haced esto en memoria de mí,» lo cual me muestra que Él tuvo la intención de que esa Cena nos recordara de lo que Él ha sufrido por Su pueblo. Después de todo, señor, no puedo sino hacerle dos preguntas sobre este tema. Una es: ¿Dónde, en el procedimiento de nuestro Señor en esta ocasión, encuentra usted cosa alguna con la semejanza de lo que hacen los sacerdotes al celebrar la misa? La segunda pregunta es:¿Por cuál autoridad rehúsa usted dar el vino al laicado? Pues el que deseaba que los discípulos comieran del pan también los mandó a tomar de la copa.
Estas dos preguntas eran enigmáticas para el Padre Domingo y no pudo decir más que la iglesia así lo había ordenado y por tanto tenía que ser correcto. Pero Andrés estaba resuelto a quedarse con el Testamento y que no cedería ni un poquito si no le fuera mostrado claramente de la Palabra de Dios. El Padre Domingo le dijo que era un hombre censurador y que ningún cristiano verdadero podría dudar que estuviera la presencia real en el pan, y le mandó pasar al segundo punto al cual se oponía.

La absolución
Andrés: —Señor, usted dice que tiene el derecho de obligar a su rebaño a confesar sus pecados en su oído y para cargarles una penitencia y luego darles una absoluci6n.
Padre D.: —Ciertamente lo tenemos. ¿Cuál buen cristiano jamás lo ha dudado?
Andrés: —Te agradecería, señor, si me mostrara algo en el Nuevo Testamento que apoye esta pretensión.
Padre D.: —Lo puedo hacer muy fácilmente. «A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos» (Juan 20:23).
Andrés: —¿Está seguro, señor, que usted entiende esas palabras correctamente?¿Y puede creer que por la autoridad de esa palabra, cada párroco puede exigir a su rebaño a confesarse para después cargarles una penitencia, y darles una absolución? ¿Dónde habla de confesar en el oído del sacerdote?
Padre D.: —Santiago 5:16 dice: «Confesaos vuestras ofensas».
Andrés: —Estoy muy sorprendido, señor, que usted pretende que este versículo enseña esto. Si usted tomara el resto del versículo, podrá ver lo que quería decir el apóstol: «Confesaos vuestras ofensas unos a otros, hermanos» Por lo cual, está claro que Santiago no quería decir cosa alguna como confesión a un sacerdote. ¿Y de dónde en el Testamento sacan el derecho de cargar la penitencia?

