jueves, 8 de diciembre de 2016

!CORRE¡ NICKY !CORRE¡-CAPÍTULO UNO NADIE SE INTERESA


CAPÍTULO UNO
NADIE SE INTERESA
-¡Paren a ese muchacho loco! -alguien gritó-
La puerta del avión de la Pan Am acababa de abrirse y
me precipité escalera abajo hacia la terminal del aeropuerto
Idlewild en Nueva York. Era el 4 de enero de 1955, y el
viento helado me dio de lleno en las mejillas y las orejas.
Sólo unas pocas horas antes mi padre me había puesto
a bordo del avión en San Juan, un chico puertorriqueño
rebelde y amargado de quince años de edad. Me había
puesto bajo la custodia del piloto, y me había dicho que me
quedara en el avión hasta que me entregaran a mi hermano
Frank. Pero cuando se abrió la puerta fui el primero en
salir, corriendo locamente por el pavimento.
Tres empleados corrieron y me sujetaron contra la
áspera cerca de hierro junto a la puerta. El viento inclemente
atravesaba mi ligera ropa tropical mientras yo hacía
todo esfuerzo por librarme. Un policía me agarró del
brazo y los empleados volvieron a sus tareas. Para mí era
un juego. Miré al policía y sonreí con sorna. -¡Puertorriqueño
loco! -me dijo- ¿Qué demonios piensas que estás
haciendo?
13
14 ¡CORRE! NICKY ¡CORRE!
La sonrisa desapareció de mis labios cuando percibí
el odio en su voz. Sus gruesas mejillas se veían enrojecidas
por el intenso frío y los ojos lagrimosos por el viento.
En sus abultados labios llevaba la colilla de un puro apagado.
iOdio! Lo sentí surgir por todo mi cuerpo. El mismo
odio que había sentido por mi padre, mi madre, mis
maestros y la policía de Puerto Rico. iOdio!
Traté de escaparme,
pero él me sujetaba del brazo como torniquete de
hierro. -Vamos, muchacho, vuelve al avión. - Yo le miré
a la cara y escupí.
-iCerdo! -gruñó- iCerdo mugroso! -aflojó un poco
mi brazo e intentó agarrarme del pescuezo. Me escurrí
de debajo de su brazo y me metí por la puerta abierta que
daba a la terminal. Los gritos y las pisadas fuertes me seguían
pero yo corrí por el pasillo, escurriéndome entre la
muchedumbre que iba a embarcarse en los aeroplanos. De
repente me hallé en una gran sala terminal, vi una puerta
y como flecha me lancé a la calle.
Junto a la acera vi un autobús grande con la puerta
abierta y el motor en marcha. La gente lo estaba abordando
y yo me metí sin hacer cola. El chofer me agarró por el
hombro y me pidió el pasaje. Yo me encogí de hombros y
le contesté en español. Refunfuñando, me empujó fuera de
la fila como muy ocupado para preocuparse de un chiquillo
estúpido que apenas comprendía el inglés. Cuando él
dirigió su atención a una mujer que rebuscaba en su cartera,
yo me escurrí y me colé hasta el fondo del autobús y me
senté junto a una ventana. Cuando el autobús ya arrancaba
vi al gordote guardián y a dos más salir jadeando por
una puerta lateral y mirando en todas direcciones. No pude
resistir la tentación de golpear en la ventana y decirles
adiós a través del vidrio. Estaba a salvo.
Acurrucándome en el asiento puse las rodillas contra
el respaldo del asiento de enfrente y apreté la cara contra
el vidrio sucio de la ventana.
El autobús se abría camino entre el intenso tráfico de
Nueva York en dirección al centro de la ciudad. Afuera había
nieve y fango en las calles y aceras. Yo siempre me había
imaginado la nieve, limpia y linda cubriendo hectáreas
de campiña donde juegan las hadas. Pero esto era una masa
negruzca y sucia. Mi aliento empañó el vidrio de la ventana
y yo, echándome hacia atrás, corrí el dedo por él. Este
era un mundo muy diferente al que acababa de dejar.

martes, 6 de diciembre de 2016

LAS TARDES CON LA ABUELA - Por OSCAR MAYORGA

 LAS TARDES CON LA ABUELA
OSCAR MAYORGA

Hubo risas y aplausos y nadie volvió a decir nada en contra
de la propuesta de fray Matías. Todos quedaron de acuerdo
en reunirse al día siguiente en la plaza principal. Así que
el 28 de agosto de 1821, fiesta de San Agustín, obispo y doctor
de la iglesia, después de celebrar en el templo de San
Sebastián la misa solemne presidida por fray Matías de
Córdova flanqueado por fray Ignacio Barnoya y fray Juan
Perrote, se dirigieron todos los feligreses hacia la plaza principal
donde se proclamó la independencia de la Provincia
de Chiapas del Reino de España, por acuerdo de su ilustre
ayuntamiento y a iniciativa de sus síndicos.
Todo el pueblo
había acudido a la plaza y como a las diez de la mañana,
por conducto del presidente municipal, se dio a conocer el
acuerdo tomado, se levantó el acta que firmaron los miembros
del ayuntamiento y todos los representantes que
sabían hacerlo. Desde ese momento el pueblo se dedicó a
celebrar tal acontecimiento. La alegría de la fiesta duró hasta
el domingo 2 de septiembre, no habiéndose observado en
esos días de fiesta ningún desorden. Los ricos, aquellos que
se habían mostrado renuentes y temerosos antes, ahora
habían obsequiado ropa, comida y bebida a todo el pueblo.
Se mandó correo expreso por medio de propios, como se
decía, con copias del Acta de Independencia, redactada por
fray Matías de Córdova, a todas las poblaciones de la Provincia
de Chiapas y a la ciudad de Guatemala, como cabecera de la
Capitanía
General que comprendía las otras cinco provincias
centroamericanas, para que secundaran el movimiento
. Y así
fue. En los días que siguieron las principales poblaciones chiapanecas
se unieron a la declaración de Comitán: Ciudad Real

el 3 de septiembre, Tuxtla el día 5 y en los siguientes días
Tonalá, Chiapa y Tapachula. El 13 de septiembre llegó a Guatemala
el correo portador de las buenas nuevas.
El día 14 hubo
una reunión privada y preparatoria, promovida por los principales
políticos. Y el 15 de septiembre de 1821, por la mañana,
en acto público, se declaró libre e independiente del imperio
español la Capitanía General de Guatemala que comprendía,
además de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y
Costa Rica, países que desde entonces celebran el aniversario
de su independencia el 15 de septiembre.

Por eso no es errado considerar a fray Matías de Córdova
como el Padre de la Independencia de Chiapas y de
Centroamérica –dijo Andrés–. Porque, si bien la realización
fue obra de muchos, a él se debe la inspiración inicial para
la Independencia.

—Así es. Y como detalle curioso –dijo la abuela Pina–, he
de decirte que en el 120º aniversario de la mexicanización de
Chiapas, el 14 de septiembre de 1945, se colocó una placa
conmemorativa en la iglesia de San Sebastián, en homenaje
a Josefina García, mi tía bisabuela, por su valerosa participación
en favor de la independencia de Chiapas. Y es justo también
que te diga que esto se hizo por iniciativa de un guatemalteco,
Rodolfo López Lima, de Quezaltenango,
con la colaboración
de la Escuela Secundaria de Comitán.