DICIEMBRE 1869-
QUEMA DE VILLA DE HUEHUETENANGO
Por Samuelson CiudaddePaz
Diciembre , día cinco, año de mil ochocientos sesenta y nueve
Amanece el bello pueblo de Huehuetenango con un frio viento
que eleva alto el polvo y las hojas de los árboles mueve A sus ocupaciones cotidianas sumáse un grave pensamiento
¿Será el día de hoy¿ cuándo ataque el fiero Mariscal Serapio Cruz
!Dios!, no olvides que somos pacíficos y gentes buenas
!Ayudanos por tu amado hijo, Jesús
y a tu iglesia llevaremos fragantes azucenas.
"Tata Lapo", hombre Bárbaro, de la iglesia.duro azote
Feroz caudillo,comandante de rebeldes analfabetas
a la espalda de los indios, para el incendio cargó buen ocote
y espera buen botín llevar en sus carretas.
Aquilino Gómez Calonge, de Huehuetenango era el Corregidor interino
Serapio Cruz, pretendia la Plaza. le rindiese
Gómez Calonge, español, sabía Dios por qué a esta población vino
firmemente determinado a defenderla ,así Cruz la incendiase
¡Ya vienen los malvados! !Ya vienen los diablos! gritaban las ancianas
escúchase el toque del clarín que anuncia a los atacantes fieros
mientras las viejecitas dicen que no respetarán sus canas
!ALERTA! !ALERTA! gritan los centinelas a sus compañeros
Hispanoamericano soy-Huehuetenango, Guatemala-América del Centro- Genealogías- Blog sin percibir lucro, por amor a los libros- Saludos a todos- Cristo es mi Salvador, mi mayor tesoro y lo admiro por su obra en la naturaleza, cascadas, aves volando..." A quién tengo en los cielos, sino a Cristo"- La historia de la Reforma en España, donde gente de la más alta nobleza murió por Cristo y las historias de la Condesa Giulia Gonzaga( Italia) y Doña Leonor de Cisneros me fascinan . Hispan 3
sábado, 12 de noviembre de 2016
viernes, 11 de noviembre de 2016
ANDRES DUNN Y EL PURGATORIO
El purgatorio era el
siguiente tema
Padre D.: —¿Conque ya no
crees en el purgatorio desde que leíste el Testamento?
Andrés: —No encuentro cosa
alguna semejante a eso en él, señor.
Padre D.: —¿De veras no
puedes? Qué extraño. Tantos hombres grandes lo encontraron. ¿Qué supones que
quería decir San Pablo cuando dijo: «El fuego probará la obra de cada uno cual
sea» (1 Corintios 1:3)?
Andrés: —Yo veo que el
significado está muy claro, señor. Si usted lee el pasaje verá que el apóstol
está hablando de las diferentes doctrinas enseñadas por diferentes personas
después que haya sido puesto el fundamento de la verdad. Él compara algunas de
estas cosas a «oro, plata, piedras preciosas,» lo cual significa sana doctrina;
y algunas a «madera, heno, hojarasca,» hablando de la falsa doctrina. Ahora nos
dice que todos estos pasarán una prueba al fin, y ¿qué es más adecuado para
probar los diferentes materiales de que habla que el fuego? Si las doctrinas
fuesen como oro, plata, piedras preciosas, sabemos que no recibirían daño por el
fuego, sino más bien, lo contrario. Pero si fuesen semejantes a madera, heno,
hojarasca, serían consumidas por el fuego. Pero ¿qué tiene que ver esto con un
lugar en donde se queman las almas de los hombres para purificarlas y
prepararlas para el cielo?
El Padre Domingo leyó el
pasaje después de haber oído la explicación de Andrés, y se sorprendió de que
nunca lo hubiera entendido antes. Sin embargo, no admitió que la interpretación
de Andrés era correcta; sino le dijo que él lo estaba viendo superficialmente, y
que la Iglesia, entendiendo el asunto más profundamente que él, había declarado
que tal lugar como el purgatorio existía y que esto era suficiente.