martes, 8 de noviembre de 2016

EL SACERDOTE QUE ENCONTRÓ A CRISTO- Joseph Zacchell

Daniel Sapia - "Conoceréis la Verdad"
Apologética Cristiana - ® desde Junio 2000
www.conocereislaverdad.org
     http://www.conocereislaverdad.org/testimonios.htm
El Sacerdote que encontró a Cristo
 Yo nací en Venecia, al norte de Italia, el 22 de marzo 1917. A la edad de diez años, se me envió a un seminario Católico Romano en Plasencia, y fui ordenado sacerdote después de doce años de estudio el 22 de octubre, 1939. Dos meses después el Cardenal R. Rossi, mi superior me envió a América como asistente pastor de la nueva iglesia italiana, la "Bendita Madre Cabrini" en Chicago, y después en New York. Nunca me pregunté si mis sermones o instrucciones estaban en contra de la Biblia. Mi único apuro y ambición era complacer al Papa. Fue domingo de febrero del año 1944, cuando accidentalmente puse el radio en contacto con un programa religioso de origen protestante. El pastor predicaba su radio mensaje. Yo iba a cambiar el programa por que no se me permitía escuchar sermones protestantes pero (no sé porque) seguí escuchando...
Mi teología fue sacudida por un texto que oí en el radio. "Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo." De manera que no es pecado contra el Espíritu Santo creer que uno es salvo. Yo no estaba convertido todavía pero mi mente estaba llena de dudas tocante a la religión Romana. Comencé a apurarme más por las enseñanzas de la Biblia que por dogmas y decretos del Papa. Gente sobre mi estaban dando cada día de 5 a 30 dólares, por 20 minutos de ceremonia, llamada la Misa, porque prometía librar las almas de sus familiares de la lumbre del purgatorio. Pero cada vez que yo veía el crucifijo grande sobre el altar me parecía que Cristo me reprendía diciéndome: Tú estás robando dinero a gente pobre y trabajadora por medio de falsas promesas. Tú enseñas doctrinas en contra de mis enseñazas. Las almas de los que creen no van a un lugar de tormento, porque yo he dicho "Bienaventurado los muertos que de aquí mueren en el Señor. Si, dice el Espíritu, que descansaran de sus trabajos; porque sus obras le siguen" (Apocalipsis 14:13). No necesito vanas repeticiones del sacrificio de la cruz, porque mi sacrificio fue completo. Mi obra de salvación fue perfecta, y Dios la sancionó levantándolo de entre los muertos. "Porque con solo una ofrenda hizo perfectos para siempre los santificados" (Hebreos 10:14). Si los sacerdotes y el Papa tienen el poder de libertar almas del purgatorio con Misas e indulgencias, porqué esperan una ofrenda? Si ustedes ven a un perro quemándose en el fuego no van a esperar hasta que el dueño les traiga $5.00 para sacar al perro de allí. Ahora, yo no podría enfrentarme con el Cristo del altar. Cuando yo estaba predicando que el Papa es el vicario de Cristo, el sucesor de Pedro, la infalible roca sobre la cual Cristo edificó su Iglesia, una voz parecía reprenderme y decirme; "Tu viste el Papa en Roma: su enorme y riquísimo palacio; sus guardias; a los hombres besándole el pie. ¿Crees en verdad que él me representa? Yo vine a servir a la gente; yo lavé los pies de los hombres no tuve en donde reclinar mi cabeza. Mírame en la cruz? Cree en verdad que Dios a edificado su Iglesia sobre un hombre, cuando la Biblia claramente dice que el vicario de Cristo sobre la tierra es el Espíritu Santo, y no un hombre? (Juan 14:26) Y esa roca fue Cristo. Si la Iglesia Romana está basada sobre un hombre, entonces no es mi Iglesia." Yo todavía predicaba que la Biblia no es regla suficiente de Fe, y que necesitamos la tradición y los dogmas de la Iglesia para comprender las escrituras. Entonces una voz dentro de mí me decía; "Tú predicas contra las enseñanzas de la Biblia; tú predicas necedades. ¿Si los cristianos necesitan un Papa para comprender la escrituras, que necesitan para comprender al Papa? Yo he condenado la tradición, porque todos pueden comprender lo que es necesario para la salvación personal. Estas empero son escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Juan 20:31). Yo enseñaba a mi pueblo que fueran a María y a los Santos, en vez de ir directamente a Cristo. Pero una voz dentro de mi me preguntaba: "¿Quién sobre la cruz te salvó?" "¿Quién pagó tus deudas derramando su sangre? ¿María, los Santos, o Yo, Jesús? Tú y muchos otros sacerdotes no creen en los escapularios, las novenas, los rosarios, las estatuas, las velas, pero los mantienen en sus Iglesias porque dicen que la gente simple necesita cosas simples para que les recuerden a Dios. Las tienen en sus Iglesias porque son una buena fuente de dinero, pero yo no quiero ninguna clase de mercadería en mi Iglesia. Mis creyentes deben de adorarme en Espíritu y verdad. Destruid estos ídolos; enseñar a mi gente a orar, a venir a mi únicamente."
Dónde mis dudas verdaderamente me atormentaba fue en confesionario. La gente venia a mi y se me hincaba, confesándome sus pecados. Y yo con una señal de la cruz, les prometía que tenia el poder para perdonarles sus pecados. Yo un pecador, un hombre, estaba tomando lugar de Dios, el derecho de Dios; esa voz terrible me penetraba y decía, "Te estas robando la gloría de Dios si los pecadores quieren obtener el perdón de sus pecados tiene que ir a Dios y no a ti. Es la ley de Dios la que han violado. A Dios pues, deben hacer su confesión; a Dios únicamente deben orar para perdón. Ningún otro hombre puede perdonar pecados sino Jesús. Y llamarás su nombre JESÚS, porque el salvará a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). Porque no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:12). Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre (1 Timoteo 2:5).
No pude permanecer en la Iglesia Católica Romana porque no podía servir a dos Señores: Al Papa y a Cristo. No podía creer en dos enseñanzas contradictorias: La tradición y la Biblia. Tuve que escoger entre Cristo y el Papa; entre la tradición y la Biblia; he escogido a Jesús y a la Biblia. Dejé el Sacerdocio Romano y la religión Romana en 1944, y ahora he sido dirigido por el Espíritu Santo a evangelizar a los Católicos Romanos, y a pedir a los creyentes que les testifiquen sin temor.
  Joseph Zacchell
(Testimonio publicado en el libro "Lejos de Roma, cerca de Dios", Ed. Portavoz, R.Bennet y M.Buckingham (recopiladores), 2000 (Original "Far From Rome, Near to God, 1994), Testimonio N° 23, pag. 184-188). El texto expuesto corresponde a la versión en inglés traducida al español a mediados del año 2000 (fecha desde la cual está publicado en este sitio web).