miércoles, 1 de mayo de 2024

"ÁTALA" DE CHATEAUBRIAND - Prefacio

 "ÁTALA"

DE CHATEAUBRIAND

EN LA VERSIÓN CASTELLANA DE SIMÓN RODRÍGUEZ, PUBLICADA EN PARÍS, 1801

P R E F A C I O

Se ve por la carta precedente lo que ha dado lugar a la publicación de Átala, antes de mi obra sobre el genio del cristianismo, o las bellezas poéticas y morales de la religión cristiana de que hace parte.

 Sólo me falta decir de qué manera se ha compuesto esta historia.

Era todavía muy joven, cuando concebí la idea de hacer la epopeya de la naturaleza, o de pintar las costumbres de las salvajes, contrayéndolas a algún acontecimiento conocido; y no encontré, después del descubrimiento de la América, pasaje más interesante, especialmente

para los Franceses, que el destrozo de la colonia de los Naches en la Luisiana, año 1727. Todas las tribus indianas conspirando a reponer el Nuevo-Mundo en su libertad, al cabo de dos siglos de opresión, presentaban, en mi concepto, al pincel un asunto casi tan feliz como la conquista de México. Esparcí, pues, en mi papel algunos fragmentos de esta obra; pero conocí al instante que me faltaban los verdaderos colores, y que era necesario, si quería formar una imagen parecida, visitar, a ejemplo de Homero, los pueblos que intentaba pintar.

En 1789. Comuniqué a M. de Malsherbes el designio que tenía de pasar a América. Pero deseando al mismo tiempo dirigir por tierra el pasaje tan buscado, y sobre el cual, aun el mismo Cook había dejado dudas. Partí, vi las soledades americanas, y volví con planes para otro viaje que debía durar nueve años. Pensaba atravesar todo el continente de la América septentrional, seguir luego remontando, las costas al norte de la California, y volverme por la bahía de Hudson girando bajo el polo. M. de Malsherbes se encargó de presentar mis planes al gobierno, y entonces fue cuando oyó los primeros fragmentos

de la obrita que ahora doy al público. Se sabe el estado en que se ha visto la Francia, hasta el momento en que la Providencia ha hecho parecer uno de estos hombres, que ella envía en señal de reconciliación, cuando ya se ha cansado de castigar. Cubierto de la sangre de mi hermano único, de mi cuñada, y del ilustre viejo su padre: después de haber visto a mi madre y a otra hermana mía muy instruida, morir de resultas del maltrato que habían padecido en los calabozos, anduve errante por tierras extrañas donde el solo amigo que me quedaba se dio de puñaladas entre mis brazos (1).

De todos mis manuscritos sobre la América, no he salvado sino algunos fragmentos, particularmente la Átala; y aun ésta no era más que un episodio sobre los Nachez. Átala se ha escrito en el desierto, y bajo las chozas mismas de los salvajes. No sé si el público gustará de

una historia, que sigue unos trámites diferentes de todos los conocidos, y que presenta una naturaleza y unas costumbres del todo extrañas para la Europa. No hay aventuras en Átala. Es una especie de poema (2) mitad descriptivo, mitad dramático. Todo consiste en la pintura de dos amantes, que andan y conversan en la soledad. Todo se encierra en la descripción de las turbaciones del amor, en medio de la quietud de los desiertos y de la calma de la religión. La distribución de esta obra es la más antigua: ella se divide en prólogo, narración y epílogo.

 

"ÁTALA" DE CHATEAUBRIAND - Advertencia

 "ÁTALA"

DE CHATEAUBRIAND

EN LA VERSIÓN CASTELLANA DE SIMÓN RODRÍGUEZ, PUBLICADA EN PARÍS, 1801.

 

Simón

Rodríguez

obras completas

TOMO II

[EDICIÓN EN 2 TOMOS] Traducción de "Átala" de Chateaubriand

Nota. Se reproduce el (texto de la obra de Chateaubriand, Átala, EN LA VERSIÓN CASTELLANA DE SIMÓN RODRÍGUEZ, PUBLICADA EN PARÍS, 1801.

Se imprime en la forma y con las notas de dicha edición.