Andrés: —Ojalá no se ofenda,
señor, si doy mis pensamientos sobre este tema. Es que creo que no se
contendería tanto por el purgatorio si no fuera por la ganancia que le da al
clero. Bien recuerdo, señor, cuando yo le daba dinero para ayudar con el pago de
las misas para sacar mis viejos amigos y conocidos del purgatorio. Ahora, señor,
si usted tiene tal poder, yo creo que debe estar contento de usarlo en
misericordia de las pobres almas quemándose, sin buscar recompensa. Pero al ver
que las misas tienen que ser pagadas desde antes de decirlas, yo sospecho que la
razón verdadera por la cual se mantiene el purgatorio es por el beneficio que le
da al clero. No seré convencido que sean sinceros hasta verlos hacer grandes
esfuerzos sin paga ni galardón, para ayudar a las almas que, según dicen ellos,
están en un estado de sufrimiento. Y aunque pudiera creer que son sinceros, a
base de las Sagradas Escrituras me opondré a esa doctrina, porque además de
otras objeciones, le da al purgatorio el poder que en toda otra parte es dada a
la sangre de Cristo. Por ejemplo: «La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de
todo pecado» (1 Juan 1:7).
Padre D.: —Como te dije
antes, ahora lo repito; que eres un hombre poco caritativo, y no hay esperanza
de algo bueno en ti mientras sigues pensando que sabes mejor que la Iglesia.
Andrés: —La Palabra de Dios,
señor, es mi guía, y no puedo admitir nada que no puede ser aprobado por ella.
Como no pudieron ponerse de
acuerdo en cuanto al purgatorio fueron obligados a pasar a la objeción siguiente
de Andrés.
Rezar a los santos
Andrés: —¿Qué autoridad
tiene, señor, de la Palabra de Dios para rezar a los santos'?
El Padre Domingo ya se
encontraba como un pez fuera del agua, y no encontró nada en las Escrituras para
apoyar el orar a los santos. Él dio un pasaje indirecto del hombre rico en el
infierno orando a Abraham. Pero desgraciadamente, el ejemplo de un alma perdida
es una mala comparación a los piadosos en la tierra, y viendo esto se refugió
tras la infalibilidad de la Iglesia y mandó proceder a la objeción siguiente.
ANDRES DUNN Y LA PENITENCIA
La
penitencia
Padre D.: —Ahora sí, es tal
como yo pensaba; el asunto se ha aclarado. Es que no te gusta la disciplina
saludable de la Madre Iglesia, y esto es la causa principal de tu riña con ella.
Andrés: —Lejos de eso,
señor, porque después de haber leído el Testamento, mi conducta externa ha
cambiado en gran manera, tanto que, por la gracia de Dios, ya no soy dado a los
diversos pecados de antes. Pero quiero saber dónde lo encuentra en la Palabra de
Dios.
Padre D.: —¿No has leído lo
que dice San Pablo: «El tal sea entregado a Satanás para la destrucción de la
carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús» (l
Corintios5:5)?
Andrés: —San Pablo muestra
su significado por lo que sigue: «Quitad, pues, a ese perverso de entre
vosotros» (1 Corintios 5:13). Según parece, el sacerdote está equivocado cuando
toma sobre sí lo que el apóstol encarga a la sociedad de cristianos. En segundo
lugar, cuando él obliga a la persona a imponer un castigo a su propio cuerpo, él
hace lo que no debe hacer porque el mandato no es: «Cargarles penitencia,» sino:
«Quitad a ese perverso de entre vosotros.»
Padre D.: —La penitencia es
una disciplina saludable y realiza un fin importante.
Andrés: — Únicamente para el
clero señor, porque mantiene la gente con una cierta reverencia para ellos, y
les infunde más temor del sacerdote que de Dios mismo. Y en esto digo la verdad,
porque diariamente quebrantan los mandamientos de Dios, pero de los mandamientos
del sacerdote exigen la obediencia. Yo recuerdo, señor, que si yo confesaba
haberme embriagado, recibía una penitencia muy leve, pero al ser guiado un día a
escuchar un sermón predicado por alguien que no era sacerdote, usted me obligó a
rodear la capilla sobre mis rodillas, y me impuso muchas dificultades a las
cuales me sujeté en mi sencillez. Ahora, señor, ¿era mayor pecado escuchar a un
sermón que el embriagarme? No; pero al escuchar el sermón le parecía que yo
juzgaba por mí mismo, lo cual usted considera el crimen más grande que se puede
cometer; pero, al emborracharme sólo quebrantaba un mandamiento de Dios, el cual
no afectaba la autoridad del clero. ¿No le parece que se emplea la penitencia
más como una conveniencia para el clero que prevenir el pecado? ¿Y no sirve más
bien para mantener a la gente en reverencia del sacerdote en vez de guardarles
de ofender a Dios? Usted dice que la penitencia es de valor; pero ¿en qué
manera, señor?¿Qué puede efectuar con eso? ¿Puede usted guardar a su pueblo de
cometer pecados abiertos y escandalosos? Bien sabe usted que no. Los puede
asustar para que guarden la cuaresma o algún día santo, o los puede guardar de
adorar con los que usted llama herejes; pero no puede hacerlos sobrios o castos,
ni honrados. Y en cuanto a su absolución, ¿dónde está la necesidad de ella? Si
Dios nos perdona, ¿qué necesidad hay de una absolución de parte del sacerdote? Y
si Dios no nos perdona, la absolución del sacerdote no nos puede librar del
castigo que nuestros pecados merecen.
Padre D.: —Hombre, como te
dije antes, te digo ahora, estás en densas tinieblas; pues la Iglesia ya ha
arreglado este asunto muchos años antes de que tú y yo naciéramos, y sería más
fácil sacudir el fundamento del mundo que derrumbar la infalibilidad de la
Iglesia.
La extremaunción
Andrés opinaba que a la
Palabra de Dios le cabía mejor el carácter de infalibilidad que a lo que el
Padre Domingo llamaba la Iglesia; y como estaba resuelto a no admitir ningún
punto que no tuviese apoyo de la Palabra, no podía esar de acuerdo en este
punto. Ellos se encontraron obligados a pasar a otro punto, que fue el de la
extremaunción.
—En cuanto a esto —dijo el
Padre Domingo—, no puede haber ninguna disputa, porque Santiago dice claramente:
«¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren
por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor» (Santiago 5:14).¿Qué
puedes decir de esto?
Andrés: —Bueno, señor, diré
esto: que usted ha citado sólo una parte del pasaje, y por tanto está ocultando
el significado del apóstol. Él añade: «y la oración de fe salvará al enfermo, y
el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados»»
Ahora, señor, aunque no pretendo entender el asunto completamente, lo entiendo
suficiente para saber que le ha dado un significado equivocado. Usted unge a un
moribundo, para darle un pasaporte al cielo. Pero si se recobrara y después
parece ser moribundo lo tiene que ungir de nuevo. Un niño puede ver que Santiago
está hablando de un enfermo levantarse después de ser ungido por la oración de
fe, de manera que su ungimiento y el de Santiago son dos cosas muy distintas.
Padre D.: —Tú eres un hombre
muy presuntuoso, y ¡ay de ti cuando has de morir sin ser ungido por un
sacerdote!
Andrés: —De verdad, señor,
no tengo ni la más pequeña intención de procurarlo. La Palabra de Dios no la
menciona en el sentido que usted lo da; y no tengo temor de no alcanzar el cielo
si me muero confiando simplemente en la muerte expiatoria de mi Salvador.
ANDRES DUNN Y EL PADRE DOMINGO
La misa
Padre D.: —Empecemos, pues,
con la misa. La misa es aquel servicio en el cual los elementos del pan y vino
son consagrados por el sacerdote y se convierten en el cuerpo y sangre reales de
Cristo. Ofrecidos a Dios son un sacrificio sin sangre por el pecado. Tan
solamente tienes que mirar en el Testamento, el cual, según te parece, está todo
al favor tuyo, y encontrarás allí que Cristo dice del pan en tales palabras:
«Esto es mi cuerpo;» y del vino: «Esto es mi sangre»» ¿Qué puedes decir en
contra de un asunto tan claro en sí?
Andrés: —Yo reconozco,
señor, que esas palabras se encuentran allí así como ha dicho. Pero, por favor,
observa que no hay que entender cada palabra en sentido estrictamente literal.