OBRAS COMPLETASA LA JUVENTUD DE BAYONA EN FRANCIA

Un Viajero extranjero, a quien habéis acogido con tanta bondad, os dedica Átala, traducida de una lengua que os es familiar. Aceptad esta dedicatoria como débil homenaje que rinde a los sentimientos de estima que le habéis inspirado. La primera virtud del hombre es la gratitud; vosotros la habéis convertido en imperiosa necesidad para mi corazón. Vuestras bondades, presentes en mi memoria, ¿no me recuerdan sin cesar esta Juventud amable, la primera en enseñarme a apreciar la generosidad del carácter francés?

S. Robinson.

434 SIMÓN RODRÍGUEZ

ADVERTENCIA DEL AUTOR SOBRE ESTA EDICIÓN

Para hacer esta obrita más digna del aprecio con que ha sido recibida, me he aprovechado de todas las críticas. He tenido la felicidad de ver, que la verdadera filosofía y la verdadera religión son una misma cosa: porque personas muy distinguidas, que no piensan como yo sobre el cristianismo, han sido las primeras que se han interesado por el buen éxito de Átala. Esto sólo responde a los que querían persuadir, que el lugar que se ha hecho en el concepto público

esta anécdota indiana, no se debe sino al espíritu de partido. Sin embargo, se me ha censurado tan agria, por no decir groseramente, que se ha llegado hasta ridiculizar el siguiente apostrofe a los Indios. (1)

"¡ Indios desgraciados, que he visto errantes por los desiertos del Nuevo Mundo con las cenizas de vuestros abuelos! vosotros ejercitasteis conmigo la hospitalidad a pesar de vuestra miseria, y yo no podría ofrecérosla hoy: porque vago como vosotros sujeto al favor de los hombres, y menos feliz en mi destierro, porque no llevo los huesos de mis padres".

Sobre esta última frase recae la observación del crítico. Las cenizas de mi familia confundidas con las de Mr. de Malsherbes: seis años de destierro y de infortunios, no le han presentado más que un objeto de burla. ¡Ojalá que los sepulcros de sus padres no exciten nunca en él ei dolor de haberlos perdido!

(1) Década filosófica, N" 227, en una nota.

OBRAS COMPLETAS - TOMO II 435

En fin, fácil es conciliar los diversos juicios que se han formado sobre Átala. Los que me han culpado, no han atendido más que a mis talentos, los que me han elogiado, sólo han considerado mis infortunios.

P. S. Se me informa en este instante que se acaba de descubrir en París una contra-facción de las dos primeras ediciones de Átala, y que se hacen actualmente otras muchas en Nancy y Strasburgo. Espero que el público se servirá dirigirse únicamente, para comprar esta obrita, a casa de Mygnerety a la antigua librería de Dupont.

NOTA. Este P. S. habla de las ediciones francesas, y se ha traducido

sólo en calidad de aviso a los que quieran comprar Átala en su original.

 C A R T A

Publicada en el diario de los Debates y en el Publicista

CIUDADANO: en mi obra sobre el genio del cristianismo o las bellezas poéticas y morales de la religión cristiana, se halla una sección entera consagrada a la poética del cristianismo. Esta sección se divide en tres partes, poesía, bellas-artes, y literatura, que se terminan con una cuarta, cuyo título es: Armonías de la religión, con las escenas de la naturaleza, y las pasiones del corazón humano.

Yo examino en esta parte muchos puntos que no pudieron entrar en las antecedentes, como los efectos de las ruinas góticas comparadas con otras suertes de ruinas, la situación de los monasterios en la soledad, el aspecto poético de esta religión popular, que ponía cruces en

las encrucijadas de los caminos, que colocaba imágenes de vírgenes y santos como para custodiar las fuentes y olmos viejos, que creía en los presentimientos y en las fantasmas, etc., etc. Dicha parte concluye con una anécdota extraída de mis viajes por América, y escrita bajo las chozas mismas de los salvajes, intitulada Átala, etc.; pero por haberse traspapelado algunos ensayos de esta pequeña historia, me veo obligado a imprimirla separadamente, antes de la obra principal, a fin de precaver un accidente que me podría perjudicar infinito. Si vm. quisiera, ciudadano, hacerme el favor de publicar esta carta, se lo agradecería como un servicio importante.