San Pablo, en cuanto a la roca de la cual salió agua para los israelitas, dice:
«La roca era Cristo» (1 Corintios 10:4). Pero sería incorrecto suponer que esa
piedra en realidad era Cristo; sin embargo, tenemos el derecho de afirmar que lo
fue así como podemos decir que el pan y el vino en la misa son verdaderamente el
cuerpo y sangre de él. Yo no soy hombre educado, señor, pero el sentido común me
enseña que si se puede explicar las palabras de nuestro Señor de manera que no
diga lo que parece ser la contradicción más grande e inimaginable, que eso es el
sentido con que se debe entender. Ahora señor, si usted tomara esas palabras en
el sentido de que ese pan y vino de veras se hicieron carne y sangre, se debe
suponer primeramente que una parte del cuerpo de nuestro Señor fue puesto en la
mesa después que había bendecido el pan, cuando a la vez su cuerpo quedó
completo. O en otros términos, su cuerpo fue removido enteramente de su lugar
pero a la vez quedó completamente en su lugar. Pues si Él dice: «Esto es mi
cuerpo,» y se ha de entender literalmente, luego Su cuerpo entero y no una parte
fue lo que tomó el lugar del pan. En segundo lugar, se debe suponer que una
migaja de pan que tal vez ni pesa diez miligramos, en realidad pesa muchos
kilogramos. En tercer lugar, se debe suponer que lo que se ve como pan, lo que
tiene forma y sabor de pan, a lo contrario de lo que declaran mis ojos, mis
manos y mi boca, en realidad es carne y sangre. Y últimamente, peor que todo, se
debe suponer que el pueblo de nuestro Señor es alimentado con alimento carnal y
no espiritual.
Padre D.: —Eso es juzgar por
los sentidos y no por la fe. Andrés: —Señor, si nuestro Señor hubiera dicho:
«Esto que veis ya no es pan sino que de verdad se ha cambiado en la sustancia de
mi cuerpo, aunque tiene la apariencia de pan,» hubiera sido el deber de sus
discípulos haber creído Sus palabras a pesar de la evidencia de todos sus
sentidos; pero como El no lo explicó de tal manera, me parece claro que no se
debe entender literalmente en esto más que cuando dice: «Yo soy la puerta,» o:
«Yo soy el camino.» Se nos dice que nuestro Señor cambió agua en vino en una
cena de bodas; pero no les dio licor con apariencia y características de agua y
luego les dijo que es vino. Además, señor, nuestro Salvador nos dio una clave a
tales pasajes cuando dice: «Las palabras que os he hablado son espíritu, y son
vida. El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha» Y además,
señor, nuestro Señor dice: «Haced esto en memoria de mí,» lo cual me muestra que
Él tuvo la intención de que esa Cena nos recordara de lo que Él ha sufrido por
Su pueblo. Después de todo, señor, no puedo sino hacerle dos preguntas sobre
este tema. Una es: ¿Dónde, en el procedimiento de nuestro Señor en esta ocasión,
encuentra usted cosa alguna con la semejanza de lo que hacen los sacerdotes al
celebrar la misa? La segunda pregunta es:¿Por cuál autoridad rehúsa usted dar el
vino al laicado? Pues el que deseaba que los discípulos comieran del pan también
los mandó a tomar de la copa.
Estas dos preguntas eran
enigmáticas para el Padre Domingo y no pudo decir más que la iglesia así lo
había ordenado y por tanto tenía que ser correcto. Pero Andrés estaba resuelto a
quedarse con el Testamento y que no cedería ni un poquito si no le fuera
mostrado claramente de la Palabra de Dios. El Padre Domingo le dijo que era un
hombre censurador y que ningún cristiano verdadero podría dudar que estuviera la
presencia real en el pan, y le mandó pasar al segundo punto al cual se oponía.
La absolución
Andrés: —Señor, usted dice
que tiene el derecho de obligar a su rebaño a confesar sus pecados en su oído y
para cargarles una penitencia y luego darles una absoluci6n.
Padre D.: —Ciertamente lo
tenemos. ¿Cuál buen cristiano jamás lo ha dudado?
Andrés: —Te agradecería,
señor, si me mostrara algo en el Nuevo Testamento que apoye esta pretensión.
Padre D.: —Lo puedo hacer
muy fácilmente. «A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a
quienes se los retuviereis, les son retenidos» (Juan 20:23).
Andrés: —¿Está seguro,
señor, que usted entiende esas palabras correctamente?¿Y puede creer que por la
autoridad de esa palabra, cada párroco puede exigir a su rebaño a confesarse
para después cargarles una penitencia, y darles una absolución? ¿Dónde habla de
confesar en el oído del sacerdote?
Padre D.: —Santiago 5:16
dice: «Confesaos vuestras ofensas».
Andrés: —Estoy muy
sorprendido, señor, que usted pretende que este versículo enseña esto. Si usted
tomara el resto del versículo, podrá ver lo que quería decir el apóstol:
«Confesaos vuestras ofensas unos a otros, hermanos» Por lo cual, está claro que
Santiago no quería decir cosa alguna como confesión a un sacerdote. ¿Y de dónde
en el Testamento sacan el derecho de cargar la penitencia?
martes, 8 de noviembre de 2016
EL SACERDOTE QUE ENCONTRÓ A CRISTO- Joseph Zacchell
Daniel
Sapia - "Conoceréis la Verdad"
Apologética Cristiana - ® desde Junio 2000
www.conocereislaverdad.org
http://www.conocereislaverdad.org/testimonios.htm
El Sacerdote que encontró
a Cristo
Yo nací en Venecia, al norte de Italia, el
22 de marzo 1917. A la edad de diez años, se me envió a un seminario
Católico Romano en Plasencia, y fui ordenado sacerdote después de doce
años de estudio el 22 de octubre, 1939. Dos meses después el Cardenal R.
Rossi, mi superior me envió a América como asistente pastor de la nueva
iglesia italiana, la "Bendita Madre Cabrini" en Chicago, y después en New York. Nunca me pregunté si mis sermones o instrucciones estaban en
contra de la Biblia. Mi único apuro y ambición era complacer al Papa.
Fue domingo de febrero del año 1944, cuando accidentalmente puse el radio
en contacto con un programa religioso de origen protestante. El pastor
predicaba su radio mensaje. Yo iba a cambiar el programa por que no se me
permitía escuchar sermones protestantes pero (no sé porque) seguí
escuchando...
Mi teología fue sacudida por un texto que oí
en el radio. "Cree en el Señor Jesucristo y serás
salvo." De manera que no es pecado contra el Espíritu Santo
creer que uno es salvo. Yo no estaba convertido todavía pero mi mente
estaba llena de dudas tocante a la religión Romana. Comencé a apurarme más
por las enseñanzas de la Biblia que por dogmas y decretos del Papa. Gente
sobre mi estaban dando cada día de 5 a 30 dólares, por 20 minutos de
ceremonia, llamada la Misa, porque prometía librar las almas de sus
familiares de la lumbre del purgatorio. Pero cada vez que yo veía el
crucifijo grande sobre el altar me parecía que Cristo me reprendía
diciéndome: Tú estás robando dinero a gente pobre y trabajadora por medio
de falsas promesas. Tú enseñas doctrinas en contra de mis enseñazas. Las
almas de los que creen no van a un lugar de tormento, porque yo he dicho
"Bienaventurado los muertos que de aquí mueren en
el Señor. Si, dice el Espíritu, que descansaran de sus trabajos; porque
sus obras le siguen" (Apocalipsis 14:13). No necesito vanas
repeticiones del sacrificio de la cruz, porque mi sacrificio fue completo.
Mi obra de salvación fue perfecta, y Dios la sancionó levantándolo de
entre los muertos. "Porque con solo una ofrenda
hizo perfectos para siempre los santificados" (Hebreos 10:14).
Si los sacerdotes y el Papa tienen el poder de libertar almas del
purgatorio con Misas e indulgencias, porqué esperan una ofrenda? Si
ustedes ven a un perro quemándose en el fuego no van a esperar hasta que
el dueño les traiga $5.00 para sacar al perro de allí. Ahora, yo no podría
enfrentarme con el Cristo del altar. Cuando yo estaba predicando que el
Papa es el vicario de Cristo, el sucesor de Pedro, la infalible roca sobre
la cual Cristo edificó su Iglesia, una voz parecía reprenderme y decirme;
"Tu viste el Papa en Roma: su enorme y riquísimo palacio; sus guardias; a
los hombres besándole el pie. ¿Crees en verdad que él me representa? Yo
vine a servir a la gente; yo lavé los pies de los hombres no tuve en donde
reclinar mi cabeza. Mírame en la cruz? Cree en verdad que Dios a edificado
su Iglesia sobre un hombre, cuando la Biblia claramente dice que el
vicario de Cristo sobre la tierra es el Espíritu Santo, y no un hombre?
(Juan 14:26) Y esa roca fue Cristo. Si la Iglesia Romana está basada sobre
un hombre, entonces no es mi Iglesia." Yo todavía predicaba que la Biblia
no es regla suficiente de Fe, y que necesitamos la tradición y los dogmas
de la Iglesia para comprender las escrituras. Entonces una voz dentro de
mí me decía; "Tú predicas contra las enseñanzas de la Biblia; tú predicas
necedades. ¿Si los cristianos necesitan un Papa para comprender la
escrituras, que necesitan para comprender al Papa? Yo he condenado la
tradición, porque todos pueden comprender lo que es necesario para la
salvación personal. Estas empero son escritas para que creáis que Jesús es
el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su
nombre" (Juan 20:31). Yo enseñaba a mi pueblo que fueran a María y a los
Santos, en vez de ir directamente a Cristo. Pero una voz dentro de mi me
preguntaba: "¿Quién sobre la cruz te salvó?" "¿Quién pagó tus deudas
derramando su sangre? ¿María, los Santos, o Yo, Jesús? Tú y muchos otros
sacerdotes no creen en los escapularios, las novenas, los rosarios, las
estatuas, las velas, pero los mantienen en sus Iglesias porque dicen que
la gente simple necesita cosas simples para que les recuerden a Dios. Las
tienen en sus Iglesias porque son una buena fuente de dinero, pero yo no
quiero ninguna clase de mercadería en mi Iglesia. Mis creyentes deben de
adorarme en Espíritu y verdad. Destruid estos ídolos; enseñar a mi gente a
orar, a venir a mi únicamente."
Dónde mis dudas verdaderamente me
atormentaba fue en confesionario. La gente venia a mi y se me hincaba,
confesándome sus pecados. Y yo con una señal de la cruz, les prometía que
tenia el poder para perdonarles sus pecados. Yo un pecador, un hombre,
estaba tomando lugar de Dios, el derecho de Dios; esa voz terrible me
penetraba y decía, "Te estas robando la gloría de Dios si los pecadores
quieren obtener el perdón de sus pecados tiene que ir a Dios y no a ti. Es
la ley de Dios la que han violado. A Dios pues, deben hacer su confesión;
a Dios únicamente deben orar para perdón. Ningún otro hombre puede
perdonar pecados sino Jesús. Y llamarás su nombre JESÚS, porque el salvará
a su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). Porque no hay otro nombre debajo
del cielo dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:12).
Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres,
Jesucristo hombre (1 Timoteo 2:5).
No pude permanecer en la Iglesia Católica
Romana porque no podía servir a dos Señores: Al Papa y a Cristo. No podía
creer en dos enseñanzas contradictorias: La tradición y la Biblia. Tuve
que escoger entre Cristo y el Papa; entre la tradición y la Biblia; he
escogido a Jesús y a la Biblia. Dejé el Sacerdocio Romano y la religión
Romana en 1944, y ahora he sido dirigido por el Espíritu Santo a
evangelizar a los Católicos Romanos, y a pedir a los creyentes que les
testifiquen sin temor.
Joseph Zacchell
(Testimonio publicado en el libro "Lejos
de Roma, cerca de Dios", Ed. Portavoz, R.Bennet y M.Buckingham
(recopiladores), 2000 (Original "Far From Rome, Near to God, 1994),
Testimonio N° 23, pag. 184-188). El texto expuesto corresponde a la
versión en inglés traducida al español a mediados del año 2000 (fecha
desde la cual está publicado en este sitio web).
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